12/04/2026
"�Aquà Flan Bon!": la historia del payaso inglés que cambió el circo, repartió chocolates e hizo reÃr a generaciones de porteños
Fuente: telam
Su nombre era Frank Brown, pero los chicos lo pronunciaban Flan Bon y lo reconocÃan por su ceja levantada. Radicado en la Argentina, creó un circo que se volvió antológico por la calidad de sus puestas, en las que combinaba espectacularidad, peligro, destreza y arrojo. Fue el deleite de los porteños y hasta sufrió ataques por permitir la entrada gratuita a niños humildes. La historia de un payaso que hacÃa mucho más que reÃr
El anciano payaso inglés vivÃa de sus recuerdos en una sencilla casa de Enrique MartÃnez al 800, en el barrio de Colegiales. CompartÃa su retiro con su esposa Rosita y con Jim, un perro de raza aerdale, "mi mejor amigo", afirmaba. Le brotaban las lágrimas cuando recordaba la alegrÃa de los niños en sus espectáculos de circo, en tanto contemplaba ese museo casero de recuerdos que habÃa armado en un pequeño cuarto de la casa, en el que cada objeto atesoraba una pequeña historia de su vida dedicada a la alegrÃa y al espectáculo.
Frank Brown �para muchos uno de los mejores payasos de todos los tiempos- habÃa nacido el 6 de septiembre de 1858 en Brighton, una ciudad costera a 85 kilómetros al sur de Londres. Su padre Henry, un payaso y bufón, lo inició en la vida de circo. Y fue en el Mandley, donde hizo de todo y aprendió a fuerza de caÃdas y golpes, los secretos de la acrobacia y del salto mortal. También se involucró en la equitación, el equilibrio, la danza y el trapecio. Además se hizo especialista en el arte de amaestrar caballos y perros.
Su intención fue la de armar espectáculos circenses con las ideas aplicadas por su compatriota Philip Astley, quien a fin del siglo XVIII marcó el camino de lo que serÃa el circo en las décadas siguientes: funciones que incluÃan acrobacias, animales, payasos y música.
Junto con la compañÃa de Gaetano Ciniselli ya habÃa hecho una gira por Europa, Estados Unidos y Centroamérica. En 1879 llegó a Buenos Aires con el circo de los hermanos Carlo. Creyó que serÃa un puerto más, sin embargo, terminarÃa quedándose toda la vida.
Fue innovador y sorprendÃa con sus números. HacÃa el salto sobre 30 soldados con bayoneta calada, distribuidos en 12 metros de largo. En el medio de la prueba, los soldados disparaban sus fusiles. Luego de culminarla con éxito, irónicamente admitió que ese acto nunca lo habÃa ensayado porque si salÃa mal se hubiese perdido la función. También hacÃa el doble salto mortal sobre una docena de caballos y una pirámide humana de cinco hombres. "TenÃa la sensación de que volaba", describió.
En 1888 creó su propia compañÃa y sumó a los populares hermanos Podestá, quienes lo acompañaron durante un par de años. Actuó en el San MartÃn, su teatro preferido, ubicado en la calle Esmeralda. También trabajó en el Politeama Argentino.
Un periodista de la revista Caras y Caretas, que asistió a una función en 1899, escribió: "ImagÃnese el limbo hecho manicomio y tendrá una idea aproximada de aquella algazara, de aquel estrépito, de aquella griterÃa y de aquel manoteo general en seguimiento de los confites, en el aire cazados apenas salidos de las manos de Frank Brown. �Flan Bon! �Flan Bon!" Asà lo llamaban los chicos, adoptando como nombre la fonética de su pronunciación británica.
LucÃa un atuendo de raso blanco, colmado de lentejuelas y otras veces salÃa a la pista vestido a la usanza de los bufones que William Shakespeare describe en sus obras.
Pintaba su rostro. El blanco se obtenÃa a partir del óxido de zinc y aceite, y el rojo era pintura rebajada con vaselina. La ceja izquierda se la marcaba exageradamente levantada. Se la quitaba con un paño embebido en aceite.
En una función en la ciudad de La Plata, en 1889 su esposa Ketty falleció luego de sufrió un accidente mientras hacÃa una prueba de equitación. Cayó en una profunda depresión, que le hizo dejar el paÃs por un tiempo.
