Gracias mil a mí leal audiencia por hacerme semejante aguante todos los programas.....los espero el jueves que viene para hacer el CAMINO SURERO N 361..... Muchas Gracias...!!!
Hay épocas del tango que no se repiten, cuando las voces y las orquestas no solo interpretaban música, la vivían y Fiorentino, Ledesma y la orquesta de Sassone hicieron eso, tangos que no eran adornos, sino historia viva, fueron miembros de una generación que llevó el tango con profundidad y emoción, con voces que hoy muchos ya no recuerdan como antes, pero que sigue grabada en los discos antiguos y en quienes alguna vez bailaron o escucharon esa música de verdad.
El tango es arrabal, calle, madrugada y adoquines, y cuando suena, se siente el murmullo de los cafés y las esquinas de antaño, y aunque hoy casi nadie lo respira, cada acorde lleva la ciudad adentro.
Un tango te agarra del pecho y no te suelta. Gardel, Pugliese, Troilo… nombres que ya suenan a historia y que nuestros hijos ni conocen, escuchar tango hoy es recordar lo que el mundo moderno quiere borrar, y sentir un vacío donde antes había pasión.
Entre los tangos más recordados de Angel Vargas están clásicos como “Tres esquinas”, “Muchacho”, “Agua Florida” y “Esquinas porteñas”, temas que siguen siendo referentes del sonido porteño de aquella época, lamentablemente Vargas murió en 1959 en plena actividad, pero su legado perdura porque supo transmitir con su voz una mezcla única de nostalgia, ternura y complicidad con quienes escuchaban el tango, la verdad que fue una muy buena decision la suya Roberto al incorporar este genero a su programa.
Hay cantores cuya voz no se olvida aunque pasen las décadas, y cuando se escuchan esos tangos de Anguel Vargas, que en realidad se llamaba José Ángel Lomio, tenia esa forma tan particular de contar con la voz, hoy es historia viva de Buenos Aires, el pulso de una ciudad y un tiempo que todavía late en cada esquina donde una orquesta empuja un tango fuerte y sincero.
El tango se respira y se llora, y eso nadie debería olvidarlo.
Escuchar un tango hoy es como recibir un golpe dulce en el pecho: melancolía, pasión y memoria de un tiempo que no vuelve. Me da bronca que ya no suene en ningún lado, que los pibes no sepan quién fue Gardel, ni los grandes que hicieron latir las calles de Buenos Aires con bandoneón y voz. Es como si se borrara una parte de nuestra historia, un pedazo del corazón del pueblo que ya casi nadie reconoce.
Esta fue una época en la que el tango no solo se bailaba, se vivía como forma de sentir y de decir lo que uno llevaba adentro, y la orquesta de De Angelis, con la voz de Oscar Larroca en muchos de sus tangos, supo transmitir esa mezcla de nostalgia, fuerza y emoción que hizo que sus temas siguieran presentes mucho después de ser grabados. Para quienes valoran el tango de antes, esa música sigue siendo algo que no se olvida fácil, porque estuvo ligada al pulso cotidiano de la gente que lo escuchaba y lo bailaba con ganas y corazón.
Pastor Luna fue de esos que su acordeón no solo hacía bailar, sino que abrazaba, emocionaba y unía a la gente, y cuando uno piensa en chamamé, también piensa en él — no solo por los discos o los premios, sino porque su voz quedó en la memoria de quienes disfrutaron de su arte de verdad.
Cada acordeón suyo era un pedacito de Santiago del Estero que llegaba al alma. La música que dejó sigue latiendo en cada fiesta y en cada corazón que baila.
NORMA QUE INTERESANTE LA HISTORIA DE HOY, FELICITACIONES POR LAS HERMOSAS HISTORIAS DE TODOS LOS JUEVES
Hay conjuntos que no sólo tocan chamame, construyen un puente entre generaciones. Ivotí fue de esos, no inventó el chamamé, pero sí lo hizo resonar con fuerza en cada plaza o fiesta donde pasó, llevando un ritmo que muchos sienten como propio, y dejaron una huella que sigue viva en quienes disfrutaron sus temas, porque su sonido fue más música —fue la manera en que muchos aprendimos a sentir el chamamé.
Escuchar a Ivoti es como volver a un baile de pueblo todos juntos, la familia, los amigos, el chamamé corriendo por las venas.
