Viernes 21 de Junio de 2024

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“Lo superficial hoy se lleva puesto a lo profundo”

Funciones. El viernes 12, el martes 16, el miércoles 17, jueves 18 y el viernes 19 de abril a las 20 hs. El domingo 14 se verá a las 17 hs. | cedoc

Director de escena de la clásica puesta de Ariadna en Naxos, de Richard Strauss y con libreto de Hugo von Hofmannsthal, vuelve después de varios años al Teatro Colón. su mirada sobre la cultura en Argentina.

Marcelo Lombardero es un director teatral con un recorrido como pocos: ha sido director del Colón, del Teatro Argentino de La Plata, ha estrenado en varios rincones del planeta, y así la lista. Lombardero es alguien que vuelve, que vuelve al Colón, con Ariadna en Naxos, la apertura de la temporada lírica del Colón, la ópera de cámara de Richard Strauss con libreto de Hugo von Hofmannsthal. Dirá Lombardero: “Esta es la cuarta reposición de esta producción. Finalmente la estrenamos en 2011 en Santiago de Chile. Después se repitió en varios lugares, entre esos el teatro Colón, que fue la última producción que yo hice ahí en los últimos cinco años. Es una obra que a mi me sigue desde hace mucho tiempo, además yo la canté varias veces en mi otra vida”. Y suma: “Es una obra que retrata muy bien nuestra vida, la vida del teatro. Es una obra muy genial. Y no nos trata muy bien, incluso aunque hable con ironía, deja traducir mucho de la banalidad de los artistas y esta cosa un poco tremendista que tenemos que tiene que ver con el rigor artístico, con el rigor de calidad, que muchas veces es exagerado. Y lo que tiene tanto la música de Strauss y el guion de Hofmannsthales esa ironía y sarcasmo con mucha profundidad. La obra de arte y los artistas son ninguneados por el poder, por el mecenas. Lo más importante acá son los fuegos artificiales. Es paradójico, sobre todo en un momento como este donde lo superficial se lleva puesto lo profundo”. Y confirma que no hay modificaciones en la nueva puesta: “No cambia nada, desde 2011. Soy un poco conservador en ese sentido, y así sigue y así funciona. Obviamente cada artista es distinto, y pone el cuerpo y la voz a una esquema que ya esta trazado. Cada persona tiene sus hallazgos, sus limitaciones, sus virtudes, y más”.

—¿Cómo se relaciona con nuestro presente, como país y también en términos de la cultura como algo consumo superficialmente?

—Lo bueno es que en 1911 también era así. La puesta es una puesta irónica y uno lo ve en las instituciones en general, donde lo superficial aplasta a lo profundo. En ese sentido, reírnos desde la ironía, que se presta a la reflexión. La obra tiene una resignificación clara. Yo pensaba siempre que explicar la diferencia entre ópera “seria” y ópera bufa es quizás una división que se circunscribe a un circuito más pequeño, a una raza extinta casi. Hay una simplificación en términos estéticos, donde hay claramente una ópera clásica, barroca, y por otro lado, una ópera barata, que es lo que define en sus inicios a la ópera bufa.

—¿Hay algo que te conmueve de esta obra por el vínculo que tenes con ella?

— Sí, los artistas. Es una de las músicas más hermosas que compuso Strauss. Afortunadamente Strauss, y también Hofferman, era un hombre de mundo, bastante mundano, que no podía entender que está obra quedará relegada a una puesta en escena de El burgués gentilhombre. La escindió de la obra, y le escribió este prólogo. En términos musicales es una obra sublime, pero en términos musicales es también genial. Hay que tener en claro esto: es una comedia, no otra cosa. Una comedia de gran profundidad, de gran inteligencia. Me conmueven los grandes momentos en ella, la construcción dramático musical en la ópera y la velocidad de la comedia, de puertas, en el prólogo. Este tipo de comedia y de ópera siempre son un desafío en el teatro Colón. En esta ópera siempre hace falta la repentización del gesto y del texto. Y el escenario del Colón es una escenario muy grande, por eso eso generalmente es difícil hacer Mozart en el Colón, o Falstaff de Verdi. Tenes que hacer algo que transforme esa sala maravillosa en una sala cámara.

La primera vez

—¿Qué puede decirle Ariadna… a un público nuevo?

—Primero, un gran espectáculo, la idea es hacer un gran espectáculo. Divertir es la primera premisa. Si bien busco una resignificación y yo no me considero un director de escena tradicional, pero hay quienes no me consideran como tal, siempre pienso en el espectáculo y su calidad visual, estética. Ponemos un punto de vista, que existe en la obra y exacerbamos los contrastes, contradicciones entre la sublimación del arte y las miserias humanas de los artistas, la idea de un mecenas de aportar a la cultura y su poca sensibilidad al tratar a la obra de arte como un producto, y como un producto propio. Esto a lo que apela, y justamente en estos momentos más que nunca, justamente cuando el Estado se retira estas expresiones artísticas lejos de democratizarse quedan recluidas para quienes las pueden pagar. Para eso debería estar el Estado, para que el acceso a la cultura sea democratico y ese es el punto neurálgico que ataca esta obra.  

—¿Qué representa el Colón para vos?

— Es difícil esa pregunta. Yo me crié en el Colón, me formé en el Colón, crecí en el Colón. Cuando me presentó en alguna producción, digo que tengo todos los vicios: arranqué en el coro de niños, después fui solista, después fui director del teatro, fui delegado sindical. Nadie peor que yo en ese sentido. Todos los casilleros tachados. Ha sido una relación extraña, sobre todo en los últimos años. Mi carrera ha tomado otros rumbos y lugares, el teatro me ha sido esquivo y yo le he sido esquivo. He sido como un hijo pródigo, que cada vez que vuelve a la casa después de un tiempo se arma un poco de lío.

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