Tras dejar atrás su etapa como modelo, la cantante encontró su identidad artística en la música de raíz y trabaja en ella sin apuros para llegar al disco. “El repertorio no se queda quieto, es una búsqueda constante”, asegura.

“La música es un encuentro”, dice Carolina Peleritti en la Sala Argentina del CCK. La escena es de diciembre pasado, pero resuena en la actualidad. Y tiene múltiples sentidos. La música es un encuentro de energías, de personas, de vibraciones, de ideas, de coincidencias históricas. Esa idea, también, permite pensar a la música como una construcción colectiva, un diálogo infinito. “En este momento es aún más necesario encontrarse. Esa fue una fecha muy particular, porque terminaba el gobierno anterior, habían pasado pocos días de las elecciones. ¡No sabés lo que era ése CCK! Se respiraba una energía impresionante, una mezcla de alegría e incertidumbre, porque no se sabía qué iba a pasar después”, recuerda Peleritti. Aunque la música la acompaña desde muy chiquita, hace pocos años –el quiebre fue en 2009, cuando participó del Tantanakuy que organiza Jaime Torres– se aboca al oficio del canto popular. Lo suyo es, puntualmente, la canción de raíz folklórica. Por su garganta deja pasar a Atahualpa Yupanqui, Raúl Carnota, Peteco Carabajal, Duende Garnica, León Gieco y Arsenio Aguirre, entre otros. Esos nombres, claro, delatan de qué manera y con qué compromiso se toma Peleritti su faceta de cantora. “Hoy mis energías están puestas acá”, le dice a Página/12. Acompañada por su quinteto, la dama mostrará su espectáculo musical hoy a las 21 en Bebop Club, Moreno 364; con Perla Argentina Aguirre como invitada.

–¿Cómo canaliza hoy como cantora todo lo que sucedió?

–En lo personal, estoy muy empapada con todo lo que está sucediendo: Empezó a pasarme en los últimos años, quizá por la gente con la que me reúno y charlo. Eso nos lleva a darnos cuenta de todo lo que se está destruyendo, cayendo; todo lo valioso que se hizo y que ahora está cambiando y yendo a un lugar sin rumbo. Todo pasó en muy poco tiempo. Entonces, creo que cantar, hacer música y folklore, es estar navegando en un mar de fe y esperanza. Cantar te ubica en un lugar donde tenés que ponerte bien para trasmitírselo a la gente. El repertorio mismo hace que atravieses por los diferentes estados y te permite pensar lo que está pasando. Cantar hoy, en un momento en el que tal vez la gente no tiene dinero para pagar una entrada, o tiene que elegir mejor, es un desafío. Hay necesidad de juntarse, de expresarse y desahogarse. A mí me sostiene cantar, me da alegría y me permite no quedarme en mi casa sintiendo que está todo mal, aunque esté todo mal. Y a mis compañeros le pasa lo mismo. Tenemos la necesidad de decir lo que creemos, sentimos y pensamos. Es un momento de florecimiento en lo individual y en lo colectivo es un momento complejo. Poder cantar es una bendición.

Y cuando dice “compañeros” no se refiere únicamente a los músicos de su banda (Franco Carzedda percusión afrolatina, Julio Martínez saxo barítono, Diego Moller violín, Daniel Tejeda bombo y Fernando Villareal guitarra), sino también a los colegas y amigos con los que comparte un sentir común y la ayudan a abrirse camino: Lidia Borda, Teresa Parodi, Dolores Solá, Rita Cortese, Luciana Jury, Víctor Heredia, Jaime Torres, Sara Mamani, Melania Pérez y muchos otros que menciona durante la charla. “Me siento muy abrazada y respetada –dice–. Todos han empezado alguna vez algo, todos han tenido gente grande adelante y gente más pequeña atrás. Con el folklore siento que tengo identidad. Y al mismo tiempo, me siento acompañada por muchos referentes, que dejan que haga mi camino y me equivoque también. Por momentos me siento como si tuviera 20 años, como alguien que está empezando algo muy poderoso; no siento que tengo 44. La gente del folklore agradece que cantes nuestra música”.

“No fue algo rápido, sino que todo se cocina lentamente”, así define Peleritti esta nueva etapa. Se la escucha segura por el camino elegido, pero al mismo tiempo cauta, atenta y receptiva. No siente apuro, por ejemplo, para grabar un disco. Sigue buscando su sonido y sabe que ésa es una instancia que alguna vez llegará. Por lo pronto, disfruta mucho de tocar en vivo. “Todo el tiempo estoy escuchando música y tengo amigos a los que admiro que me sugieren canciones para el repertorio, como Peteco. De pronto, empieza a haber un ida y vuelta musical, un diálogo. Podés conocer muchas cosas, pero el repertorio folklórico es enorme y hay cosas que no están grabadas. Hay que probar, sentir la letra, que te conmueva lo que está diciendo. El repertorio no se queda quieto, es una búsqueda constante”, sostiene. “Tomo todo esto con mucho respeto. No hay ningún personaje, no está la actriz acá. El folklore es la música que escuchaba desde chica, fue un redescubrimiento, como encontrar una llave que llegó en un momento de madurez. La música de la infancia te lleva a lugares muy profundos”.

–Usted interpreta varias canciones de Raúl Carnota, como “Mota de coplas”, “Gatito e’ las penas” o “Grito santiagueño”. ¿Qué significa para usted Carnota?

–¡Hago cinco temas de él! Carnota me voló la cabeza cuando lo escuché por primera vez. Con Perla Aguirre vamos a hacer “Les ofrezco mi canto”, que compuso con él. Me pasa algo similar con el Chango Farías Gómez. Más allá de que siempre hay que ir a la raíz, ellos son vanguardistas del folklore y hay que escucharlos. De alguna manera, a través de ellos lográs empaparte de todo lo anterior.(Página 12‎)

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