Cuando entra un buen chamamé a tus oidos, parece que el corazón marca el ritmo solo, es una música que te abraza sin pedir permiso.
Hay quienes dicen que el chamamé no se aprende, se hereda, es una música que parece venir de antes, como si ya la llevaras adentro.
Apenas suena el acordeón y ya te cambia el ánimo, te lleva lejos sin moverte del lugar.
El chamamé tiene eso que no se explica, arranca suave y de golpe te aprieta el pecho, como si te trajera recuerdos que ni sabías que tenías.
En fiestas tradicionalistas, encuentros gauchos y eventos culturales hoy todavia se realizan demostraciones coreografiadas, donde se muestran técnicas antiguas pero sin intención de lastimar.
La esgrima criolla fue una forma tradicional de combate con cuchillo practicada por los gauchos en Argentina y Uruguay durante los siglos XVIII y XIX. No era un deporte como la esgrima europea, sino un enfrentamiento real, muchas veces por honor. Se usaba el facón y el poncho enrollado en el brazo como defensa. Más que matar, muchas veces el objetivo era demostrar destreza y valentía. Forma parte de la cultura gauchesca y quedó inmortalizada en obras como Martín Fierro de José Hernández.
No muchos lograron que sus temas se vuelvan parte del recuerdo de la gente; los suyos quedaron marcados a fuego en varias generaciones.
Muchos cantores pasan, pero pocos dejan canciones que la gente hoy aun sigue tarareando sin darse cuenta. Carlos Torres Vila fue uno de esos, el hombre que puso voz a zambas y temas como “Zamba para olvidarte”, “Amor de pobre” o “Te propongo”, que todavía viven en la memoria de un país que alguna vez los cantó con el corazón.
Hay voces que fueron gigantes en su tiempo y hoy casi no se nombran. La de Carlos Torres Vila fue una de esas: una voz que supo acompañar amores, despedidas y noches enteras de recuerdos. Y aunque ya no suene como antes en los medios, quedó grabada en la memoria de quienes lo escucharon de verdad.
Qué manera de dejar melodias que se pegaron al alma… de esas que uno escuchó mil veces y siguen sonando como la primera vez.
— Cuando suena ese estilo tan criollo, uno siente como si el campo mismo hablara: viento entre los alambrados, fogón encendido y un corazón que late libre, sin rienda.
Querido Roberto toda esta música que trae a su programa tiene olor a tierra húmeda y a camino largo, y es como si alguien la hubiera escrito mirando el horizonte sin apuro, que capo es usted Roberd.....
Esta música no tiene edad, qué musica para viejos ni musica para viejos. Esto es pura enseñanza.
Hay estilos que no buscan impresionar, sino contar historias de tierra adentro, de caminos polvorientos y sentimientos sinceros. Esta música que mantiene vivas las tradiciones y transmite identidad sin necesidad de levantar la voz.
Miren, hay nombres que no andan en los carteles ni en los grandes escenarios, pero viven en la memoria de la gente sencilla. Jorge Alberto Socodato es uno de esos de los que caminaron calladito, dejando huella sin hacer ruido. Fue de esos hombres bien criollos, de los que sienten la patria en serio, con respeto por las tradiciones, por la palabra dada y por el sentir popular, y no fue figura de moda ni buscó aplausos fáciles, más bien representó ese tipo de argentino que sostiene la identidad desde abajo, desde lo cotidiano, y por eso mismo, su recuerdo tiene otro valor, no es el del brillo pasajero, sino el de la raíz, por que hay hombres que no pasan por la historia haciendo ruido, pasan sembrando, y ésos son los que, aunque el tiempo corra, nunca se terminan de ir.
Jorge Alberto Socodato no hizo de su vida un espectáculo, sino una marca silenciosa.
Lo q genera el programa en la audiencia !!!! Que laburo y lucha silenciosa haces querido Tuma. A veces hablo en serio... jaja abrazo
Horacio Guarany no fue moda… fue verdad. Y la verdad nunca se apaga.
Mucha razon, se fue el hombre, pero quedó la huella, y hay huellas que no las tapa el tiempo ni la muerte, son las que marcan el camino de un pueblo entero.
Es asi como dicen, el Potro ya no está, pero dejó algo más fuerte que el aplauso: dejó identidad a un pueblo.
