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27/11/2025

El ocaso de San Petersburgo o cómo la censura estatal afecta la identidad de una ciudad histórica

Fuente: telam

La intensificación de la vigilancia y las sanciones a quienes expresan opiniones contrarias al Kremlin, condicionan el espíritu de una ciudad faro de la cultura rusa

>La librera rusa Lyubov Belyatskaya suspira mientras lamentaba el “clima de ansiedad generalizada” que se ha apoderado de su natal San Petersburgo en medio de la guerra en Ucrania. Alguna vez apodada la “ventana de Rusia a Europa”, la ciudad ha sido durante mucho tiempo la capital cultural del país, un semillero de pensamiento independiente, expresión artística y disidencia subterránea.

El efecto se ve en los estantes de su librería —llamada Vse Svobodny o “Todos son libres”— en el centro de la ciudad. “Cada semana literalmente tenemos que retirar libros por una u otra razón”, dijo Belyatskaya.

Desde que lanzó su ofensiva en Ucrania en febrero de 2022, Rusia ha desplegado todo un arsenal legislativo para silenciar a cualquiera que critique la campaña. Quienes infringen la censura en tiempos de guerra se enfrentan a penas de prisión de hasta una década. Algunos autores —como el fallecido líder opositor Alexei Navalny— están completamente prohibidos.

Otros —aquellos que no son del agrado del Kremlin pero aún no han sido ilegalizados— deben venderse con una enorme etiqueta que los identifica como “agentes extranjeros”. El término de la era soviética se aplica a figuras como Lyudmila Ulitskaya y Boris Akunin, prolíficos escritores rusos ahora exiliados.

El ganador del Premio Nobel Joseph Brodsky fue obligado a emigrar en 1972 tras años de persecución por su poesía inconformista. Fue desde San Petersburgo que surgió el himno de protesta rock “Cambios” —de Kino, liderado por Viktor Tsoi—, que encapsulaba la frustración contenida al final de la Unión Soviética. Y desde 2022, las leyendas del rock de la ciudad Boris Grebenshchikov y Yuri Shevchuk han criticado repetidamente la ofensiva en Ucrania.

Recientemente, los habitantes se han visto sacudidos por el caso de Diana Loginova, una música callejera de 18 años que lleva un mes en la cárcel por actuaciones espontáneas de canciones contra la guerra. Conocida por su nombre artístico Naoko, ha sido condenada a tres penas cortas de prisión consecutivas —por alterar el orden público, desacreditar al ejército ruso y organizar una reunión multitudinaria.

“¿Procesar a alguien por una canción, en serio?” dice Serafim, un estudiante de música de 21 años que acudió al tribunal, junto a otros 20 jóvenes, para apoyar a Loginova en una reciente audiencia.

A pesar de la simpatía, algunos la criticaron por llamar la atención sobre la escena musical subterránea. “Sabían que estaban poniendo en peligro a todos”, después de que publicaron los videos online, dijo un cantante de la ciudad que habló bajo condición de anonimato. “Las autoridades nos ignoraban, pero ahora sé que mucha gente ha dejado de salir” a tocar, añadió.

Pavel, un cantante de 17 años, actuaba junto a uno de los canales de la ciudad. “Ahora hay una represión contra los músicos”, afirma, señalando que las autoridades han comenzado a poner obstáculos burocráticos para dificultar las actuaciones.

Platon Romanov, otro librero que dirige la tienda independiente Fahrenheit 451, dijo que no tiene sentido intentar protestar contra la situación actual. “Solo hay que entender en qué tiempos vivimos. Cantar canciones de músicos prohibidos en la calle. ¿Por qué? ¿Con qué propósito? Es inútil, y es obvio que vendrán y lo cerrarán”, comenta.

Fuente: AFP

Fuente: telam

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