Viernes 30 de Enero de 2026

Hoy es Viernes 30 de Enero de 2026 y son las 12:52 - Estas escuchando LA FOLK ARGENTINA la radio del folklore desde Tigre Bs As Argentina / mail:[email protected] / twitter:@lafolkargentina / fan page:radio la folk

30/01/2026

“El día que entendí que ser fiel no es lo que nos enseñaron”

Fuente: telam

Es mucho mejor tratar de hacernos cargo de nuestras contradicciones que pretender ser “coherentes” y terminar saltando de una relación monogámica a otra: las buenas parejas no perduran porque no hayan tenido crisis, sino porque desarrollaron la capacidad de atravesarlas

>— ¿Te acordás que cuando eras adolescente hubo una época en la que yo viajaba mucho, una o dos semanas al mes? —me preguntó.

—En realidad no estaba de viaje. Me iba a una casa en Olivos en la que vivía con otra mujer de la que estaba perdidamente enamorado.

Hacía un buen tiempo que yo venía llevando, como podía, una doble vida. Estaba casado y tenía una familia hermosa, pero me había enamorado de otra mujer y todo se había ido a la mierda con rapidez. No pude evitar engancharme y después de un par de años de aguantar esa dualidad, decidí poner la verdad sobre la mesa y blanquearle la situación a mi esposa.

Llegó un momento en el que yo había naturalizado no hablar de nada. Charlaba del clima, del colegio de los chicos y de cualquier otro tema que no nos involucrara emocionalmente. Lo que empezó con el afán de cuidar mi matrimonio —al menos hasta que la situación se enfriara o se resolviera de algún modo— nos fue alejando. A veces, proteger debilita.

Después de pensarlo mucho, decidí contarle todo. Fue un terremoto. Yo estaba perdidamente enamorado de otra mujer, pero también sentía que estaba para pelearla con mi esposa. Eso fue lo que le conté a mi padre, que después de escucharme me blanqueó esta barbaridad.

Prendió un cigarrillo y su mirada se perdió por la ventana del bar. Después de un largo silencio, me dijo:

—¿Qué querés decir?

—¿No es una postura un poco cínica?

Me costaba procesar lo que me estaba diciendo. Yo nunca antes había sido infiel. Había tenido una conducta matrimonial ejemplar durante toda mi vida, hasta que a los cuarenta y dos años irrumpió un amor que me llevó puesto.

Mi padre acusó el golpe.

—¿De qué? ¿De que hay que seguir casado a cualquier precio? —le dije, enojado.

Era una verdad demasiado cruda para escucharla toda junta, de golpe, en un momento en el que yo estaba en carne viva.

Permitirte vivir lo que necesitás vivir, sabiendo que dejar a tu compañera por este otro amor es una trampa de tus emociones. La mujer de la que estás enamorado es como el canto de las sirenas, una tentación irresistible que te hace creer que toda tu vida va a ser mejor si te vas con ella, dejando en segundo plano todo el dolor que les vas a causar a tu esposa y a tus hijos. Y lo peor es que si lo hacés, es muy probable que dentro de algunos años termines en un lugar muy parecido al que estás ahora, solo que con un divorcio a cuestas. Hace años, cada vez que las mujeres de nuestra familia recurrían desconsoladas a tu abuela en busca de consejos porque sus maridos las engañaban, ella las escuchaba con paciencia, las contenía, y su única devolución era una pregunta simple: “¿Vuelve?”. Con los años entendí la sabiduría que había en esa palabra. No era cinismo ni resignación, sino compresión de la realidad. Valorar al marido que, a pesar de estar fascinado por el canto de las sirenas de un nuevo amor, elige volver a su casa. Que sigue atado al mástil aunque esté desesperado por tirarse de palomita al mar creyendo que de esa forma va a ser más feliz. La determinación de no tirar todo por la borda, de sentir sin destruir, era lo que tu abuela entendía y valoraba a sus ochenta años, después de haber visto y vivido mucho.

Causé dolor, sufrí mucho, pero no me morí. Aprendí que el deseo puede nublar el juicio, pero la culpa tampoco es brújula.

En el fondo, todos nos aferrarnos a vínculos en los que somos fieles y que se terminan rompiendo solo porque no somos capaces de conciliar las inevitables tensiones de la vida. Y al final, por ese idealismo algo ingenuo nos perdemos lo mejor. Hoy estoy convencido de que es mucho mejor tratar de hacernos cargo de nuestras contradicciones que pretender ser “coherentes” y terminar saltando de una relación monogámica a otra: las buenas parejas no perduran porque no hayan tenido crisis, sino porque desarrollaron la capacidad de atravesarlas.

***

Nos pasamos la vida buscando la relación perfecta y muchas veces destruimos lo bueno por no saber tolerar lo real.

Fuente: telam

Compartir