Carla Nieto, hija del Chango, un salteño que hizo grande a la música nativa desde La Plata. Cantante y folklorista como el padre, sigue sus pasos pero con estilo propio. “La gente quiere ver folklore, pero no existe suficiente difusión”

“Canto desde siempre, desde que nací... El escenario es muy común para mí... La sangre tira demasiado”, dice Carla Nieto, que en su ADN lleva la cada día más melodiosa voz del Chango Nieto, su padre nacido en Salta pero radicado desde muy joven en La Plata hasta su temprana muerte en 2008. Pero se apura en aclarar que “mi padre era un privilegiado, que tenía un don natural y yo, por ahora, estoy tratando de aportar frescura”. Carla vive con su marido Alejo Alvarez Quiroga, hijo de Mario, autor de la exitosa composición “Don Ata” y su pequeña hija Faustina (11 meses) en la ciudad de Buenos Aires, pero la entrevista fue en la casa platense del Chango, en el barrio de 37 y 10. En ese hogar vive Nelly Barbini, la madre de Carla, rodeada de recuerdos del artista: el emblemático bombo, fotos con colegas famosos, discos de oro, diplomas, trofeos. “Mamá todavía no puede ver los videos del Chango. Se emociona mucho”. El Chango y Nelly tuvieron seis hijos. Carla, la mayor, con creciente carrera artística. Después viene Hernán, ex jugador de rugby del club San Luis, integrante luego del seleccionado de Italia que terminó su carrera profesional como jugador de un club de primera de Inglaterra. Le siguen Natalia y Rodrigo que juntos continúan con el tradicional negocio familiar “La Vizcachera” de 13 entre 58 y 59; Mariela que estudia música y Luna, también cantante”. Carla hizo el jardín, el primario y el secundario en el Normal 1, se mantiene comunicada con sus ex compañeras y al graduarse decidió estudiar turismo en la Universidad del Salvador, algo que la obligó a viajar todos los días a Buenos Aires “cuando aún no estaba la Autopista”. Se recibió de licenciada en Turismo y alcanzó a trabajar en dos agencias. Se fue a vivir a Orlando donde ejerció también su profesión un tiempo hasta que decidió regresar. “A los 14 años de edad ya había grabado con mi padre. Yo tenía una voz más inclinada hacia lo melódico y el Chango me dijo que lo fuera a consultar al Paz Martínez, para que me orientara. El me escuchó y me convenció de que podía cantar folklore, así que ingresé a ese mundo apasionante”, recuerda. Lo cierto es que a principios de 1998 comenzó a actuar de manera profesional presentándose en distintas peñas de la provincia de Buenos Aires. En la temporada del verano de 1999 formó parte del elenco de la peña La Vizcachera de Mar del Plata que obtuvo el Estrella de Mar. Allí cantó junto a su padre, a Enrique Dumás y al ballet Salta. En enero de 2003 actuó por primera vez en el festival de Cosquín y participó en conocidos programas de televisión y radio, tales como Badía en Concierto, Argentinísima y Almorzando con Mirta Legrand. En 2006 actuó en el Centro Cultural Borges. Fue ternada como solista vocal en los premios Atahualpa 2010 y realizó shows en Café Vinilo, en el Torquato Tasso, en el Teatro Artaza, Peña los Cardones y otros sitios. Lleva grabados dos discos: Huellas (2005) y Luz de mi Alma (2010), en donde, dice, cree haber encontrado “el verdadero estilo, sonido y color de mi música, en un folklore orientado a la música popular, sin prejuicios ni demasiadas ataduras, pero sin llegar a perder las raíces”. El repertorio de Carla aborda también temas clásicos del folklore, algunos compuestos por su padre y temas inéditos. “Es lo que actualmente presento en festivales, teatros y peñas. Ahora me encuentro terminando la producción de mi próximo disco, feliz de hacer esto que tanto amo, la música...” Durante la entrevista se habló mucho de otro de los clásicos platenses, que fueron las peñas del Chango Nieto, a las que vinieron a cantar todos los famosos de la tierra y de la época. Además de las empanadas, locros y otras comidas típicas salteñas que se consumían, el folklore encontró en ellas templos de culto. Los locales estuvieron en 69 entre 4 y 5, el histórico de 37 entre 11 y 12, para trasladarse luego al frente del Coliseo Podestá durante muchos años. Su padre cantaba siempre con los ojos cerrados. Hay dos preguntas: ¿usted también lo hace? ¿Y por qué lo hacía su padre? “Yo no lo hago, porque no soy tímida como mi