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22/04/2026

La infancia difícil del escritor chino Mo Yan: "Todo lo que pensábamos era en comida y cómo conseguirla"

Fuente: telam

El Nobel de Literatura chino, visita la Feria del Libro de Buenos Aires, mostró su lado más vulnerable al compartir cómo las privaciones personales definieron su vocación creativa

El escritor Mo Yan, galardonado en 2012 con el Premio Nobel de Literatura, sostiene que una niñez marcada por la precariedad y el hambre fue el motor central de su vocación literaria. A días de su visita a la próxima Feria del Libro de Buenos Aires, durante un encuentro celebrado en el Museo de la Literatura Moderna de Pekín, Mo Yan dialogó con el sitio Milenio y trazó un paralelo entre sus experiencias infantiles y la materia narrativa de sus obras, donde la memoria adquiere un carácter decisivo y las penurias personales se transmuten en creación literaria singular.

En el recinto de tres edificios y treinta mil metros cuadrados que constituye, según Milenio, el mayor espacio mundial dedicado a la literatura, Mo Yan rememoró su salida anticipada de la escuela a los doce años y el temprano contacto con el trabajo rural y fabril, episodios que nutrieron una perspectiva realista y crítica sobre la vida. El escritor afirma que esta exposición temprana a la dureza y la soledad, lejos del aula y de sus pares, lo condujeron a observar "la maldad de la gente, las sombras del corazón de las personas" y apreciar aspectos imposibles de advertir desde la mirada infantil convencional.

Mo Yan nació en el seno de una familia campesina en condiciones de extrema pobreza. Esas circunstancias extremas forjaron no solo su carácter sino también la estructura de su narrativa. El autor sostiene que escribir requiere un esfuerzo equiparable a una labor física: "La ciencia, la medicina moderna, han comprobado que quemas más calorías escribiendo que realizando otros trabajos". Recuerda que, para su padre, solo tenía valor el trabajo manual de la tierra, no actividades como escribir o tocar un instrumento. En ese sentido, considera su proceso creativo como "similar al crecimiento y producción de la tierra".

Durante su juventud, pasó veintiún años y medio en el ejército, donde trabajó como bibliotecario militar y pudo acceder �por primera vez� a una formación literaria sistemática en la Academia de Artes del Ejército. Relató que en esa etapa leyó cerca de mil novelas disponibles y comenzó a desarrollar sus primeras obras, entre ellas El clan del sorgo rojo, lo que influyó posteriormente en su reconstrucción vívida de ambientes y batallas.

Además señaló que su generación, la de los nacidos en los años cincuenta y sesenta, recibió una contundente influencia de autores occidentales como William Faulkner, D. H. Lawrence, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa o Yasunari Kawabata. A partir de la apertura y publicación de traducciones en los años ochenta, escritores chinos como él renovaron su mentalidad y aspiraron a trasladar técnicas extranjeras al contexto local y autobiográfico. La lectura de tan solo siete páginas de Cien años de soledad fue el estímulo inicial para escribir de manera compulsiva.

Publicó en 1987 en la revista Literatura Universal una metáfora sobre la influencia extranjera: "García Márquez y Faulkner son dos hornos enormes, pero los escritores chinos somos de hielo, y debemos alejarnos de ellos para no derretirnos". Esta reflexión marcó el inicio de un replanteo genuino: integrar elementos de la literatura oral, las obras clásicas y las artesanías regionales chinas en sus textos. Mencionó particularmente la escultura de barro y el papel cortado de colores, tradiciones populares de su natal Gaomi, como fuentes de inspiración estética y formal.

La música de la ópera popular campesina, en la variante maoqiang o "canto de gato", también ejerce una relevante influencia en su estilo narrativo. Esta forma de ópera se caracteriza por voces agudas, expresividad nasal y el uso creativo del lenguaje, algo que Mo Yan dice trasladar a sus novelas para producir efectos estéticos singulares. "Si me hubieran dado una infancia más feliz, con suficiente comida, preferiría no haber sido escritor", confesó Mo Yan a Milenio. Sus primeras memorias están atravesadas por el hambre como preocupación dominante: "Todo lo que pensábamos era en comida y cómo conseguirla". Relata anécdotas en las que robó alimentos, como en El rábano transparente, y señala que cada experiencia de infancia, incluso las más dolorosas, se transformaron luego en materia literaria.

