Miércoles 21 de Enero de 2026

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FOLKLORE

Laborde 2026: el Festival Nacional del Malambo visto desde el sonido

El Festival Nacional del Malambo de Laborde no solo se vive sobre el escenario. Detrás de cada zapateo perfecto, de cada acorde preciso y de cada silencio justo, hay un trabajo técnico intenso, riguroso y muchas veces invisible.

En la edición 2026, dos sonidistas de Río Tercero —Juan José López y Rodrigo Cracco— fueron parte fundamental de ese engranaje que hace posible la magia.

Un festival federal y profundamente humano.

Para Rodrigo Cracco, que ya suma seis años consecutivos trabajando en el festival, Laborde sigue impactando como el primer día. “Es un festival realmente muy federal. Confluyen delegaciones de todas las provincias del país y el nivel de competencia es extremadamente riguroso”, explica. El certamen abarca una enorme cantidad de rubros: malambo mayor, infantil y veterano, cuarteto de malambo, parejas y conjuntos de danza, cuadros argumentativos, conjuntos instrumentales y vocales, además de solistas de canto e instrumental.

Puede ser una imagen de iluminación y altavoz

Juan José López, que en 2026 vivió su primera experiencia laboral en Laborde, coincide en destacar el clima humano. “Es todo un solo equipo: bailarines, músicos, organización y técnicos. Todo va de la mano”, cuenta. No es casual que Laborde sea conocido como el Festival del Abrazo: “Realmente es eso. Todos se tratan como hermanos, se conocen de toda la vida”.

La complejidad técnica detrás del malambo.

Desde lo técnico, ambos coinciden en que Laborde tiene características únicas. El escenario se trabaja dividido en dos alas, que se alternan de manera constante para permitir el zapateo del malambista mientras se prepara la siguiente intervención.
“Es una rutina que arranca a las seis de la tarde y termina a las cinco de la mañana sin parar”, describe Juan José López. “Cuando entra una banda musical, se limpia el escenario desde cero y después se vuelve a armar todo. No hay margen de error”.

Puede ser una imagen de bailando

En ese contexto, el monitoreo se vuelve clave.

“En este festival, la parte más importante es que el músico y, sobre todo, el malambista escuchen bien. Para nosotros, el error no existe”, remarca López.

Trabajo en equipo y sentido de pertenencia.

Rodrigo Cracco destaca especialmente el trabajo con Horacio Sonido y Pantallas LED, la empresa histórica del festival. “Es una familia muy generosa, que te recibe con mucha calidez. Horacio Brindesi lleva más de 30 años haciendo la técnica del festival y hoy, junto a su hijo Mati, han conformado un equipo fantástico, muy bien equipado”. Ese clima se refleja en el día a día. “Se trabaja cómodo, bien, con respeto”, agrega Cracco. “Este año fuimos con Juan José López, de Río Tercero, y él seguramente te va a contar lo mismo”.

Puede ser una imagen de altavoz

Y así fue. López confirma que, aun siendo parte del equipo técnico —un rol muchas veces invisible—, se sintió reconocido: “La gente valora el trabajo. Caminás por el predio y saben que son muchas horas y mucha responsabilidad”.

Un lugar al que siempre se quiere volver.

Con el paso de los años, Laborde también se transforma en un espacio de reencuentros. “Uno hace amistades con músicos, bailarines y campeones de todo el país, gente con una humildad enorme”, dice Cracco, mencionando al campeón Fabián Serna como uno de esos vínculos que deja el festival.

Ambos coinciden en el cierre.

Laborde no es solo trabajo, es crecimiento y pertenencia. “Es una experiencia que volvería a vivir”, afirma Juan José López. “Espero todos los años que llegue la fecha del Malambo para volver”, completa Rodrigo Cracco. Porque en Laborde, incluso detrás del sonido, el abrazo también se escucha.

Carlos Lucentti - Estación Urbana 97.5

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