Jueves 6 de Mayo de 2021

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MUSICA

28 de marzo de 2015

Sólo sé comunicarme a través del idioma de la música

Pablo Malek, concertista de guitarra, profesor, luthier y compositor. Dieciocho cuerdas en lugar de seis. Técnica vanguardista y conciertos ecológicos. Una escuela moderna que busca sonoridades nuevas

Es creador y fabricante –en su taller de Etcheverry- de una guitarra que tiene el mayor registro sonoro del mundo, ya que posee 56 notas. En lugar de seis, sus guitarras tienen dieciocho cuerdas en total, con ocho de ellas internas, que corren por detrás del mango y se meten en la caja en donde resuenan por simpatía. Una sonoridad por momentos interminable se derrama de ellas, cuando el maestro las toca.

Pablo Malek, platense de pura cepa, descendiente de árabes que vinieron primero a Berisso, es algo más que un luthier creativo y empecinado. También es concertista, docente recibido en el Conservatorio Gilardo Gilardi y compositor de una música que fusiona sonidos gestados por Bach, por el hard rock de Deep Purple, por Piazzolla o por el clásico español Francisco Tárrega, sus músicos más admirados.

“Hago música porque es mi medio de comunicarme. No sé relacionarme bien con las palabras, sólo sé hacerlo con la música. Sin una guitarra en las manos, me cuesta expresarme” murmura y es así. En la entrevista la conversación se volvió mucho más fluida, desde que tomó una guitarra en sus manos. “Además, cuando toco no hablo. Digo, no soy de los que hablan en los conciertos, delante del público. Me pone más nervioso hablar que tocar. Y una vez que estoy tocando, ya avanzada la primera pieza, ahí se van los nervios del todo”, dice este hombre en su escuela de guitarras ubicada en la calle 28 cerca de la escuela San Cayetano, casi saliendo del casco urbano.

En su escuela estudian más de cien alumnos, a los que atienden tres profesores, uno de ellos su mujer, María Victoria Burllailer, con la que tiene tres hijos, con sus respectivos nombres mapuches: Nahuel (8), Elián (6) e Ihuén (5). La casa se divide en cuatro salas que llevan los nombres de músicos queridos: Paco de Lucía, Piazzolla, Queen y Tárrega.

De chico vivió en la zona de 31 y 60, un barrio que, por la presencia de avenidas rápidas, “no permitía andar en bicicleta”. Fue hijo de Emilio Angel Malek y de la descendiente de italianos Nilda Mabel Candreva. “Mis viejos tocaron la guitarra como lo hizo mucha gente en aquella época, pero sólo por diversión. No eran músicos profesionales. Pero yo pude conocer la guitarra desde chico, por ellos”. Así que dudó muy poco al elegir la carrera.

“Me definí en el tercer año del secundario, siempre me gustó tocar guitarra. Así que estudié profesorado y concertista de guitarra, recibiéndose en esa doble condición”. Se demora al ser consultado sobre si su preferencia es el folklore, el rock, el tango o la música clásica. “Ayer tuve un recital a dúo con Mario Capristo. Tocamos Adiós Nonino y después La Marcha Turca de Mozart. Me gusta todo, el blues, el jazz, el heavy. No me gusta la especialización, porque ella limita mucho”.

Estos son los guitarristas que prefiere: Juanjo Domínguez, Atahualpa Yupanqui (”menos técnico que Falú, pero más sentimental, más folklórico), Paco de Lucía y el concertista español Andrés Segovia: “Dejó un legado trascendental. Sus grabaciones exponen programas hoy son universales para el estudio de la guitarra”.

La escuela está en La Plata, pero la familia Malek vive en Etcheverry, donde “hay gallinas, pavos y hasta un pequeño laguito. La casa la hice yo, aprovechando que hay allá muchas herramientas pues también tengo el taller de luthier. Así que hice mi casa de ladrillo revestida con troncos, de madera, tipo cabaña”.

¿Cuánto tarda en gestar y alumbrar una guitarra?

“De cuatro a seis meses. Depende de muchos factores, de la humedad por ejemplo”

¿Qué tipo de maderas utiliza?

“Entre las maderas nacionales, la cancharana, la guayabira, el jacarandá nacional y el cedro. Las compro en distintos lugares. Pero también compro muebles viejos, para aprovechar sobre todo el cedro y porque se trata de maderas ya estacionadas. Quiero agregar que soy un cultor de la ecología, de modo que procuro siempre que mis maderas provengan de árboles caídos, no de árboles talados. He conseguido mucha madera de araucarias, de palos borrachos o de primo cipreses que estaban caídas en el Zoo o en el Bosque”

¿Cuánto tiempo de estacionamiento deben tener las maderas?

“De tres a cinco años. Yo las tengo ese tiempo en un depósito”

¿Con quien aprendió el arte de la luthería?

“Con Nemesio Alvarez, él me enseñó la mayoría de los secretos. Lo perdí de vista, lo último que supe es que estaba internado en algún geriátrico, pero no lo pude encontrar”.

