Viernes 12 de Agosto de 2022

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FESTIVAL DE COSQUIN 2016

Cosquín renace en folklore

Hace unos setenta años Cosquín era la localidad a la que iban enfermos de tuberculosis y de otras dolencias respiratorias para recuperarse. El clima serrano del Valle de Punilla fue amable con ellos hasta que llegó al mundo la penicilina. Lo llamativo es que, años después, se creó el Festival Nacional de Folklore y el vértigo que desde entonces se vive durante las "nueve lunas" festivaleras, y en los días previos, poco tiene que ver con ese clima serrano pacífico y sereno. Todo es adrenalina pura.

El festival de Cosquín y todo lo que lo rodea es un folklore en sí mismo; con las eternas polémicas y todo ese vértigo que hacen que se pongan en marcha cada una de las nueve jornadas en el escenario Atahualpa Yupanqui de la plaza Próspero Molina. Este año, obviamente, no será la excepción. Y el motivo principal es que ha llegado un nuevo gobierno a la ciudad de Cosquín, por lo tanto, una nueva Comisión de Folklore que debe, desde el último 10 de diciembre, realizar en poco más de 30 días la edición 56a del Festival Nacional de Folklore.

En enero de 2010 se celebró el 50° aniversario del festival. Todos estaban felices. El actual intendente Gabriel Musso, que era entonces presidente del Centro Comercial, Industrial y de Servicios de Cosquín, explicaba que la asistencia de público a la ciudad había crecido un 25 por ciento respecto del año anterior. Además, dentro del festival los números cerraban. Ese año de grandes festejos las nueve lunas se transformaron en doce. El dinero aportado por el Estado nacional era de 2.4 millones de pesos; el que puso la provincia de Córdoba alcanzaba los 500.000 pesos. Al cierre del festival el balance daba unos 350.000 a favor.

Hoy la sensación es que aquello pasó hace mucho tiempo. El gran desafío de esta edición es que comienza con un rojo en la cuenta bancaria difícil de remontar; no le permite tener respaldo para la contratación de artistas y proveedores. Y a esto se suma el déficit del municipio. A días de asumir su gestión, el flamante intendente Gabriel Musso se encontró con un paro de empleados estatales por una deuda que superaba los 11 millones de pesos.

Lo malo de esta situación son las deudas del festival. Pero hay algo peor: el déficit financiero del municipio. Por otro lado, los artistas más exitosos (hace una década podían ser cuatro o cinco los capaces de convocar público para llenar una plaza) ahora son sólo dos y no aparecen en la grilla de este año: Jorge Rojas y Abel Pintos. Por eso desde la producción se apuesta a que el público asista al festival, más allá de los que canten y toquen. No hay que olvidar que la anterior fue una edición bisagra, luego de la fuerte polémica que generó la cantidad de cantores que subían al escenario cada noche y a supuestos "favores políticos" (llegaron a ser 44 en sólo una jornada de enero de 2014).

Esta edición vuelve a ser de bisagra ya que el cambio de gestión tanto en el municipio como en la conducción del país obliga a tomar otro tipo de decisiones y buscar apoyo económico. Antes de la Navidad llegaron a Buenos Aires el intendente, para conseguir fondos para la ciudad, e integrantes de la Comisión de Folklore para resolver detalles de la próxima edición del festival.

¿Cuáles son las expectativas? "Las mejores -dice Claudio Juárez, quien será el maestro de ceremonias en el escenario Yupanqui desde el próximo 23-. No queremos cambiar las intenciones de nadie, pero nos gustaría que la gente venga al festival, no a ver a un artista. No hablamos de ausencias, sino de presencias y de puertas abiertas a nuevos valores que necesitan de ese gran oído que es Cosquín. Confiamos en que la gente acepte esta programación variada y con grandes retornos, como el de Jaime Torres y Horacio Banegas. Y todo lo que pasa alrededor: talleres, cursos, charlas, el encuentro de poetas con la gente, la feria [Augusto Raúl] Cortázar, los tablados callejeros. Para los cambios generales hemos tenido poco tiempo, pero cada uno de nosotros tenemos un camino hecho en paralelo con el festival."

Juárez dice que para Damián Torletti el trabajo en el festival es un bien de familia. Su padre fue programador de al menos cuatro ediciones durante los ochenta y noventa. Y Damián, que comenzó de chico en diferentes tareas (desde acomodador y utilero hasta director de puestas en escena), ahora es el responsable de la programación artística.

"Queremos que Jaime sea, en la apertura, un emblema y un mensaje folklórico", dice Torletti. "Sin faltarle el respeto a ninguna propuesta artística queremos ver si se puede hacer más folklore arriba del escenario. Nosotros pedimos, sugerimos." Este año se podrá escuchar a un Luciano Pereyra más folklórico (música con la que comenzó su carrera) que pop y al consagrado tanguero Raúl Lavié, con un repertorio de tierra adentro.

Una mirada detallada de las nueve noches arroja una programación interesante. Tendrá días en los que se impondrán los cruces entre músicos, otros en los que reinará el carnaval de diferentes regiones y la cacharpaya, y otras lunas donde el peso estará puesto en los nombres: de figuras jóvenes pero consagradas; en homenajes, como el dedicado a Ariel Ramírez y las celebraciones de aniversarios que harán Soledad y el Dúo Coplanacu, y en el gran cierre de grupos y solistas veteranos (Los Manseros Santiagueños, Los Cuatro de Córdoba, Los Cuatro de Salta, Por Siempre Tucu, Carlos Pino y Vitillo Abalos, entre otros).

Una curiosidad. La noche de cierre, que suele ser la más floja en cuanto a recaudación, es la que este año más entradas ha vendido de manera anticipada. El público de la plaza Próspero Molina no es un tema menor. Este año (y a pesar de la inflación) las entradas más baratas costarían casi un 50 por ciento menos que las del año pasado. Los precios van de 80 a 320.

Desde la Comisión de Folklore se dice que este festival se plantea desde la autofinanciación. "Y tratamos de recomponer los vínculos con artistas y con servicios. Más allá de las deudas, las comunidad artística apoya al festival", dice Torletti, a pesar de que no estén las figuras más convocantes.

"Igualmente -completa-, rescato que con Jorge Rojas establecimos un buen vínculo. Y con Abel... Bueno, no hemos podido hablar con él, algo que consideramos importante. No estoy seguro de que él esté al tanto de cómo el representante manejó la negociación con Cosquín, desde que lo fuimos a buscar en septiembre, con la grilla vacía. Pero Cosquín no es un festival de consagrados. Le tiene que dar espacio a los nuevos valores, generar propuestas artísticas integrales y mantener su identidad. Nosotros no somos los dueños del festival, sólo tenemos hoy la llave de la plaza. Tenemos que ser inteligentes en la gestión."

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