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21/03/2026

El viajero argentino que recorrió la "Miami de Europa", un balneario de lujo convertido en una ciudad fantasma desde hace 50 años

Fuente: telam

Gabriel Pérez Cortez lleva dos años viajando por Europa en bicicleta. Su objetivo es completar todos los países de esa región. Cómo fue su paso por esta localidad de Chipre que sufrió el éxodo de sus pobladores en 1974 tras la ocupación turca

Un ciclista argentino pedalea solo por una avenida desierta, rodeado de edificios en ruinas y hoteles destruidos. La imagen no pertenece a una escena de ciencia ficción apocalíptica. Se trata del paso por Varosha, en Chipre de Gabriel Pérez Cortez. Este suburbio de Famagusta fue alguna vez fue el destino turístico más exclusivo del Mediterráneo oriental. Hoy se convirtió�en una ciudad abandonada, ideal para las expediciones urbanas.

"Desde el año pasado lo abrieron para visitas turísticas y lo visité como parte del viaje que estoy haciendo por todos los países de Europa", explica Gabriel en diálogo con Infobae desde su carpa instalada en alguna ruta perdida de Turquía.

Antes de 1974, la zona era sinónimo de lujo. Hoteles de cinco estrellas, discotecas repletas y más de dos kilómetros de playa que atraían a celebridades internacionales. Todo terminó en julio de ese año por la invasión turca de Chipre que forzó a 39.000 habitantes a huir en cuestión de horas. Desde entonces, la ciudad quedó cercada, vacía, bajo control militar y convertida en una "ciudad fantasma".

Por intervención de la comunidad internacional, Chipre fue dividido en dos mediante una "Línea Verde". Famagusta quedó partida: la parte norte, ocupada por fuerzas turcas, y la parte sur, aun bajo control de la República de Chipre. "Hay una parte, que está cercada con vallas y alambres de púas a la que no te podés acercar. Allí se ve la presencia militar turca", explica Pérez Cortez.

Casi medio siglo después, el anuncio de una reapertura parcial transformó Varosha en un imán para el llamado "turismo de exploración urbex". Los visitantes caminan entre fachadas corroídas y ventanales rotos, atraídos tanto por la belleza del mar como por la decadencia de lo que alguna vez fue un símbolo de prosperidad chipriota. Las playas volvieron a recibir bañistas, pero el contraste con los edificios en ruinas es inevitable.

Gabriel caminó, cámara en mano, entre los negocios y edificios abandonados de la ciudad balnearia. "Se puede ver desde un banco destruido, una concesionaria de autos y hasta un hotel lujoso cerrado. Todo parece como una película de terror. Da la sensación que en cualquier momento te pueden atacar los zombis", se sonríe el viajero cuando lo cuenta.

El viaje de Gabriel empezó hace casi dos años. En el 2024, el joven decidió dejar su emprendimiento gastronómico en Barcelona para largarse a las rutas. "Primero pensé en hacerlo caminando, pero cuando vi que en bicicleta no tenía que llevar la carga en la espalda me decidí por pedalear", cuenta el joven.

Pérez Cortez había emigrado a España a los 18 años para estudiar gastronomía. "Con mi hermano tuvimos emprendimientos en la ciudad - explica el ciclista viajero-. En un momento me cansé y decidí dejar todo".

La primera meta que se puso es recorrer todos los países de Europa. Por ahora le faltan las islas de Gran Bretaña e Islandia. Esta parte del viaje la cumplirá en los próximos meses, antes de que termine el 2026.

Hasta el comienzo de su viaje, Gabriel no tenía experiencia con la bicicleta en las rutas. Se tuvo que adaptar al viento, al paso de los autos y camiones muy cerca de su cuerpo y las distancias largas.

"La primera jornada salí de Barcelona y tenía que hacer 120 kilómetros hasta un pueblo - recuerda Gabriel-. Ya tenía el alojamiento reservado por una app que comparten viajeros. Esa primera noche no me animé a dormir en la carpa".

