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07/03/2025

De escándalo a gloria, la historia oculta de la Ópera de Sídney

Fuente: telam

La obra enfrentó sobrecostos, conflictos políticos y problemas estructurales que la llevaron al borde del fracaso, pero terminó convirtiéndose en un ícono mundial

>La idea de construir un teatro de ópera en Según informó BBC Mundo, desde su llegada, Goossens promovió la creación de un centro de artes escénicas de primer nivel. Para él, Sídney necesitaba una infraestructura adecuada para albergar conciertos y espectáculos operísticos de gran envergadura. Desde la ventana de su oficina, identificó lo que consideraba el sitio ideal para este ambicioso proyecto: la estación de Este lugar, sin embargo, tenía una historia mucho más profunda. Conocida por los indígenas Gadigal de la nación Eora como Tubowgule, esta zona había sido durante miles de años un sitio de reuniones y celebraciones aborígenes. Su elección no solo respondía a razones prácticas, sino que también añadía una capa de significado cultural al futuro edificio.

A lo largo de la década de 1950, Goossens llevó a cabo una intensa campaña de presión para hacer realidad su idea. Su capacidad de persuasión le permitió captar la atención tanto del Primer Ministro de Nueva Gales del Sur como del Primer Ministro de Australia. Según contó el musicólogo Drew Crawford, en el podcast de la BBC “A Very Australian Scandal” en 2023, Eugene era una de las pocas personas con la influencia necesaria para articular una propuesta de esta magnitud y lograr que el gobierno la respaldara.

Finalmente, convenció al Primer Ministro de Nueva Gales del Sur, Joseph Cahill, de que la construcción de un teatro de ópera transformaría la imagen de Australia a nivel global. Gracias a su insistencia, el gobierno aceptó lanzar un concurso internacional para definir el diseño del edificio, con una única condición: debía ser una obra arquitectónica sin precedentes.

Ese mismo año, el gobierno de Nueva Gales del Sur organizó un concurso internacional para definir el diseño de la Ópera de Sídney. Se presentaron 233 propuestas, pero la elegida fue la del arquitecto danés Jørn Utzon, un nombre poco conocido en ese momento. Su innovador diseño, inspirado en formas orgánicas y marítimas, generó tanto admiración como rechazo.

Las opiniones estaban divididas: algunos lo veían como una obra maestra visionaria, mientras que otros lo consideraban un “monstruo del puerto” o una “carpa de circo en descomposición”. A pesar de la polémica, Cahill impulsó el inicio de la construcción antes de que Utzon terminara los planos definitivos, lo que derivó en problemas técnicos y retrasos desde el principio.

Desde el inicio, la construcción de la Ópera de Sídney estuvo plagada de problemas. El terreno en Bennelong Point resultó ser inadecuado para soportar la estructura, lo que obligó a reforzarlo con más de 550 pozos de hormigón. Esto causó retrasos y un incremento en los costos.

A pesar de esta solución, la obra siguió enfrentando complicaciones técnicas, disputas laborales y sobrecostos que la alejaban cada vez más de su fecha de finalización.

A medida que los costos de la Ópera de Sídney se disparaban y los plazos se alargaban, crecieron las tensiones entre Jørn Utzon y el gobierno de Nueva Gales del Sur. En 1965, con la llegada al poder del primer ministro Robert Askin, abiertamente contrario al proyecto, el nuevo ministro de Obras Públicas, Davis Hughes, comenzó a presionar a Utzon para que presentara planes detallados y justificara los costos.

La salida de Utzon generó protestas, pero el gobierno asignó a un equipo de arquitectos australianos para completar el proyecto. Se modificó el diseño del interior y se descartaron muchas de sus ideas originales. Las obras se extendieron hasta 1973, con un costo final de 102 millones de dólares australianos, 14 veces el presupuesto inicial.

El 20 de octubre de 1973, la reina Isabel II inauguró oficialmente la Ópera de Sídney, marcando el final de una construcción que se extendió por 14 años y costó 102 millones de dólares australianos. Jørn Utzon, distanciado del proyecto tras su renuncia, se negó a asistir. A pesar de las controversias, el edificio se convirtió en un ícono mundial, admirado por su diseño visionario y su impacto cultural.

En 2007, la UNESCO declaró la Ópera de Sídney Patrimonio de la Humanidad, reconociéndola como “una de las obras maestras indiscutibles de la creatividad humana“. Hoy, con más de 10,9 millones de visitantes anuales, sigue siendo símbolo de innovación y perseverancia.

Fuente: telam

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