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10/01/2026

El día que un tornado destruyó un barrio entero de Santa Fe en dos minutos: “Estuve sepultada viva debajo de metros de escombros”

Fuente: telam

Sucedió el 10 de enero de 1973 en San Justo, una pequeña ciudad santafesina. Mató al menos 80 personas y dejó 600 heridos. Es considerada la mayor tragedia meteorológica de Sudamérica. Tres sobrevivientes lo recuerdan

>Aunque pasaron 53 años, el recuerdo sigue vivo. María del Huerto (81), docente jubilada y directora de un Coro Municipal de Adultos Mayores, dice que es una historia que la ha sellado. Que esa sensación de calor sofocante, humedad y baja presión que envolvió a la localidad santafesina de San Justo la tarde del 10 de enero de 1973 permanecerá en ella para siempre. Que el terror provocado por Liliana Sacco (70), sobreviviente como María de una de las mayores tragedias meteorológicas de la historia argentina, explica que durante años, cada vez que comenzaba a soplar el viento se ponía de pie junto a la ventana y repetía “Que llueva, que llueva”, como un mantra. “En una oportunidad alguien me dijo que la lluvia aplastaba el viento. Y fue tanta la ferocidad que tuvo el viento en ese tornado, y tantos los recuerdos que se vuelven a revivir cuando él sopla, que yo solo pedía que lloviese”, cuenta.

El caos que dejó el tornado sigue siendo difícil de medir. A más de cinco décadas, no existe una cifra definitiva de víctimas fatales: el registro oficial habla de 65 muertos, pero distintas investigaciones —que incluyen fallecimientos ocurridos días después y fuera de la ciudad— elevan ese número a al menos 80. Unas 600 personas resultaron heridas, alrededor de 500 viviendas fueron destruidas y cerca de 2.000 vecinos quedaron directamente afectados por el desastre.

Carlos Chazarretta (80), que tenía 27 años cuando sucedió aquella tragedia, vivía a pocas cuadras del bulevar Roque Sáenz Peña, el corredor más castigado. Compartía la vivienda con su madre, su esposa, Esther Grosso, y sus dos hijas Mónica y María Alejandra, de 3 años y 9 meses respectivamente. A la mayor de las niñas la mató el tornado. Murió con el chupete en su boca, presumiblemente por asfixia, porque los forenses no encontraron ni un hueso fracturado.

La beba de nueve meses fue rescatada con vida y trasladada a un sanatorio, donde vecinos le compraron ropa y alimentos. En medio del caos, un hombre intentó llevársela para adoptarla. Chazarretta cuenta que pudo recuperarla esa misma noche, después de que le pidieran pruebas de que era su padre. “La confusión era total: había gente perdida, desnuda, con brazos y piernas mutiladas, sin saber hacia dónde ir”, recuerda.

El tornado arrasó con unas 35 manzanas. Entró de norte a sur en un borde de la ciudad, sobre la ruta nacional 11 y en dos minutos desintegró un barrio entero de San Justo. Hay quienes creen que lo atrajo el calor que irradiaba la cinta asfáltica y que por eso luego entró por el Boulevard Roque Sáenz Peña.

El cortometraje Vorágine, que se estrenó para el 42° aniversario de la tragedia, incluye un reportaje al exjefe de la estación meteorológica del Servicio Meteorológico Nacional de San Justo, quien reconstruye el instante exacto en que se desató el fenómeno. “A las 13.55 vimos una nube que avanzaba de noroeste a sudeste sobre un cielo limpio. Al mismo tiempo, otra nube de un color rosado venía del sur. Cuando se encontraron, en rumbo contrario, se produjo el tornado. Por la velocidad de rotación se generó el vacío. Eso explica que un camión se levantara, que un tractor se elevara o que un mosaico se despegara del suelo”, explicó Efrain Angeloni.

Costó mucho que los habitantes de San Justo pudieran hablar de lo que pasó aquella tarde de 1973. Décadas. Liliana Sacco estuvo 40 años sin mencionar el tornado. “No podía poner en palabras lo sucedido. No fui capaz de conversarlo ni con mi mamá ni con mis hermanas. Mucho menos con mis hijas: jamás les conté lo que había pasado”, dice. Creía que callar era una forma de proteger a quienes la rodeaban: “Sentía que si hablaba iba remover una herida profunda”.

Ese 10 de enero Sacco tenía 17 años y estaba acostada en su habitación, “entredormida”, cuando escuchó un ruido “enloquecedor”, como de mil trenes descarriados a máxima velocidad. Vio temblar todo y se refugió al lado de un ropero. “Pareció como que una mano invisible arrancó la puerta del mueble, que salió volando”, recuerda.

Unos minutos más tarde la lluvia sobre su cara la despertó: estaba atrapada debajo de ladrillos y trozos de mampostería. Una viga le aplastaba el pecho, le dolía y le costaba respirar. No podía gritar para pedir ayuda pero escuchaba a personas caminarle por encima. No se le veía la cara porque otra viga se la cubría. Afortunadamente, había frenado su caída a milímetros de su cráneo. Gracias al aviso de una de sus hermanas, los vecinos la hallaron más tarde, envuelta en lodo y con el cuerpo lastimado.

La familia Sacco vivía en la esquina de Independencia y Gobernador Roque Sáenz Peña, una de las manzanas donde se resgistraron más muertes. La casa de Liliana lindaba con la de Carlos Chazarretta y Esther Grosso. “Éramos vecinos. Mónica, su hijita de tres años, era alguien a quien amaba de manera incondicional; prácticamente vivía en mi casa”, recuerda.

En medio de ese escenario, su madre enfermó gravemente. “Terminó con una hepatitis y estuvo internada en Santa Fe casi cuarenta días. No sé cómo se salvó”, dice. Durante ese tiempo, vivieron de la solidaridad ajena: “Hacíamos filas para recibir comida y alimentos no perecederos y nos vestíamos con ropa usada”.

En el barrio que rodea el bulevar Roque Sáenz Peña casi nadie salió ileso. Muchas familias perdieron todo y tuvieron que empezar de cero. Pero las secuelas no fueron solo materiales. “Hay muchas personas que quedaron mal psicológicamente”, dice María del Huerto.

De esa experiencia extrema nació una filosofía de vida: “Me gusta pensar en esto como un trampolín para saltar a la vida. Desde que pasó, celebro desde una puesta de sol, hasta un amanecer o el canto de un pájaro. Cuando estás vivo, aunque estés mal, ya es motivo suficiente para seguir adelante. Si tenés familia y amigos, lo demás viene por añadidura”, dice Liliana.

Este sábado 10 de enero se cumple el 53° aniversario del tornado, el más feroz del hemisferio sur. Como sucede desde hace más de cinco décadas habrá una misa para recordar a las víctimas. “Hay que rezar por las almas que ya no están y por los familiares, porque han sufrido muchísimo. Lo material se recupera, pero las vidas no”, dice María.

Fuente: telam

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