¿Cuántos tipos de madera lleva una guitarra?

“Bueno, mire, la guitarra tiene cuatro partes. Una es la tapa, que debe ser rápida en la propagación del sonido, es la que le da volumen y color al sonido. El ideal es hacerla con pino o abeto alemán. Después están el aro y el fondo, que deben hacerse con maderas muy duras para que rebote el sonido. La mejor es el palosanto de la India. Está luego el mango, que conviene hacerlo con cedro porque es de veta larga y por último el diapasón, que debe ser la madera más dura. Yo los hago con quebracho, extraído de durmientes, es decir con cincuenta o más años de estacionamiento”

¿Cuántas horas trabaja por día cuando hace una guitarra?

“Depende, pero digamos que el promedio es de unas doce horas por día. Tomo mate y me concentro en ellas. ¿Qué me gusta más, entre la docencia, la interpretación o la luthería...? Bueno, debe gustarme más la luthería porque los chicos pueden estar conmigo haciendo sus deberes, o jugando en el jardín y yo los cuido desde el taller”

¿Cuanto cuesta una de sus guitarras?

“Bueno, también depende. Digamos que puede salir 3.500 pesos, pero también puede ser más económica”

Usted se está haciendo conocer por su guitarra de diez cuerdas, con ocho del lado de atrás... Pero el español Narciso Yepes hizo una de diez cuerdas hace muchos años y con ella dio recitales por todo el mundo...

“Así es. Pero yo introduje dos o tres variantes. Las cuatro cuerdas más de Yepes son las de tono más grave. Las mías son las cuatro de tonos más agudos. Y en realidad mi guitarra suma 18 cuerdas, de las cuales 8 son resonantes que van por detrás del mango en dos grupos de cuatro y pasan por adentro de la caja de resonancia. Es una guitarra más argentinizada que la de Yepes .”

La gente se sorprende con esta guitarra y, sobre todo, con su exótica guitarra-árbol, cuyo mango termina con un entrevero de hojas verdes...

“Así es, se sorprenden bastante. La guitarra-arbol tiene sobre la caja un tronco de ciruelo seco que encontré en mi casa alguna vez. Es como un emblema de contenido ecológico, es una obra de luthería pensada con ese sentido. Está hecha con madera de árbol muerto, no de árbol talado. Tuve la posibilidad de dar un concierto a beneficio en el Argentino con la guitarra-árbol” y no se pudo hacer por trabas que me presentaron”

Usted tiene diversas presentaciones en radio y televisión...

“Sí, en televisión en el canal 7 y tres canales de nuestra zona. También en varias radios, empecé en Radio Provincia con el programa de Benito Arana y actué mucho en teatros de Buenos Aires, de La Plata, Magdalena, Berisso... Pero... a ver...no me interesa ser famoso...”

¿Podría explayarse un poco sobre este asunto, el de que no quiere ser famoso?

“Mire, yo estudie con un gran maestro, Enrique Berardi. El tenía más de 80 años y me enseñó a usar la PC en composición musical... Todo eso educa a uno... Digo, a lo sumo me gustaría que alguno que viniera de afuera a ver la Catedral, por ejemplo, viniera a ver estas guitarras... ser como un atractivo más, pero no mucho más que eso. A veces alguien me pregunta qué querés hacer, qué querés ser y yo lo primero que digo es que no quiero salir de La Plata, no me gustaría ir dando conciertos aquí y allá. Me gustaría que me conocieran acá, en La Plata, nada más. Siempre quise tocar en el Argentino, pero creo que esa posibilidad ya se perdió”.

En las grabaciones suyas que hay en internet, aparece una que se llama Granja de Bilis...

“Es una obra fuerte... La escribí recién salido del hospital, luego de una operación muy seria que hicieron en el maxilar. Digamos que es una obra de vanguardia, es música contemporánea, es una suerte de identificación con un tumor. Una de las más ricas medicinas chinas es la bilis del oso, entonces internan a osos mucho tiempo en esas llamadas granjas, los confinan ahí, todo para sacarles una parte de bilis. Me impresionó ese tema. Y yo grabé en guitarra ese concierto, cuando aún no me habían retirado la cánula de la boca por la cual me alimenté durante el posoperatorio”.

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El fotógrafo Sebastián Casali vio las guitarras –las de 18 cuerdas; la “Negra” que tiene micrófonos incorporados; la de las ramas verdes en la cumbre del mango, llamada “guitarra-árbol”- y se emocionó. La 5-D Marck 2 de Cannon comenzó a gatillar sin parar. El fotógrafo contó que había estudiado guitarra de chico y en esa casa-escuela, con guitarras esparcidas y colgadas aquí y allá, se entusiasmó. “Pablito” le decía a quien recién había conocido: “Pablito, ponete la guitarra al hombro, como un rockero”. Y el maestro Malek, que no quiere realmente ser famoso, se entregó resignado a la metralla de la cámara

Fuente:www.eldia.com / Por Marcelo Ortale

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