padre. Canto con los ojos bien abiertos. Mi pensamiento es que él cantaba así por su timidez... Pero a él se lo preguntaban siempre y él respondía: “primero contésteme usted por qué cierra los ojos al besar y después yo le explicó por qué canto con los ojos cerrados...” ¿Cómo es su voz? “La mía era una voz demasiado urbana y no de la tierra... Por eso me fui un tiempito a Salta, para tirarme tierra. Soy mezzosoprano de registro, aunque casi nunca estudié o estudié muy poco. Siempre he pensado que el folklore necesita voces fuertes, como las de Mercedes Sosa o Soledad. Mi padre no se mostraba demasiado interesado en que yo estudiara, pero claro, él era un privilegiado. El pensaba que todos tenemos esa capacidad de canto, pero no es así” ¿A qué cantantes folklóricos admira? “A Mercedes Sosa, únicamente. Y a mi padre, claro. Sabe, él me impide escuchar otras voces, su presencia artística es tan dominante para mí” Usted viajó a Salta para encontrar las raíces... “Claro que sí, lo necesitaba. Estuve seis meses rodeada de músicos, Los Huayra, Canto Cuatro, fui a la peña de Mario Teruel, todo me nutrió” ¿Usted toca la guitarra o algún instrumento? “No toco ningún instrumento. Me manejo con mis músicos que son mi marido Alejo Alvarez Quiroga, percusionista; Juan Ignacio Osuna, guitarra base y Juan Do Nascimento, guitarra eléctrica”. ¿Le causa algún problema ser la hija del Chango Nieto? ¿La figura de su padre no es muy absorbente para usted, para su carrera? “Todo lo contrario, ningún problema, ningún celo artístico si se refiere a eso. El me dejó la mejor herencia que un padre puede dejar, que es la gente que tanto lo ama. Adonde voy el público me hace llorar hablándome maravillas del Chango Nieto. Cómo voy a sentir celos de eso, al contrario me siento muy orgullosa... Y además me alegra saber que lo disfruté tanto a Papá...” ¿En qué se diferencia artísticamente? “Soy totalmente diferente. No soy ni pretendo ser un clon. Soy opuesta. Pero lo que llevo de él es la pasión total por el canto y acaso nada más” ¿En qué situación se encuentra actualmente el folklore? “La situación es mala, pero el motivo responde a una pésima difusión. Hay una enorme cantidad de buenos grupos y de solistas que no tienen ni encuentran la menor posibilidad de ser escuchados. No hay canales de difusión para el folklore” ¿Persiste el interés de la gente por el folklore? “Absolutamente. La gente quiere ver y escuchar folklore. Uno viaja y advierte eso. Así como que el público espera Cosquín todo el año” ¿Cuál es su deuda personal con el folklore? “Le debo más dedicación, más estudio, más horas de trabajo. Y sobre todo, compartir mucho con otros colegas artistas. Se ha perdido esa costumbre tan sana que existía antes. Lo curioso que me está pasando es que nos reunimos mucho los hijos de... Así que me encuentro con Fernando Toro, con Nancy Abalos, con la hija del Coco Díaz, María Eugenia y con los de Tarragó Ros” ¿Qué proyectos tiene? “A grandes rasgos, dedicarme más. Pero también me gustaría recorrer el país como hizo mi padre, cantando, llevando la música nativa a todos los rincones. Aunque me encantaría asimismo tener un programa de televisión o radial para difundir el folklore. Siento que sé que es lo que hay hacer en el futuro cercano a favor del folklore. Otro proyecto que tengo es el del tercer disco” ¿Su hija Faustina... cantará como usted? “Creo que no va a tener otra salida, otro camino... Imagínese, nieta del Chango Nieto y de Mario Alvarez Quiroga... hija de una folklorista y de su padre Alejo también músico... No creo que se salve de la música”. ***************** Varias veces, al hablar de su padre, los ojos de Carla brillaron. Al igual que los de su madre, Nelly Barberini, que entró y salió varias veces del living donde se hizo la entrevista. Un living también visitado en dos o tres oportunidades por Virginia (93) la abuela materna y la pequeña Faustina, que completó así las cuatro generaciones. La presencia del Chango Nieto se advierte en los recuerdos materiales, pero más en los espirituales de una familia que lo tiene como centro de su amor. A la hora de las fotos, Carla eligió naturalmente el rincón que concentra un afiche del padre y, sobre todo, el bombo que durante años lo acompañó en sus caminos por el folklore

 

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