Sin embargo, ese comienzo no fue fácil. Hasta ese día, Gabriel hacía muchos años que no se subía a una bicicleta. "Recuerdo usarla en la infancia y nada más", explica. El joven tampoco sabía nada de mecánica. "Fui aprendiendo a medida que surgían los problemas en el viaje", admite.

Su bicicleta carga unos 60 kilos, entre la carpa, la ropa y los elementos para la cocina y una reserva de agua. "Casi siempre tengo unos siete litros de agua que llevo. Son indispensables cuando hay noches que paro en medio de la nada en alguna ruta a dormir", sostiene Gabriel.

El viaje continuó, ya lleva casi dos años, y Gabriel se las arregló con las primeras pinchaduras y hasta un cambio de la cadena de la bici con la colaboración de un mecánico de Letonia cuando cumplió los 8.000 kilómetros de viaje. "Yo no tenía ni idea, pero el especialista me advirtió del riesgo de tener un accidente si se me cortaba la cadena en la ruta."

Durante el viaje, Gabriel asegura que no se enfermó. Ni una gripe tuve", sostiene convencido. Tampoco vivió episodios de violencia ni estuvo en peligro. "La bicicleta tiene algo que genera empatía en general. Es un poco el recuerdo de la infancia de casi todas las personas - explica Pérez Cortez-. Te abren las puertas de sus casas , directamente."

Gabriel lleva siempre flameando en su bicicleta una pequeña bandera de Argentina. "Fue una locura cuando recorrí Italia como me saludaban todos. Nos quieren mucho en ese país. Cuando estuve en Nápoles todos me recordaban a Maradona. Un clásico ya", cuenta el joven.

Pérez Cortez tiene como desafío hacer un amigo en cada una de las ciudades o pueblos que visita. "Vengo cumpliendo con esa premisa. Siempre se me abren todas las puertas. Por ejemplo, recuerdo u hombre que regaba las plantas y le pedí un poco de agua para llenar mi botella. Y enseguida entró a su casa y me trajo agua fresca de la heladera", afirma el ciclista.

El ciclista ya tiene naturalizado estar arriba de la bicicleta. "Me sale más fácil pedalear que caminar", se ríe Gabriel mientras lo cuenta. Mientras viaja con sus 60 kilos de equipaje a cuestas y la bandera argentina que flamea, Gabriel tiene muchos espacios para la introspección. "Mientras voy atento a la ruta, pienso mucho en mi pasado. En ir sanando y cerrando esos problemas - revela Pérez Cortez-. También pienso en el futuro. �Hasta cuándo voy a seguir en las rutas?"

Gabriel piensa terminar su periplo por Europa en octubre de este año. "Quiero volver a Buenos Aires para el cumpleaños de mi mamá. Y también pasar en Argentina las fiestas de fin de año", explica. En el 2027, piensa arrancar a recorrer América desde Ushuaia hasta Alaska. El siguiente paso, sería Asia. "Espero que las cosas estén más tranquilas en Medio Oriente para cuando llegue esa etapa", sostiene. Y por último Oceanía y África.

Gabriel suele levantarse temprano y después de un desayuno contundente pedalea la mayor cantidad de kilómetros durante las mañanas. "Paro a comer y a descansar un rato y a la tarde ya me dejo pocos kilómetros. Cerca de las 16 llego a mi destino planeado para ese día a descansar y editar los videos para mi redes sociales", relata el joven.

De su paso por Varosha, Gabriel recuerda esos esqueletos vacíos que más de 50 años atrás estaban poblados de movimiento. "Es muy loco porque es una ciudad balnearia muy top con hoteles y negocios de lujo que parecen abandonados. Quizás esa sea, la imagen que tengan los sobrevivientes de una Tercera Guerra Nuclear.

Fuente: telam

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