Sábado 10 de Enero de 2026

Hoy es Sábado 10 de Enero de 2026 y son las 20:44 - Estas escuchando LA FOLK ARGENTINA la radio del folklore desde Tigre Bs As Argentina / mail:[email protected] / twitter:@lafolkargentina / fan page:radio la folk

10/01/2026

Ateísmo y agnosticismo: una reflexión sobre dos conceptos similares pero diferentes que cuestiona los límites del conocimiento

Fuente: telam

En un mundo que cambia a un ritmo vertiginoso, en el que las certezas se desvanecen y las creencias falaces abundan, revisar estas corrientes no es mera curiosidad intelectual: es un espejo que nos obliga a pensar en qué creemos y por qué

>A menudo hablamos de ateísmo y agnosticismo como si fueran lo mismo. Como si no existiera diferencia entre quienes niegan la existencia de Dios y quienes simplemente dudan. Pero la verdad es que esa diferencia, aunque sutil, es fundamental. No solo para la religión, sino para todo lo que tenga que ver con la trascendencia y los grandes misterios de la existencia. Vivimos en una época de cambios vertiginosos, en la que creer de verdad se vuelve cada vez más difícil, y al mismo tiempo rendirse a falsos ídolos, a creencias ligeras o a promesas vacías resulta demasiado sencillo. En ese contexto, hablar de la fe —o de su ausencia— deja de ser una cuestión abstracta y se vuelve emblemático, casi urgente.

En palabras concretas: un ateo firme dice “sé que Dios no existe”; un ateo débil se limita a señalar: “no tengo pruebas para creer en Dios”. Aquí es donde aparece el agnosticismo, que a menudo se confunde con el ateísmo débil. El agnóstico no niega ni afirma; suspende el juicio. Considera que el conocimiento de lo divino está fuera del alcance humano. Como resumió Thomas Henry Huxley, el biólogo que acuñó el término en 1869: “Un hombre no debería profesar saber o creer aquello para lo cual no tiene ninguna razón científica para profesar saber o creer”. El agnosticismo, entonces, es humildad intelectual. Frente a los misterios de la existencia, el agnóstico reconoce los límites del conocimiento. Frente a la fe, su postura es casi espejo: mientras el creyente confía sin evidencia, el agnóstico no puede. No por obstinación, sino por falta de fundamentos demostrables.

Existen otras posturas que conviven con el ateísmo y el agnosticismo. El teísmo, como en el cristianismo, sostiene que Dios existe como un ser personal, creador y activo en el mundo, que se revela y se encarna por amor a la humanidad. El deísmo, en cambio, reconoce a Dios como creador, pero distante, indiferente a la vida humana. Y el panteísmo, frecuente en religiones orientales como el hinduismo o el budismo, identifica a Dios con la realidad misma: todo es divino, y Dios está en todo.

El agnosticismo, sin embargo, tiene raíces mucho más antiguas. En la Grecia clásica, Protágoras y otros escépticos sostenían que todo conocimiento humano es imperfecto y sujeto a duda. Demócrito, fundador del atomismo, buscó explicar el mundo mediante causas materiales, sin recurrir a los dioses. No los negó explícitamente, pero los consideraba conceptos humanos más que realidades divinas. Esta visión fue duramente criticada en Occidente. San Agustín de Hipona, por ejemplo, rechazó el escepticismo de los filósofos platónicos tardíos, argumentando que la razón, guiada por la fe, podía conducir al conocimiento auténtico de Dios. La fe no era un salto ciego, sino un camino hacia la verdad. Siglos después, filósofos como Immanuel Kant plantearon que la razón humana no puede confirmar ni negar “lo absoluto”, dejando espacio para la duda.

El agnosticismo metafísico va un paso más allá: no solo duda de Dios, sino de cualquier certeza última sobre la existencia, la conciencia y el sentido de la vida. Reconoce que los límites del conocimiento humano impiden comprender verdades trascendentales. Aquí converge con el agnosticismo religioso: ambos privilegian el pensamiento racional, escéptico, consciente de la finitud humana. Ambos suspenden el juicio cuando no hay evidencia. En los últimos años, el debate se ha intensificado por la explosión de información y la globalización de las ideas. Internet y las redes sociales permiten que convivan creencias ancestrales con teorías conspirativas, pseudociencia y nuevos movimientos espirituales. La línea entre fe, duda y certeza se vuelve más difusa. Entre los jóvenes, se observa un fenómeno curioso: muchos se declaran agnósticos como un acto de honestidad intelectual, pero buscan rituales, meditación o prácticas que tradicionalmente eran religiosas. Buscan lo sagrado, pero sin dogma ni intermediarios.

En definitiva, la línea que separa ateísmo, agnosticismo y otras formas de espiritualidad es fina, pero crucial. Mientras el ateo se pronuncia por la inexistencia, el agnóstico calla, duda y espera evidencia. El creyente, en cambio, confía. Y entre esas posturas, la historia del pensamiento humano ha desarrollado una rica tradición de cuestionamientos, reflexión y confrontación con los límites del conocimiento.

Fuente: telam

Compartir