La exclusión de la educación formal le permitió una inmersión prematura en la vida adulta, el trabajo y la observación de la conducta humana. Sin embargo, reconoce el "gran sufrimiento psicológico y emocional", derivado de no compartir la vida escolar con otros niños, y lamenta la carencia de conocimientos específicos: "Si pudiera elegir, preferiría haber estudiado junto a los otros niños en la escuela". El seudónimo Mo Yan, que significa "no hables", tiene raíces en la vigilancia familiar sobre la palabra: "Si decías lo que pensabas y te escuchaban afuera te metías en problemas". Optó entonces por el silencio oral, desplazando la expresión hacia la escritura.

La obra de Mo Yan amalgama lo coloquial, lo popular campesino y lo culto, inspirándose tanto en las vanguardias literarias contemporáneas como en el realismo clásico europeo. Al abordar la violencia y la crudeza, cita la novela El clan del sorgo rojo, que abre con un hombre desollado vivo. Justifica estos extremos narrativos como necesarios para retratar la histórica crueldad vivida por su pueblo, aunque reconoce que "podría haber moderado un poco esa crueldad".

En sus relatos, la crítica social tiene un papel esencial. El escritor señala que "en cualquier género debe existir siempre una cierta crítica contra la sociedad", y reitera su voluntad de persistir en denunciar las injusticias en futuros trabajos: "Los novelistas realistas no deben mirar hacia otro lado cuando hay fenómenos feos. Yo los escribo para llamar la atención, concienciar a la gente, y a lo mejor producir cambios o reformas o incluso una revolución".

La novela Sorgo rojo, publicada en 1986, fue adaptada al cine al año siguiente y obtuvo el Oso de Oro en el Festival de Berlín en 1988. Fue la primera vez que una película china recibía este premio, representando un hito para la cultura cinematográfica y literaria de China. El reconocimiento facilitó la proyección internacional no solo de Mo Yan, sino de autores como Yu Hua y Su Tong, cuyas novelas también fueron llevadas al cine e impulsaron la traducción de más de mil novelistas chinos a diversas lenguas en las últimas décadas.

Este proceso también modificó la economía y el perfil de la localidad de Gaomi, convertida en atractivo turístico tras la popularidad de la película. En 2014, la historia fue adaptada a una serie de televisión de sesenta episodios, con decorados permanentes como parte del circuito turístico. El universo simbólico de la obra de Mo Yan se expande desde lo tangible hacia lo metafórico, especialmente en títulos como �Boom!, donde la carne constituye una alegoría del deseo desbordado, o en La república del vino, donde el licor es símbolo de otras pulsiones.

En Grandes pechos, amplias caderas, la protagonista femenina representa la capacidad de resistencia y sufrimiento, y la novela ha sido interpretada como la más feminista del autor. Mo Yan afirmó: "Adoro a las mujeres porque los hombres, a lo largo de la historia, destruyen el mundo, aniquilan el orden, y son ellas las que reconstruyen la sociedad". El relato expone, además, las restricciones del feudalismo y el patriarcado sobre las mujeres rurales.

Las vivencias familiares también configuran parte de su fondo literario. El escritor recordó un episodio en el que su madre fue golpeada por un guardia mientras recogía espigas caídas en un campo comunitario; ese recuerdo, en palabras de Mo Yan, dejó una huella indeleble y resume el clima de opresión y resistencia presentes en su narrativa. Algunas novelas, como Rana, exploran la política del hijo único y las vías clandestinas que los ciudadanos empleaban para eludir la ley, como la búsqueda de esposas ilegales o, en tiempos recientes, el alquiler de vientres por parte de sectores adinerados. Mo Yan sostiene que tales prácticas continúan ocurriendo, aunque de manera ilegal y encubierta.

Desde la obtención del Premio Nobel, Mo Yan ha diversificado su producción, publicando una colección de textos cortos, Flores tardías, y dedicándose a guiones de cine, telenovelas y óperas. Entre sus trabajos recientes destaca la obra teatral Cocodrilo, que relata la caída de un funcionario corrupto y ha sido representada en centenares de ocasiones, consolidando al escritor también en escenarios fuera del ámbito literario convencional.

Fuente: telam

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