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🔴 ¿Han sepultado a ANCROF?

En los últimos años, ANCROF ha atravesado una de las etapas más críticas de su historia institucional. Y cuando hablo de crisis no me refiero solamente a lo administrativo o a lo organizativo, sino a algo más profundo: la pérdida de representación.
Por Carlos Alberto Lucentti.
En lo personal, tuve la oportunidad de expresarle al presidente, Carlos Crassi, todo lo que pensaba sobre el manejo de la institución. Le hablé con respeto, pero con claridad. Señalé la falta de información concreta sobre el destino de los fondos recaudados, la ausencia de balances públicos accesibles y la necesidad de transparentar cada peso que aportamos los periodistas. La respuesta no fue el debate ni la apertura: fue el bloqueo.
Y ahí comienza el problema.
Una institución que nuclea periodistas de folklore no puede cerrarse al disenso.
No puede pedir una cuota societaria sin explicar con precisión a dónde va, cuáles son los objetivos, qué proyectos se financian y cuáles son los resultados concretos. La confianza no se exige; se construye.
Muchos colegas se han ido. Otros están dando un paso al costado. No por capricho, ni por enfrentamientos personales, sino porque no se sienten representados.
Porque sienten que la entidad dejó de ser un espacio federal, plural y participativo para convertirse en un círculo cada vez más reducido.
Este año ocurrió algo simbólicamente fuerte: la Comisión Municipal de Folklore del Festival Nacional de Folklore de Cosquín no otorgó a ANCROF el espacio para entregar su tradicional distinción en el escenario mayor de la Plaza Próspero Molina. Ese reconocimiento, que durante años representó la voz colectiva del periodismo especializado, ya no tiene el mismo peso institucional.
Antes, el artista destacado era elegido por la totalidad de los periodistas acreditados. Hoy, la decisión queda restringida únicamente a los socios activos. Ese cambio no es menor: reduce la pluralidad y debilita el espíritu democrático que debería sostenernos.
No se trata de una pelea personal. Se trata de legitimidad.
El periodismo de folklore merece una representación seria, transparente y moderna.
Necesita balances claros, participación abierta, rendición de cuentas y un proyecto que vuelva a convocar a quienes hoy miran desde afuera. No alcanza con invocar la historia; hay que honrarla con gestión.
Si cada vez más colegas se van, si la voz se achica, si el espacio institucional se pierde… la pregunta ya no es retórica:
¿Estamos a tiempo de recuperar ANCROF o ya la hemos sepultado?
Porque las instituciones no mueren cuando se las critica.
Mueren cuando dejan de escuchar.
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