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18/02/2026

La sobrepesca ilegal de China en todo el mundo amenaza la sostenibilidad de los ecosistemas marinos

Fuente: telam

El crecimiento de la actividad pesquera de largo alcance, respaldada por incentivos gubernamentales, está deteriorando hábitats oceánicos fundamentales y dificultando la protección efectiva de especies y zonas vulnerables

>El impacto ambiental de la pesca industrial china asociado a su expansión global va mucho más allá de la sobreexplotación de recursos: expertos alertan que el masivo despliegue de embarcaciones del gigante asiático, impulsado por subsidios estatales otorgados por el régimen de Beijing, provoca un severo deterioro en la biodiversidad marina y agrava las tensiones geopolíticas, con consecuencias de largo alcance.

Tradicionalmente, la humanidad ha resuelto la contaminación local, como la del aire y el agua, mediante regulaciones y tecnología, sobre todo en países desarrollados. Cuando el daño ambiental es global —como el cambio climático— los acuerdos internacionales enfrentan el dilema de los “polizones”, porque ningún país quiere asumir la carga de una transición cuyos beneficios benefician a otros.

China ha reducido la sobrepesca en sus aguas interiores por razones ecológicas y económicas, incluyendo el control de la erosión y la desertificación, y una mejor conciencia sobre la biodiversidad. Sin embargo, estas políticas contrastan con su accionar fuera del territorio nacional, donde los barcos chinos operan masivamente tanto en aguas internacionales como en zonas económicas exclusivas de países en desarrollo.

Muchas naciones de América Latina y áfrica no cuentan con los recursos estatales suficientes para hacer cumplir sus leyes marítimas, exponiendo sus aguas a flotas extranjeras mucho más fuertes técnica y financieramente.

De acuerdo con Smith, “el mundo está capturando demasiados peces”, mientras que el ritmo de explotación supera al de renovación de muchas especies. Las embarcaciones chinas emplean técnicas destructivas como la pesca de arrastre de fondo, práctica casi abandonada por Estados Unidos y Japón. Esta técnica destruye los fondos oceánicos y mata organismos que no son objetivo de la pesca; su viabilidad se sostiene únicamente por subsidios y exenciones fiscales sobre el combustible que llegan gracias a la estrategia del régimen chino.

En el plano estratégico, aunque China ha comenzado a recortar algunos subsidios en los últimos años, estos recortes han sido lentos y limitados respecto a la actividad en aguas internacionales. Las motivaciones del Estado chino van más allá del interés económico: según explicó Huang Jing, exdirector del Lee Kuan Yew School of Public Policy en Singapur, los pescadores chinos “actúan como personal paramilitar de facto”, sirviendo de herramienta para proyectar poder y sostener las reclamaciones territoriales bajo fachada civil. La presencia conjunta de pesqueros y guardacostas de China ha generado conflictos en puntos distantes como Corea del Norte, México o Indonesia.

Organizaciones internacionales como Greenpeace denunciaron el problema en décadas previas, aunque la presión disminuyó con el tiempo. Solo excepciones, como la ONG internacional de defensa marítima Sea Shepherd, mantuvieron la alerta.

Entre las posibles soluciones se destaca la propuesta de una prohibición mundial de la pesca de arrastre de fondo, “sin excepciones”, medida que solo sería posible eliminando los incentivos fiscales y energéticos que hoy sustentan esa práctica. También se sugiere autorizar que los Estados habiliten a particulares a incautar y vender barcos pesqueros ilegales dentro de sus aguas, en una modalidad comparable al corsarismo histórico, para enfrentar la pesca predatoria cuando los recursos oficiales resultan insuficientes.

Fuente: telam

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