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02/02/2026

Estados Unidos y América Latina en el nuevo orden global

Fuente: telam

El regreso de Washington como actor central en el hemisferio y la apuesta por el nearshoring dominan la agenda y marcan el tono de las discusiones sobre el futuro regional

>El pasado 28 y 29 de enero en la Ciudad de Panamá, el Adam Smith Center for Economic Freedom copatrocinó un importante encuentro convocado por CAF, Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, que reunió a siete jefes de Estado, delegaciones de más de 40 países, y miles de empresarios y expertos en los temas de mayor relevancia para nuestro hemisferio. Me refiero al Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe 2026, cuya agenda estuvo organizada en torno a una pregunta central: ¿Cómo posicionar a la región en el escenario global?

Estamos nuevamente ante un mundo bipolar. Vivimos una era de rivalidad y competencia estratégica entre dos superpotencias: Estados Unidos y China. Sin embargo, este no es un conflicto como la Guerra Fría que dominó al mundo por casi medio siglo. Ya no es sólo el poder militar el factor determinante. Se trata de una competencia de naturaleza distinta, con factores económicos, tecnológicos, comerciales, financieros, geopolíticos y culturales, entre otros, como elementos críticos. El resto del mundo, incluida nuestra región, se mueve inevitablemente en función de esa disputa, lo quiera o no.

¿Cómo encaja América Latina y el Caribe en este nuevo orden global? Las categorías tradicionales de derecha e izquierda simplifican la realidad de una manera artificial e imperfecta, pero siguen siendo útiles para comprender ciertas dinámicas. Si observamos el mapa político de la región a lo largo de las dos décadas más recientes, vemos una característica persistente: el péndulo político sigue funcionando. En ese vaivén, la derecha está ganando terreno en estos momentos, lo que refleja un cambio relevante en el liderazgo de América Latina y hace que el panorama de la región esté en mejor sintonía con el factor que ha redefinido el escenario internacional: el regreso del Presidente Donald J. Trump a la Casa Blanca. Su retorno no es solo un hecho político; es un cambio estructural en la forma en que Estados Unidos se relaciona con el mundo.

En ese contexto, surge una pregunta clave: ¿cómo afecta esto a la América Latina y qué espacio le deja? La respuesta es clara: no pueden existir espacios vacíos. El espacio que no se ocupa, se pierde. A diferencia de la Guerra Fría, cuando algunos países podían darse el lujo de no alinearse formalmente, hoy esa opción ha desaparecido. Guardar silencio o no tomar posición ya no es viable. Para Trump, además, la lógica es simple: “si no estás conmigo, estás contra mí”.

¿Cuáles son los intereses estratégicos de Estados Unidos en América Latina y el Caribe? Son múltiples. Primero, la región es parte central de la competencia global con China. Es así como el interés de Estados Unidos se puede entender, en gran parte, en este contexto geopolítico. Estados Unidos ya no puede darse el lujo de ignorar a su propio vecindario; lo hizo por mucho tiempo y el resultado fue que China se convirtió en el principal socio comercial de gran parte del continente y el segundo de la región en general (y el de mayor crecimiento). La administración Trump va a hacer todo lo que esté a su alcance para cambiar esta dinámica.

Tercero, el combate al narcotráfico y al crimen organizado, un factor clave en la decisión de extraer al dictador en Venezuela. El gobierno de Estados Unidos va a ir con todo en la lucha contra ese mal que afecta a nuestros pueblos y no va a parar hasta lograr una reducción dramática en esas actividades ilícitas. Esto beneficiará no solo a Estados Unidos sino también a todos los países del hemisferio, muchos de los cuales han cedido el control de parte de su territorio y soberanía a organizaciones y redes criminales transnacionales.

Quinto, el acceso a recursos naturales críticos: energía, minerales estratégicos, alimentos y mucho más, no solo para ser utilizados en Estados Unidos, sino también para evitar que beneficien a sus adversarios. Basta recordar que casi el 80% del petróleo de Venezuela se exportaba a China.

Este nuevo orden global no es ideológico, es pragmático. Así lo afirma sin ambigüedades la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos: “Recompensaremos y alentaremos a los gobiernos, partidos políticos y movimientos de la región que estén ampliamente alineados con nuestros principios y estrategia. Pero no debemos pasar por alto a aquellos gobiernos con visiones distintas con los que, aun así, compartimos intereses y que desean trabajar con nosotros.” En otras palabras, Estados Unidos está dispuesto a trabajar con cualquier gobierno, independientemente de su ideología, si ello resulta conveniente para sus intereses nacionales.

Este nuevo escenario global presenta grandes desafíos, pero también enormes oportunidades. Es el momento de que la región tome decisiones acertadas sobre quién ha de ser su socio estratégico preferencial (en todos los sentidos: militar, político, comercial y cultural) y que hable con una voz clara, contundente y coherente a favor de esas decisiones. Solo así podrá explotar su inmenso potencial. La opción es clara, y en este mundo, la claridad estratégica es una ventaja competitiva.

*El autor es empresario, estratega político y de políticas públicas y ex alto funcionario gubernamental. Es el Director Fundador del Centro Adam Smith para la Libertad Económica de la Florida International University.

Fuente: telam

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