A los 34 años, Soledad Pastorutti dice estar plena en su incipiente madurez. “Lo mejor de mí está por llegar”, avisa. Y reconoce el furor por Pintos: “Abel laburó mucho y tuvo esa claridad y serenidad que yo no pude lograr”, admite.

Fueron muchos años de bombachas de gaucho, botas y poncho. Ahora, cuenta, le gusta lucirse un poco más, mostrar algo, una puntita… Remarca Soledad Pastorutti que es “una mujer”. Los años le sientan bárbaro, aunque al principio, recuerda, parecía un muchachito. Además, como infidencia, dice que quiere estar linda para su marido Jeremías.

Pasa el tiempo; sin embargo, la frescura perdura en la personalidad espontánea de Soledad, quien aún mantiene los rasgos intactos y esa sonrisa contagiosa de aquella quinceañera que irrumpió en el folclore a mediados de los ‘90. “No puedo creerlo. Veinte años ya pasaron... Qué locura. Antes, eso de ‘hace veinte años’ lo decía mi abuela. Me impresiona”, lanza perpleja la cantante de Arequito, hoy de 34 años, casada y con dos hijas.

“¿Sabés? -tira reflexiva-, el otro día pensaba: ‘¿En qué soy una persona constante yo?’. Si todo lo que emprendo queda a mitad de camino, nada lo termino, salvo, salvo -repite- mi amor por el canto y por Jeremías. Pero después, nada más”.

Con Jeremías se casaron en 2007, luego de siete años de noviazgo. ¿Cuál es la fórmula para, siendo tan joven, estar tantos años con alguien? 
_Por empezar, te digo que seguimos enamorados. Entonces, a partir de ahí la cosa es más fácil. Después, tenemos una relación sólida a base de respeto, libertad y tranquilidad. Mi marido mira a otras chicas y está todo bien. Y yo miro a otros chicos y no pasa nada. Reina la confianza.

¿Y qué te pasa a vos cuando ves a otros pibes? 
_(Sonríe y se ruboriza) Miro y comparo. Y saco la misma conclusión: estoy con el más lindo.

Cuenta Sole que, si bien mantiene su electricidad intacta, son épocas de administrar los horarios de acuerdo a las necesidades familiares y profesionales: acaba de presentarse en Cosquín, conduce “Ecos de mi tierra” (TV Pública) y en marzo saldrá su nuevo disco “Vivir es hoy”.

¿Te sentís más grande? 
_Me siento bárbara, estoy empezando una etapa de madurez y disfrute de la música pero desde otro lado. Yo creo que lo mejor de mí está por llegar.

¿Por qué? 
_Porque me siento más completa. Estoy en una etapa de plenitud que, creo, se transmitirá en el escenario, en los futuros discos y también en mis composiciones. Yo creo que el artista vive su ciclo de esplendor entre los 30 y los 40 años. Yo tengo 34 y tengo la certeza de que la gente verá una Soledad más versátil… ¿Y menos exitosa, quizás? Pero también porque la industria discográfica cambió. Nada que ver con lo que se vendía antes. Yo llegué al millón de copias vendidas. Hoy, olvidate.

En este momento más de “mujer”, ¿qué te acordás de aquel Tifón de 16, 18 años? 
_Ufff... Recuerdo a una piba contenta, que no entendía bien todo lo que pasaba a su alrededor, porque tenía la cabeza de una chica, no de una profesional.

Vos tuviste que profesionalizarte a los ponchazos, ¿no? 
_Nunca mejor utilizado, sí... Tuve que educarme y aprender a ser cantante arriba del escenario. Fue durísimo, la verdad...

¿Mucha presión? 
_Una mochila de cemento. Pensá que yo tenía 18 años y gente alrededor, músicos, que vivían de mí. Pero para mí cantar era un juego, yo no tenía la conciencia de que quería vivir de eso.