Da bronca pensar que Horacio Guaraní ya es historia pura, raíz profunda del pueblo, de esas que sostienen la identidad sin pedir nada a cambio. Fue voz, fue coraje, fue verdad sin maquillaje. Y sin embargo, pasa el tiempo y a los que antes lo buscaban cuando llenaba escenarios y movía multitudes, hoy casi no se los ve ni acercarse a dejarle una flor. Como tantas veces, el pueblo lo sigue sintiendo pero el ruido del presente parece haberlo querido callar.
Hay voces que nacen en una época y hay otras que se vuelven eternas, y la de Horacio es de esas que no se apagan nunca, ya que sus canciones atravesaron el dolor, el exilio y la distancia, pero jamás perdieron la raíz ni el amor por su tierra, y aunque el tiempo pase, todavía hoy los argentinos seguimos tarareando esas letras que hablan de pueblo, de injusticias, de esperanza y de identidad, por que cuando un cantor canta verdades, no se va nunca, se queda viviendo en la memoria de su gente.
Dicen que algunos artistas pasan, pero el Potro no pasó, se quedó clavado en el alma del pueblo. Fue voz firme, fue coraje, y aunque hoy ya no suene en las radios, hay recuerdos que nunca se apagan.
Horacio fue mucho más que un cantor popular, fue una voz que representó a los que nunca tenían micrófono, un tipo que cantaba con el pecho abierto, sin suavizar lo que dolía, diciendo de frente lo que muchos pensaban y no se animaban a decir, y para el pueblo argentino fue eso, un símbolo de coraje, de identidad y de memoria, un artista que no buscaba quedar bien sino ser fiel a su gente, por eso sus canciones no son solo música, son parte de la historia viva del país, y lel cantor no va a callar por mas que no lo recuerden.
Horacio tenia esa forma de decir sus temas que parecía un trueno en medio del campo áspero, profundo, pero lleno de sentimiento. Cuando largaba un verso, no era música nomás: era historia, era lucha y era patria latiendo.
Hay voces que no se aprenden en ninguna escuela, nacen solas, como yuyo después de la lluvia, y cuando ese canto levanta, tiene algo de relincho bravo y de monte abierto que te sacude el pecho.
El Potro no cantaban bajito ni para quedar bien, cantaba como quien clava una estaca en la tierra fuerte, con bronca y con verdad. De los que ponían el pecho y la voz por el pueblo sin pedir permiso.
COMO URUGUAYO QUE SOY AMO EL FOLKLORE, Y A EL QUE LE GUSTE EL FOLKLORE NO PUEDE DEJAR DE ESCUCHAR ESTE MAESTRO, A ESTE ARTISTA SOLO HAY UNA FORMA DE ESCUCHARLO Y ES CALLADO LA BOCA Y CON LA BOCA ABIERTA
El mundo entero debería apreciar a este valioso poeta. Argentina siempre será digna de elogio.
Hay cantores que no dicen ni provocan nada… y después están los que se plantan como Carlos Ramon Fernandez, que no adorna la realidad ni la disfrazan de poesía linda, sino que la dice como es, cruda y sin permiso, ya no quedan hombres de palabra firme, que prefieren incomodar antes que callarse, porque no canta para gustar, canta para que no se olviden las verdades.
El chacarero molesta, por eso no lo invitan, pero también por eso el paisano lo siente tan propio.
Por eso el chacarero nunca fue cómodos para los grandes festivales: porque sus canciones no son para aplaudir nomás, son para pensar.
Hay voces que no se domestican, y por eso mismo muchas veces quedan afuera de los grandes escenarios. Cuando uno escucha esas canciones bien criollas, directas, sin vueltas, entiende por qué nunca encajaron en ciertos festivales donde manda más el negocio que la verdad. Es la palabra de un hombre del campo, de los pocos que siguen defendiendo el folclore viejo, el que habla del trabajo, de las injusticias y de la vida real del paisano. Un cantor que eligió mantenerse firme antes que adaptarse. Y quizás por eso mismo sigue siendo respetado, porque nunca dejó de cantar lo que muchos prefieren callar.
Grande genio me encanta ❣️ saludos desde Córdoba
Mi viejo era campero de ley, y era fanatico de Carlos Ramon Fernandez, el murio hace unos 4 meses, y al escuchar esto lo recuerdo Gracias por haberme enseñado valores, que orgullo haberte tenido como papá
Echacarero no negocia lo que dice ni suavizan las verdades.