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NOTICIAS DE TANGO

3 de agosto de 2015

Ariel Ardit una hipótesis cantada sobre la tradición del tango

Estrecho (y por lo tanto doblemente meritorio) se prefigura el margen por el que transita el cantor Ariel Ardit, que encabeza un ciclo los sábados de agosto en la histórica confitería La Ideal, y en donde restituye el paisaje sonoro del tango de los ’40.

Ardit no se detener ni se derrumba en los corroídos estereotipos de la música tanguera de tarjeta postal. Un gesto musical moroso pero que -a la vez- declama vigencia.

  Luego de años de trajinar escenarios (y precisamente sólo a partir de esa experiencia), Ardit se propuso levantar la bandera por excelencia de los tiempos dorados (la Orquesta Típica, esa a la que el bandoneonista Rodolfo Mederos llama el ‘Generalato’ del tango, su escalón supremo), en un acto audaz desde la logística de una industria musical bien distinta a la de los ’40 y logrado al hermanarse con un socio indispensable, el pianista, arreglador y director orquestal Daniel Linetzky.

Esa noble ambición musical, sostenida por un canto sin afectaciones, habilita a Ardit a apelar a diferentes tradiciones del tango: la gardeliana, la troileana, a la sedimentada –en forma transversal- por los cantores de orquesta y, por supuesto, a la del tango danzable. Todo en un mismo gesto que se presenta antiguo, pero a la vez integrador, ya sea de la estética como de las audiencias, que anuda generaciones e intereses, desde los cultores del “tango arqueológico” a los rigurosos de la “música de escucha”.

Habrá que advertir que una Orquesta construida alrededor de la figura del cantor desafía el modelo clásico de las formaciones históricas. Si imaginamos la de Troilo, que desde 1937 cambió el mapa (y el territorio) del tango -y que es acaso la más lograda de las tradiciones que evoca Ardit- el cantor ocupaba el lugar de un engranaje más en la formación.

Así fue con Francisco Fiorentino, Alberto Marino, Floreal Ruiz, Edmundo Rivero o Raúl Berón, donde todos seguían los arreglos dictados por el mentor de la formación. Hasta Argentino Galván, figura descollante de ese fenómeno que fue la Orquesta de Troilo, ya imaginaba sus arreglos en función de la idea que proponía Troilo y que hegemonizaba al colectivo orquestal.

Es natural que en la Orquesta Típica de Ardit aquello funcione diferente y ahí aparece la relevancia del rol de Linetzky, que se encarga de resolver exitosamente esa tensión sin necesidad, por caso, de pasar toda una vuelta de cada tango en forma instrumental antes del ingreso del cantor, a la vieja usanza.

Troilo, entonces, apareció anoche en La Ideal evocado desde diversas orillas: la instrumental (“La trampera”), la melódica (María) y la del cruce con los letristas. En esa última faena siempre resulta llamativo el fabuloso tango “Patio mío”, que incurre en todos los clisés burdos del género (el malevo, la esquina, la ochava y el buzón) y sin embargo funciona. Cualquiera –que no fuera Troilo o Cátulo Castillo- con esas mismas premisas habría alumbrado un tango espantoso.

También queda bien asentado en el repertorio de Ardit “Toda la vida”, donde la voz del cantor reposa en los versos de la angustia existencial con los que José María Contursi, su autor, ya había trazado antes obras como “Quiero verte una vez más” o –contemporáneamente a ‘Toda la vida”- “En esta tarde gris”.

También Ardit trabaja sobre la tradición gardeliana, a la que invoca con “Golondrinas” o “Sol tropical”, entre más); y en la que profundiza un camino luego de su participación, el pasado 24 de junio, en el homenaje que se le realizó al “Zorzal” en Colombia junto con la Orquesta Filarmónica de Medellín.

A la vez el cantor cordobés muestra un interés por cierta tarea de rescate de algunas piezas que pudieron quedar en segundo plano como “Sencillo y compadre” (Carlos Bahr y Juan José Guichandut) o “Mala suerte” (Francisco Garrido y Francisco Lomuto), además de atreverse a algunas versiones que están afirmadas en el oído musical popular con el registro de cantores determinados.

El recorrido musical que entrega Ardit en La Ideal abraza todos esos recorridos sin perderse en ninguno. Un mérito no menor y que podrá ser confrontado los sábados 8, 15, 22 y 29 de agosto, desde las 21.30, en el escenario de Suipacha 384.
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