Casi una inconsciencia...
_Una inconsciencia que me ayudó… Quizás, de haber sido más reflexiva creo que no hubiera llegado.

¿Qué pasaba por tu cabeza? 
_Que todo se iba a cortar de un momento a otro, cuando la gente se aburriera de mí.

Y no se cortó...
_No, de hecho, muchos de mi entorno pensaban que a los veinte iba a estar harta.

Hace saber la cantante que el apoyo de la familia fue indispensable, al igual que mantenerse viviendo en Arequito, lugar que sigue siendo una contención.

Sos locuaz, gesticulás mucho, siempre estuviste “a mil”, ¿Es tu marca registrada? 
_El otro día lo volví a comprobar en Cosquín. Siempre llamé la atención más por mi forma de ser que por mi estilo de canto.

¿Te gusta que suceda eso? 
_Lo tengo re-asumido, pero quiero cambiarlo. Quisiera llamar la atención por mi canto, porque yo amo la música.

¿Sentís que la gente compra el personaje? 
_Totalmente. Asumo que soy un personaje y que se devora a la cantante que quiero llegar a ser.

¿Será más carismático el personaje que la cantante? 
_El otro día estaba cantando. Primer tema, segundo, tercero, aplausos… Empecé a hablar y se armó un despiole... La gente reacciona cuando le hablo.

Decime, ¿estás escribiendo canciones? 
_Qué temita. Yo no soy una defensora de mis canciones. De hecho, no me gusta y me incomoda presentarme como cantautora.

Pero, ¿escribís? 
_Por una necesidad que tengo de decir en el escenario cosas propias. De pronto, me desvelo y en el medio de la noche me surge alguna idea que termina siendo una canción. Pero no soy metódica para escribir.

Abel Pintos nos dijo que componer fue una bisagra para él...
_Abel hace mucho tiempo que viene con bellas letras y melodías, que son el fruto de una carrera más normal, te diría… ¿Qué quiere decir? Abel se cultivó, creció y salió al escenario. Yo no, yo salí con las botas puestas y me las tuve que arreglar con lo que había.

¿Creés que el furor que genera hoy Abel, es lo que te sucedió a vos cuando te convertiste en el Tifón de Arequito? 
_Sí, creo que sí. Cada uno en su tiempo hemos vivido nuestros grandes momentos de popularidad. La diferencia, insisto, es que Abel llegó a su punto culminante mucho mejor parado que yo. El tuvo esa claridad y serenidad que yo no tuve.

Qué “boom” el de Abel...
_Se lo súper merece, es un pibe muy talentoso y ha laburado mucho para llegar a este exitazo.

¿Qué le aporta la maternidad a la cantante? 
_Lucidez, calma, orden y horarios fijos. Antes yo vivía en un completo despiole, dormía hasta cualquier hora y ahora no puedo. También dejé de ser el ombligo del mundo porque ahora la prioridad la tienen mis hijas.

¿Podés controlar que el ego no se vaya por las nubes? 
_¿¡Controlar!? Con un marido como el mío y una familia como la que tengo, no hay posibilidad de ego. Yo termino esta nota y me voy al súper a hacer las compras, me pongo el delantal, las chancletas y a lavar ropa y, luego, a cocinar. Y no se me van a caer los anillos, todo bien...

A los 20 años, decías que “hay que renovarse cuando se deja de ser novedad…”.
_Pienso lo mismo y estoy en ese plan. El artista popular tiene que innovar porque el público siempre te exige más.

Fuente:www.larazon.com.ar Por Javier Firpo - Jfirpo@larazon.com.ar   IMPORTANTE !!! La Folk Argentina , NO tiene responsabilidad alguna sobre comentarios de terceros, los mismos son de exclusiva responsabilidad del que los emite, La Folk Argentina se reserva el derecho de eliminar aquellos comentarios injuriantes, discriminadores o contrarios a las leyes de la República Argentina.

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