Gracias mí audiencia por tanto afecto y compañía.....los esperamos el próximo jueves de 22 a 01.00hs parahacer el CAMINO SURERO N 369....muchas gracias!!¡!!
Mi padre tocaba el bandoneón, y eso me lleva directo a mi niñez en Argentina, a esos momentos que quedan guardados para siempre, escuchar tangos en casa era parte de la vida cotidiana, como el aire mismo, como algo natural que estaba ahí acompañando todo, y entre tantos recuerdos que vuelven, hay uno que siempre aparece con una ternura especial, mi madre tarareando algún tango mientras hacía sus cosas, casi sin darse cuenta, como si la música fuera una forma más de hablar o de sentir, y en esa mezcla de bandoneón, voces y hogar, uno entiende de dónde vienen ciertas emociones que nunca se terminan de ir, Bueno, hoy tan lejos de mi Argentina estaba triste, estaba melancólica, extrañándola, y de casualidad sintonicé esta radio a través de la web y bueno, mil perdón por extenderme en el mensaje. Les mando un gran abrazo desde Lisboa, Portugal.
Ahora que me encuentro tan solo en la vida, ya que mi compañra partio hace unos dias, vuelven a mí los recuerdos de la juventud, de aquellos tangos que me acompañaron en otros tiempos, cuando todo parecía más simple y más lleno de vida, se me mezclan las imágenes, las voces, las tardes y las noches de antaño, y esa gama de recuerdos aparece con una fuerza inesperada, como si el pasado se sentara a mi lado sin pedir permiso, y en ese repaso de lo vivido, el alma se emociona, se quiebra un poco, porque hay memorias que no pasan en silencio, se quedan, vuelven, y a veces hacen llorar.
Viví en Argentina 26 años y crecí con el tango, gracias a mis padres y mis tíos, es una música que me marcó desde siempre, porque tiene mucho sentimiento, mucha historia y una forma única de llegar al corazón, el tango para mí no es solo música, es parte de la vida, soy de Chile, pero llevo a la Argentina muy cerca del alma, amo su gente, su cultura y todo lo que me dejó ese tiempo vivido allí, que me acompaña hasta hoy.
Mamita tango y del viejo, de ese que uno escuchaba en la casa de los padres, de los abuelos, cuando la radio sonaba de fondo y todo tenía otro ritmo, y qué letras, señores, qué letras, cargadas de historia, de barrio, de vida vivida de verdad, y qué voces también, voces que no necesitaban demasiada cosa, no había edición, ni arreglos finos de estudio, era el cantor frente a la orquesta y listo, a transmitir lo que sentía, ahí estaba la esencia, cantaban con el alma, componían con lo que veían, con lo que les pasaba, con lo que dolía y lo que alegraba, por eso el tango de antes tiene ese peso especial, esa verdad que todavía hoy emociona, era otra forma de hacer música, más directa, más cruda, pero profundamente humana, gracias amigo por este bloque para nosotros los dinosaurios.
Al tango hay que escucharlo con atención para entender el mensaje.
Un cantor extraordinario, para muchos considerado uno de los grandes nombres del tango. Floréal Ruiz se destacó por una voz cálida, expresiva y de una belleza particular, capaz de transmitir emoción con una naturalidad única. Su estilo interpretativo lo convirtió en una figura muy apreciada dentro del género, dejando una huella importante en la historia del tango argentino.
Extraordinario cantor, yo escuchaba cuando era muy niña y aún deleita escucharlo y que lindo recordarlo
“El Tata” Floréal Ruiz, inconfundible voz del tango, querido y respetado por todos. Su interpretación dejó una marca profunda dentro del género, con un estilo cálido y auténtico que lo hizo reconocible al instante y muy valorado por el público y sus colegas.
La música más sana que existe y nunca se dejará de escucharla... El tango ....
QUE LINDO FUERON LOS CHISTES, LA HISTORIA Y HERMOSA MUSICA, HAY QUE PASAR MAS CHISTES
Maestro querido Monchito Merlo, qué alegría tan grande y qué orgullo tan profundo nos da este artista, que con su talento y su música nos regala momentos de felicidad y emoción que quedan en el corazón. Gracias por darnos tanta alegría a lo largo del tiempo, felicitaciones y un reconocimiento enorme a su trayectoria y a todo lo que sigue aportando a nuestra cultura.
El maestro del chamamé por siempre, Monchito Merlo, un artista que ha dejado huella en cada rincón de nuestra música, con un estilo inconfundible que emociona y hace vibrar. Amo cada uno de tus temas, porque cada acorde lleva consigo la esencia de nuestra tierra y la alegría de nuestras raíces, manteniendo vivo un legado que trasciende generaciones.
ME hace acordar a mi familia, siempre con esta música de fondo y un tinto al lado, esos momentos simples pero llenos de vida que quedan guardados para siempre… mi Chaco querido, que uno lleva adentro aunque esté lejos, porque hay cosas que no se van nunca y la música las despierta al instante.
Gracias a Dios y a la Virgen, volví a mis pagos, a La Leonesa, Chaco, escuchando a Los Chaqueché, con esa emoción tan grande de volver a las raíces, a la tierra propia, donde todo suena distinto y se siente más profundo, como si el corazón volviera a su lugar.
Fa, esta música te despierta unas ganas enormes de bailar y de tomarte un vinito, sin importar la hora, porque tiene esa alegría contagiosa que te levanta el ánimo al instante y te hace disfrutar el momento como venga.
Me encanta la música argentina siendo chileno, el chamamé es genial, tiene una fuerza y una identidad muy especial, y realmente hay muy buenos músicos que lo mantienen vivo y lo hacen llegar a distintos lugares, cruzando fronteras y demostrando lo rico que es nuestro folclore del sur.
Como correntino, viviendo ya hace muchos años acá en Buenos Aires, pero cuando escucho un chamamé, donde sea, es como si de golpe volviera a mi tierra, a mis raíces, a todo lo que me formó y me acompaña desde siempre, porque esa música tiene esa magia de llevarte sin moverte del lugar, de tocarte lo más profundo y recordarte de dónde venís.
El chamame no muere nunca, sigue vivo en cada generación que lo descubre y lo hace propio, y es muy lindo seria que a los jóvenes les vuelve a gustar lo nacional, reencontrándose con nuestra música, nuestras raíces y esa identidad que nos une como pueblo.
Qué humor tan sano y qué épocas aquellas de la radio, con los cuentos de Don Verídico y ese mundo único creado por Julio César Castro, donde cada historia nos llevaba directo al campo, al boliche, a la charla de pueblo. Cómo no recordar a Don Verídico con sus relatos “serios” que siempre terminaban en una ocurrencia imposible, al paisano que lo escuchaba entre incrédulo y resignado, al comisario metido en cada lío, al almacenero que sabía todo del pueblo y al cura que aparecía en las situaciones más insólitas. Era un humor limpio, inteligente, de esos que no necesitaban gritar para hacer reír, y que te dejaban pensando mientras te sacaban una sonrisa. Ojalá volvieran esos programas de radio, donde la imaginación hacía todo el trabajo y uno escuchaba y viajaba sin moverse del lugar.