Viernes 3 de Febrero de 2023

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CAMPO

En preñeces que se demoran, se pueden perder hasta 25 kilos por ternero

El INTA relevó que, en la zona de la Cuenca del Salado, la disminución de la proporción de vacas preñadas al inicio del servicio tiene un fuerte impacto en el peso al destete.

En ciclos ganaderos con escasa disponibilidad de agua, es fundamental mantener el estado corporal de los vientres, para alcanzar un porcentaje elevado de preñeces al inicio del servicio. Con una primavera que se demora en llegar, esta situación es más visible.

De acuerdo a un informe del INTA, en la zona de la Cuenca del Salado, observaron que en este escenario, la disminución de la proporción de vacas preñadas al inicio del servicio tiene un fuerte impacto en el peso al destete.

Según un trabajo elaborado por Sebastián Maresca, del INTA Cuenca del Salado, las vacas que se preñan un mes más tarde destetan terneros que pesan entre 20 a 25 kilos menos de lo esperado. En 100 terneros nacidos, representa una pérdida de hasta 2.500 kilos. 

“Más de un 45 % de las vacas llegan flacas al parto; esto genera un retraso en la aparición del primer celo fértil, porcentajes de preñez inestables y disminución del porcentaje de vacas que se preñan al inicio del servicio”, remarcó. 

Y agregó: “Tenemos muchos sistemas de cría sobrecargados que tienen índices productivos muy variables, son sistemas muy vulnerables a sequías por falta de reservas forrajeras”.

 

LOS NÚMEROS DE LA CUENCA DEL SALADO

Con una superficie de 6 millones de hectáreas, la Cuenca del Salado es la zona de mayor concentración de vacas del país.

Sobre un total de 209.309 cabezas relevadas en junio de este año, se determinó que el porcentaje de preñez promedio se incrementó en dos puntos, en relación con el año anterior. Con más de un 50 % de las vacas paridas, en la actualidad la región se enfrenta a una sequía, que podría afectar los índices de preñez del próximo servicio.

La variación climática interanual impacta en la producción ganadera y en los números reproductivos. Para amortiguar esos altibajos, Maresca recomendó una serie de medidas. “Hay que recurrir a herramientas de manejo nutricional y reproductivo para mantener los índices”, indicó.

Entre otras pautas, el profesional recomendó analizar la carga animal y la oferta de forraje. En la mayoría de los casos, explicó que se requiere mejorar la cadena forrajera para estabilizar los índices reproductivos.

Existen diversos factores que influyen directa e indirectamente en la eficiencia reproductiva. El factor de mayor impacto es la nutrición, es por ello que una de las principales variables que los productores deben controlar es el estado corporal de los vientres. El momento crítico para esta categoría es el final del invierno, entre agosto y septiembre.

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