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La ONU encendió las alarmas: advierten un fuerte fenómeno “El Niño” ya es casi inevitable
La OMM alertó que hay cerca de un 90% de probabilidad de un episodio de El Niño en los próximos meses. Especialistas prevén que podría ser fuerte, con riesgos de inundaciones, lluvias extremas, sequías y olas de calor en varias regiones del mundo.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) lanzó una contundente advertencia sobre la evolución del fenómeno El Niño y aseguró que existen altas probabilidades de que el evento climático se instale durante los próximos meses con una intensidad que podría ser significativa para numerosas regiones del planeta.
La preocupación también alcanza a la Argentina, donde históricamente los episodios de El Niño suelen estar asociados a un incremento de las precipitaciones en amplias zonas agrícolas, especialmente en la región pampeana y el Litoral, elevando el riesgo de inundaciones y complicaciones productivas.
Según informó la OMM, las temperaturas inusualmente elevadas registradas en las aguas del Océano Pacífico Tropical están favoreciendo el desarrollo de las condiciones características de este fenómeno climático.
Una probabilidad cercana al 90%
Los especialistas remarcaron que la evidencia científica actual muestra señales cada vez más contundentes.
El secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, fue categórico al referirse al escenario que se avecina.
“Los datos científicos son rotundos e indican, con una certeza del 90 %, que El Niño llegará a nuestras puertas en los próximos meses. El mundo debe tratar este evento como lo que es: una alerta climática urgente”, expresó a través de una declaración en video.
La advertencia no pasó desapercibida debido a que el fenómeno suele generar importantes alteraciones climáticas en numerosos países, afectando actividades productivas, sistemas de salud, infraestructura y recursos hídricos.
Por su parte, la secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, sostuvo que los gobiernos y organismos internacionales deben prepararse para enfrentar un escenario complejo.
“Tenemos que prepararnos para un episodio de El Niño potencialmente fuerte, que exacerbará las sequías, potenciará las lluvias intensas y agravará el riesgo de olas de calor tanto en tierra como en el océano”, afirmó.

Qué indican los últimos informes
La OMM difundió una nueva edición de su boletín especializado El Niño/La Niña Hoy, donde se señala que existe una probabilidad del 80 % de que las condiciones de El Niño se establezcan entre junio y agosto de 2026.
A su vez, la posibilidad de que el fenómeno permanezca activo al menos hasta noviembre se ubica en porcentajes cercanos o superiores al 90 %.
Los especialistas aclaran que todavía existe incertidumbre respecto al momento exacto en que alcanzará su máxima intensidad. Sin embargo, la mayoría de los modelos climáticos coinciden en que el episodio será al menos moderado y podría evolucionar hacia una categoría fuerte.
Uno de los indicadores más observados por los expertos es la temperatura superficial del mar en la zona central y oriental del Pacífico ecuatorial.
Los registros obtenidos entre finales de abril y mediados de mayo muestran valores muy próximos a los umbrales que tradicionalmente marcan el inicio de un episodio de El Niño.
Además, las mediciones revelan temperaturas subsuperficiales que superan en más de 6 grados centígrados los valores normales, una enorme reserva de energía que favorece el calentamiento progresivo de la superficie oceánica.
Al mismo tiempo, el denominado Índice de Oscilación Austral (SOI), uno de los principales parámetros atmosféricos utilizados para monitorear el fenómeno, también presenta valores compatibles con el desarrollo de condiciones propias de El Niño.
Un fenómeno que preocupa a gobiernos y productores
El informe elaborado por la OMM junto con el Instituto Internacional de Investigación sobre el Clima y la Sociedad (IRI) de la Universidad de Columbia es considerado la principal referencia mundial sobre este fenómeno climático.
La información es utilizada por gobiernos, organismos humanitarios y sectores especialmente sensibles al clima, entre ellos la agricultura, la salud, la energía y la gestión del agua.
El reporte reúne proyecciones de los principales centros meteorológicos del mundo, análisis de expertos internacionales y datos generados por organismos especializados en predicción climática.
Qué consecuencias podría generar
Para António Guterres, las implicancias van mucho más allá de una simple variación climática.
“Las condiciones asociadas al episodio de El Niño echarán más leña al fuego de un mundo que se calienta”, advirtió.
El titular de la ONU consideró además que los efectos podrían sentirse con mayor intensidad debido al actual contexto de calentamiento global.
“Las consecuencias se dejarán sentir con una intensidad todavía mayor y su alcance será aún más amplio, cruzando fronteras a una velocidad devastadora”, señaló.
Guterres también insistió en la necesidad de acelerar las políticas vinculadas con la transición energética, la protección de las poblaciones más vulnerables y la implementación de sistemas de alerta temprana.

El antecedente reciente que preocupa
Desde la OMM recordaron que el episodio más reciente de El Niño, registrado entre 2023 y 2024, fue uno de los cinco más intensos de los que se tiene registro.
Ese evento contribuyó a impulsar temperaturas globales récord durante 2024 y generó importantes impactos económicos y sociales en diversas regiones.
Por esa razón, los organismos internacionales consideran fundamental mantener un monitoreo permanente de la evolución del fenómeno.
“Los pronósticos estacionales y las alertas tempranas son vitales para salvar vidas y mitigar los efectos en nuestras economías y comunidades”, sostuvo Celeste Saulo.
Cómo funciona El Niño
El Niño y La Niña constituyen las dos fases opuestas del fenómeno conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), uno de los principales reguladores naturales del clima terrestre.
El Niño se caracteriza por un aumento anormal de la temperatura superficial del océano en el Pacífico ecuatorial central y oriental.
Generalmente aparece cada dos a siete años y suele extenderse entre nueve y doce meses.
Normalmente comienza a desarrollarse entre marzo y junio, alcanza su máxima intensidad entre noviembre y febrero y sus efectos globales suelen sentirse con mayor fuerza durante el segundo año del episodio.
Los expertos remarcan que cada evento posee características particulares y que sus consecuencias dependen de factores como su intensidad, duración y la interacción con otros fenómenos climáticos.
En Argentina, por ejemplo, suele favorecer lluvias superiores a lo normal en gran parte de la región pampeana y el Litoral, mientras que puede reducir las precipitaciones en algunas áreas del NOA y zonas cordilleranas.
La OMM aclaró además que no existen evidencias concluyentes de que el cambio climático aumente la frecuencia de los episodios de El Niño. Sin embargo, sí considera posible que el calentamiento global amplifique sus impactos debido a la mayor energía y humedad disponible en la atmósfera y en los océanos.
Redacción: La Folk Argentina

