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1 de marzo de 2021

Shagrada Medra, impresionismo litoraleño en expansión

Con un catálogo de ochenta discos editados artesanalmente durante tres décadas, el sello cofundado por Carlos Aguirre se transformó en una distribuidora digital durante la pandemia.

A fines de 1992 el pianista y compositor Carlos “Negro” Aguirre regresó a Paraná después de vivir una temporada en Lima, donde trabajó haciendo arreglos para el guitarrista Lucho González, el mismo que acompañó a Chabuca Granda en los setenta, y el mismo que fue pieza fundamental del trío con Lito Vitale y Bernardo Baraj en los ochenta. Tras esa experiencia como arreglador y músico acompañante, se planteó la necesidad de impulsar sus proyectos: alquiló una casa con el flautista Luis Barbiero y el violinista Ramiro Gallo (quien después se mudaría a Buenos Aires para formar parte de la Orquesta El Arranque) y empezaron a crear música juntos.

En esa casa con patio, donde el Negro Aguirre sacaba el colchón en verano para ver las estrellas fugaces, compuso “Los tres deseos de siempre”, una de las obras más conocidas de su repertorio y canción emblema de su debut solista Crema (2000), que definió su sonoridad dentro de la música de raíz folclórica con una voz autoral muy sobria, intimista y de una deslumbrante serenidad.

Ese disco inauguró una trilogía de colores a la que le seguirían Rojo (2005) y Violeta (2008), donde profundizaría una obra de gesto contemplativo –usando la luz y los colores en la música, como los impresionistas franceses lo hacían en sus pinturas– logrando un sonido camarístico para piano, guitarra, ensambles y voz, que lo ubicarían como uno de los referentes más originales de la música popular argentina del siglo 21.

También en esa casa de Paraná, donde convivía con Ramiro Gallo y Luis Barbiero, plantaron la semilla de uno de los proyectos colectivos más importantes de la región: el sello Shagrada Medra. Los tres músicos decidieron crear una editorial musical que difundiera sus trabajos y de otros colegas, ya cansados de recibir el rechazo y la indiferencia de los sellos de Buenos Aires. Todavía no tenían el nombre pero una noche Ramiro Gallo tuvo un sueño. “Entraba en una habitación donde yo estaba tocando en un piano una música mántrica. Ramiro me preguntó en el sueño qué era ese género que estaba haciendo. Le respondí: “Shagrada medra”, cuenta hoy el Negro Aguirre desde Paraná.

Empezaron con cuatro ediciones en casete. En tres décadas el sueño se hizo más grande. Hoy el sello reúne un catálogo de ochenta discos con artistas de Entre Ríos, Chaco, Santa Fe, Misiones, Buenos Aires, Mendoza, Córdoba, Chile y Brasil, que definen un territorio estético y conceptual de la música popular. Cada álbum es una pequeña obra de arte y tiene una dedicación artesanal, desde la forma orgánica de grabar discos hasta los diseños con ilustraciones o troquelados realizados a mano.

Entre sus tesoros musicales están los discos del cantautor rosarino Jorge Fandermole (autor de “Era en abril” y “Oración del remanso”); el álbum del chaqueño Coqui Ortiz haciendo la obra del poeta Aledo Luis Meloni; el trabajo del trío Luz de agua, que musicalizó los poemas de Juan L Ortiz; la última producción que grabó el músico Aníbal Sampayo, una gloria del folclore de los setenta de Paysandú; y el material más reciente del Negro Aguirre, La música del agua, un álbum exquisito dedicado a compositores del litoral, editado en 2019.

La pandemia obligó a una reinvención del sello, que se transformó en distribuidora digital. Ahora todos los discos de Shagrada Medra, que originalmente se conseguían a través de una red artesanal de productores, comunicadores y artistas independientes en las provincias, están disponibles en las plataformas digitales, para que se escuchen hasta en Japón, uno de los consumidores habituales de los artistas del sello. Para acompañar este relanzamiento digital, todos los miércoles, en el canal oficial del sello en Youtube hacen “La hora azul”, un ciclo de escuchas colectivas del catálogo con los músicos que participaron de las grabaciones. “Es un lindo momento para el sello, es un resurgimiento”, dice el “Negro” Aguirre.

–¿En todos estos años cuál fue el hilo conductor de Shagrada Medra?

–El hilo conductor no tiene que ver con un género musical único, porque hay de todo, incluso hay expresiones dentro de la historia del sello en estos 30 años que para nosotros son tesoros como una de las primeras ediciones de la Asociación Litoraleña de Rap, músicos de la Paz y Paraná, que tenían letras con mucho fundamento y muy trabajadas. El común denominador es que los discos tengan en el fondo mucho trabajo previo, que haya una gestación, muy a conciencia, muy paciente. No son discos grabados en una tarde.

–En un punto tus primeros discos solistas fueron un mascarón de proa de Shagrada Medra y te convirtieron en un referente de una nueva movida litoraleña.

–Somos una continuidad de alguna manera, una generación que es un puente entre maestros como Walter Heinze, El Zurdo Martínez, Aníbal Sampayo y Chacho Muller, y la gurisada más chica como el Seba Macchi. A mí me cuesta ese lugar de referencia porque me siento parte, sí reconozco que hay en mí un espíritu “aglutinante”, me gusta generar encuentros. Lo mismo en las bandas con las que toco, me gusta generar nuevos puentes entre personas de distintas edades.

–En tu música también está muy presente lo visual, la pintura, los colores.

–Hay una cosa muy ligada a la imagen en mi música. Hay un detenimiento en contemplar lo cotidiano que me vino por mi papá. Él era médico y un amante de la fotografía. Recuerdo que sacaba diapositivas, ponía un telón y las proyectaba en las reuniones para la familia. Generalmente eran fotos de las flores que cultivaba mi mamá. Por ahí, se gastaba medio rollo en una flor, pero lo que hacía era buscar el punto de vista y la composición. Esa herencia me quedó. En cada composición veo una imagen. Siempre con el músico Seba Macchi hablamos de que nos gusta pensarnos como parte de un movimiento que sería el del impresionismo litoraleño con otros colores, texturas y otra mirada de la región que está unida por los ríos.

–Ese impresionismo litoraleño se refleja en el catálogo de Shagrada Medra y en el sonido introspectivo y contemplativo de tu música. ¿Eso tiene que ver con tu infancia en un pueblo chico como Seguí?

–Reconozco que desde la primera infancia tuve una actitud introspectiva. Eso signó un temperamento más bien contemplativo en mi música y se lo debo a la suerte de nacer y criarme en un ámbito así. Podría vivir en cualquier lado, pero cierro los ojos y la evocación está ligada a ese paisaje particular. Arnaldo Calveyra, un escritor entrerriano de un calibre importante, que era del entorno cercano de Italo Calvino y Julio Cortázar, decía que había vivido desde los veinte años en París, pero todavía con 80 años, cuando escribía regresaba a Mansilla, al pueblo de su infancia.

Selección discográfica

Crema (2000). Carlos Aguirre
​La palabra hecha a volar en el canto (2014). Coqui Ortiz.
​Aguasílabas (2020). Sebastian Macchi Trio.
Sabias (2020). Tere Gonzalez
Camino y selva (2020). Cecilia Pahl y Big Nant

 

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