Domingo 30 de Noviembre de 2025

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Guillermo Fernández y una reflexión que sacude al tango: la libertad como raíz del dolor y la creación

El histórico cantor porteño analizó las letras del género desde una mirada filosófica y conectó el tango con Sócrates, Nietzsche, Kierkegaard y Discépolo en un mensaje que impactó a sus seguidores

El reconocido cantor y compositor Guillermo Fernández, una de las voces más respetadas del tango argentino, volvió a sorprender con una reflexión profunda que compartió en sus redes sociales. Lejos de limitarse a lo musical, el artista trazó un puente entre las letras del tango, la filosofía clásica y la psicología moderna, generando un revuelo entre seguidores, músicos y estudiosos del género.

Fernández, con la serenidad que lo caracteriza, sostuvo que los grandes autores del tango “eran poetas, filósofos, incluso portadores de conceptos psicoanalíticos”. Y desde ese punto de partida comenzó a desandar una mirada que va mucho más allá de lo estrictamente artístico.

El tango como examen de la vida: de Sócrates a Gardel

En el inicio de su análisis, señaló que los letristas del tango practicaban la introspección que Sócrates consideraba fundamental para el autoconocimiento.

“El tango —explicó Fernández— es un vehículo para examinar la vida cumpliendo la máxima socrática: la vida no examinada no vale la pena ser vivida”.

Desde allí, avanzó hacia uno de los nombres más emblemáticos del binomio Gardel-Lepera: Alfredo Lepera. En su tango “Soledad”, recordó una imagen que para Fernández resume la esencia del género:

En la doliente sombra de mi cuarto, al esperar sus pasos, a veces me parece que ellos detienen su andar… Pero no hay nadie. Es un fantasma que crea mi ilusión”.

Para el cantor, esa ilusión donde la mente fabrica escenarios dialoga directamente con el pensamiento de David Hume, quien concebía la mente como “un teatro” donde las ideas aparecen y desaparecen como actores.

La máscara del poeta: Nietzsche, Kierkegaard y la libertad del dolor

Sumando otra estrofa —“Yo no quiero que nadie se imagine cómo es de amarga y honda mi eterna soledad”— Fernández describió cómo Lepera oculta el dolor bajo una máscara, una idea que relacionó con la falsa identidad de Nietzsche y con la búsqueda del “yo auténtico”.

A esa visión agregó a Kierkegaard, para quien la soledad surge de la responsabilidad de elegir, y a Sartre, que afirmaba: “el hombre está condenado a ser libre”. Según Fernández, tango y filosofía coinciden en que la soledad, aunque compleja, es también un territorio fértil para la creación.

Discépolo, Cadícamo y Cátulo Castillo: el eco existencial de la música porteña

El cantor también mencionó a Enrique Santos Discépolo, citando estrofas de “Martirio” y “Yira Yira”. Lo definió como un autor que usaba la soledad como punto de partida para enfrentar las fragilidades humanas: “Verás que todo es mentira, verás que nada es amor”.

Luego llegó el turno de Cadícamo y Cátulo Castillo, creadores que lograban, según Fernández, un desdoblamiento del yo para profundizar en la emocionalidad del poeta.

Recordó versos de “Garúa”: “Qué noche llena de hastío y de frío… Mientras tanto, la garúa se acentúa con sus púas en mi corazón”.También evocó el bandoneón como objeto testigo: “Contame tu condena, decime tu fracaso”.

Para Fernández, todos ellos lograron transformar la soledad en un espacio de introspección creativa, un lugar donde —aun en el dolor— nacían obras inmortales.

La soledad como precio de la libertad

En el cierre de su reflexión, el cantor retomó una idea del escritor Octavio Paz: “La soledad es el precio de la libertad”.

Según Fernández, el poeta de tango queda rodeado de un silencio monumental en el acto de escribir, pero ese mismo silencio se transforma en plenitud cuando escucha a miles de personas cantar su obra en un teatro.

Para él, allí está la verdadera magia del género: el tango nunca deja solo a quien lo canta.


Redacción | La Folk Argentina

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