Miércoles 17 de Abril de 2024

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NOTICIAS DE TANGO

El tango que inauguró la época dorada del género y la historia de amor trunco que Contursi retrató con maestría

Como dos extraños narra la historia de un mozo con una copera del legendario cabaret Marabú, el mismo donde debutó Aníbal Troilo con su orquesta

Con letra de José María Contursi y música de Pedro Láurenz, “Como dos extraños” fue grabado el 28 de junio de 1940 con la voz de Juan Carlos Casas y de alguna manera inauguró la época dorada del tango, como se conoce a la década del cuarenta, momento de maduración del género y del boom de la música ciudadana con artistas como Osvaldo Pugliese, Aníbal Troilo, Horacio Salgán, Edmundo Rivero y Roberto Goyeneche, entre muchos otros.

Una década donde en los carnavales se organizaban bailes en los clubes con milongas a las que asistían más de cinco mil personas. El escenario político acompañaba todo ese movimiento. A mediados de los años 40 concluía la “década infame” que había comenzado con el golpe militar del 30 y surgía Perón como líder político de la clase obrera y movilizador de masas. Las transformaciones socioeconómicas anticipaban grandes cambios sociopolíticos. En medio de ese contexto histórico, el tango alcanzó su mayor popularidad.

Por entonces, la orquesta de Juan D’Arienzo era un emblema del tango en el Cabaret Chantecler, donde se la podía ver y escuchar todos los días, pero también había lugar para el varieté, con la presentación de acróbatas, magos y transformistas. El local contaba con una dársena que permitía a los autos detenerse en la puerta, donde los clientes eran recibidos por un portero vestido con levitón de botones dorados y una gorra con el nombre del local. También tenía una pileta de natación climatizada, una extensa barra, tres pistas de baile y un amplio escenario. En los palcos los clientes podían ordenar su consumición con teléfonos dispuestos en las mesas.

Ahora bien. Así como D’Arienzo era un emblema del cabaret Chantecler, un poco más allá, la orquesta de Aníbal Troilo la descosía en el cabaret Marabú, la otra meca de aquellos años dorados, ubicado en un edificio estilo palacio italiano de la calle Maipú al 300, a metros de la calle Corrientes, donde el maestro Carlos Di Sarli presentó a Roberto Rufino, uno de los mejores cantores que tuvo su orquesta, y se cimentó la amistad autoral entre Enrique Santos Discépolo y Mariano Mores, autores de la música y la letra del tango “Uno”. Conocido en al ambiente como “El templo”, El Marabú había abierto sus puertas en 1935.

El ambiente que nutría al cabaret era heterogéneo.Era un subsuelo humeante donde la crema porteña se mezclaba con la clase media que aspiraba a más, junto a un cúmulo de nombres de la cultura y el deporte. Había deportistas como los integrantes de “La Máquina” de River, que eran habitués, hasta políticos y toda la bohemia que se reunía alrededor de sus mesas. Fue creado por iniciativa del inmigrante español Jorge Sales y llegó a ser un cabaret tradicional de la noche porteña donde actuaron muchos de los grandes exponentes del género. Tuvo un sentido inaugural muy importante, cuando todo sucedía dos cuadras más acá y más allá de la zona donde se ubicaría el obelisco, que se construiría apenas un año después.

El cabaret abrió sus puertas con la voz de Francisco Fiorentino y su fraseo bien porteño. Entonces uno iba a tomar un copetín y escuchaba a Aníbal Troilo con Goyeneche. Nada menos. Fue justamente en el Marabú donde el poeta Pascual Contursi conoció el romance de un mozo y una copera del lugar, que inspiró la historia del tango “Como dos extraños”, cuando el protagonista encuentra a la mujer de la que se había alejado y sufre una desilusión.

“Lección que por fin aprendí / como cambian las cosas los años / angustia de saber / muerta ya la ilusión / y la fe, perdón si me ves lagrimear / los recuerdos me han hecho mal / Palideció la luz del sol / al escucharte fríamente conversar / fue tan distinto nuestro amor y.../duele comprobar que todo, todo terminó / qué gran error volverte a ver / para llevarme destrozado el corazón / son mil fantasmas al volver / burlándose de mí y / las horas de ese muerto ayer”, expresa con mucho pesar la letra inspirada en aquella historia real.

Una joven cordobesa recién llegada a Buenos Aires se había incorporado como copera en el cabaret y después de un tiempo comenzó una relación con un mozo, también proveniente de Córdoba. La amistad derivó en noviazgo, hasta que una noche, cuando el local estaba en plena actividad, apareció un hombre que la abofeteó y trató de llevársela por la fuerza. Entonces, cuando los presentes intentaron detenerlo, explicó que era su marido, exhibió la libreta de matrimonio y como si eso le diera derecho a maltratarla –hay que tener en cuenta que la historia se desarrolla en la década del 40-, la tomó de mala manera del brazo y la arrastró hacia la calle.

Tiempo después, el mozo viajó a buscarla a su provincia y la encontró detrás de un mostrador de almacén en un suburbio de la ciudad de Córdoba. Pero ya no era la misma, sino muy diferente a la que había conocido trabajando en el Marabú. Había pasado el tiempo y la relación se había enfriado. Todas sus esperanzas se desvanecieron, sus ojos se llenaron de lágrimas y dándose media vuelta, se cubrió la cara con sus manos y se fue con el corazón destrozado. Testigo de aquella desilusión, el poeta José María Contursi, el mismo autor de “En esta tarde gris” y “Gricel”, convirtió aquella historia de desencuentro en un poema, y con la música de Pedro Laurenz, nació uno de los mejores tangos de la historia: “Como dos extraños”.

“Y ahora que estoy frente a ti / parecemos, ya ves, dos extraños / lección que por fin aprendí / ¡cómo cambian las cosas los años! / Angustia de saber muertas ya / La ilusión y la fe... / Perdón si me ves lagrimear... / ¡Los recuerdos me han hecho mal!”, concluye el tango.

Entre las muchas grabaciones se destacan la de la Orquesta de Pedro Laurenz con el cantor Juan Carlos Casas (RCA Victor, 1940), la de la Orquesta José Basso con la voz de Floreal Ruiz (Odeon, 1961), y la grabación de la Orquesta Domingo Moles, con la voz de Aníbal Jaule (1985). También lo interpretó Adriana Varela, Luis Cardei, Araceli Schalum, Pedro Aznar y Andrés Calamaro, entre otros tantos.

Por Alejandro Rapetti

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