Se unirÃa a la acróbata ecuestre RosalÃa Robba, once años menor, conocida como Rosita de La Plata. Popularizada como "la primera amazona", habÃa comenzado en el circo a los 8 años y habÃa sido la esposa de uno de los hermanos Podestá. Brown dirÃa de ella: "Me salvó con la maravilla de su afecto".
Rubén DarÃo, su amigo, lo pintó de cuerpo entero: "Es grave y casi melancólico, como todos aquellos que tienen la misión de hacer reÃr". Brown comenzaba sus espectáculos recitando versos del poeta nicaragüense. Otro de sus fans eran Carlos Pellegrini y Domingo Faustino Sarmiento, quien lo describió como "el clown más espiritual y simpático que pueda imaginarse".
Luego del regreso de una gira en 1893, se le ocurrió repartir al inicio de cada función chocolates y bombones a los chicos. AparecÃa de sorpresa llevando sendas canastas repletas de golosinas, y se esforzaba por arrojarlas en todas direcciones. "�Aquà Flan Bon!".
La de revolear chocolates desde la platea hasta la altura del gallinero la convirtió en un clásico de sus funciones que motivó que algunas fábricas los donasen con la condición de que mencionasen la marca.
En 1902 inició la costumbre de ofrecer una función matineé para los chicos humildes. Tres años después abrió el Coliseo Brown, en Marcelo T. de Alvear, entre Cerrito y Libertad. Era una sala espectacular con una capacidad para 2000 personas sentadas y unas 500 paradas. PoseÃa una amplia pista, una pileta y hasta un restaurante. TenÃa una excelente aceptación el número de los ponys que con cencerros en sus cabezas, bailaban al son de la música. Desde los techos de ese teatro un 27 de agosto de 1920 los llamados "locos de la azotea" harÃan la primera transmisión de radio en el paÃs.
Cuando un verano la venta de entradas venÃa floja, ideó imitar un espectáculo europeo, consistente en inundar la pista central, armar una isla y hasta incluir una pequeña embarcación a vapor. La pista se llenó de agua en escasos minutos y el número fue sensación.
Se habÃa transformado en un personaje muy popular y querido por los chicos. Los crÃticos destacaban "la gracia inimitable, los chistes exquisitos, siempre nuevos, siempre originales". Otros eran más escuetos: "Los números presentados anoche fueron interesantes".
En 1910, año del centenario, abrió el Coliseo Frank, una gran carpa que instaló en la esquina de Córdoba y Florida, donde hoy está el Centro Naval. Lo pudo hacer gracias a un subsidio que le habÃa dado la municipalidad de Buenos Aires. Pero la aristocracia, que paseaba habitualmente por Florida, no toleró una carpa de circo que se llenaba de chicos humildes, a los que Brown hacÃa entrar gratis. Y el 4 de mayo de ese año manos anónimas la incendiaron. El diario La Prensa dijo que era un caso de "justicia popular".
Casi en la ruina, debió realizar una gira artÃstica por varios paÃses a fin de pagarle a los artistas que habÃa contratado. A esa altura ya habÃa adoptado la ciudadanÃa argentina.
Regresó en 1917. Participó de la pelÃcula muda Flor de durazno, protagonizada por Carlos Gardel y el 5 de mayo abrió Hippodrome Circus sobre Corrientes, entre Cerrito y Pellegrini. La entrada era justo por la esquina de estas dos calles. Se destacaba su cúpula, las dos estatuas colocadas en lo alto y el cartel "Aquà se aprende a reÃr". Cuando Brown no usaba la sala, la alquilaba para peleas de boxeo, exposiciones y cualquier otro espectáculo.
Cuando se retiró en 1924, su despedida fue: "Al pueblo argentino, después de divertiros durante cuarenta años 'I wish you all a happy new year'" ("Les deseo a todos un feliz año nuevo").
Alejado definitivamente del circo, la pareja pasaba el dÃa en la casa. Frank se fastidiaba cuando escuchaba el sonido del timbre. Una de las pocas distracciones era la de ir a la noche al cinematógrafo.
Rosita, esa mujer menuda que conservaba sus ojos vivaces de la juventud, murió en 1940. Ella, tiempo atrás, habÃa sentenciado que "el circo ha muerto; después de tanta gloria, estamos aquÃ, pero es la felicidad".
Brown falleció el 9 de abril de 1943 luego de hacer reÃr, emocionar y sorprender a miles de niños que, con sus aclamaciones de "Flan Bon" llenaba de alegrÃa el corazón de ese payaso inglés de ceja levantada y mirada melancólica.
Fuente: telam

