Domingo 23 de Junio de 2024

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MUSICA.

Dante Spinetta en el Teatro Ópera: en el nombre del padre

El músico presentó “Mesa dulce”, su aclamado último disco. Un recital arrollador en el que no se descuidó ningún detalle. El artista se lució tanto en su rol de anfitrión, como cuando desplegó sus virtudes como guitarrista.

Dante Spinetta le propinó anoche una auténtica paliza funky al público que colmó el porteño Teatro Ópera, en la presentación de su disco “Mesa dulce”, su aclamado último disco, con un concierto en donde puso de manifiesto su deuda artística con figuras como Prince y James Brown, a la vez que tendió puentes hacia el presente al evidenciar su notable rol de pionero entre los cultores de los nuevos ritmos urbanos.

Para ello, el músico no tuvo más que mostrar las dos grandes vertientes musicales que exploró durante gran parte de su recorrido artístico, cuando junto a Emmanuel Horvilleur daba vida a Illya Kuryaki and The Valderramas (IKV): el funk, tanto en su faceta combativa como en un plano más sensual; y el hip-hop, al que arribó tras un viaje que inició en el rap.

La primera de ellas marcó el pulso del concierto, desde una descomunal banda que le puso alma a un funcionamiento de relojería; una estética acorde a la celebración de su raíz negra; y la poderosa presencia escénica del protagonista de la noche.

En tanto que Dante abandonó su lugar de hijo de esos ritmos afroamericanos para asumir la paternidad del hip-hop y el rap en la escena local, que cimentó el terreno para la irrupción de los nuevos ritmos urbanos.

La gran evidencia estuvo acaso en la presencia como invitados especiales en distintos momentos de la noche de Ca7riel y Trueno, dos pesos pesado de la escena actual; además de su hija biológica, Vida. No por casualidad, en una entrevista con Télam de diciembre pasado, había manifestado: "Es un orgullo ser parte de la genética de la música urbana argentina".

Todo esto en un vendaval musical que, como si fuera una cachetada tras otra, fue viajando por todo su nuevo álbum, en un paseo que se expandió hacia toda su trayectoria; incluso con una expresa parada en IKV y un momento acústico.

Más allá de cualquier lectura, y sin dudas lo más relevante, es que se trató de un recital sencillamente arrollador, en el que no se descuidó ningún detalle, lo cual permitió a Dante lucirse tanto en su rol de anfitrión, como cuando desplegó sus virtudes como guitarrista. Justamente, solía contar en los reportajes en sus años en IKV que su padre, el célebre Luis Alberto, siempre le reclamaba que tenía que tocar más la guitarra.

Y como se mencionó antes, mucho tuvo que ver en esto la banda, un sólido bloque rítmico conformado por Matías Méndez en bajo, Pablo González en batería, Carlos Salas en percusión, Axel Introini en teclados, Rama Molina en guitarra, Ezequiel Aquino en saxo alto, Lucas Gire en trompeta, Claudio Scolamiero en saxo, Franco Espíndola en trombón y Caterinah en coros.

Todos ellos de estricto violeta, algunos con elegantes juegos de pantalón, camisa y chaleco; en tanto que la corista y la sección de vientos, con túnica; una combinación que contempló la raíz spiritual y la veta más corporal de la música afroamericana. En contraste, el anfitrión acercó aún más el solapado tributo a Prince con un traje de leopardo, un pañuelo negro como vincha y anteojos negros.

El homenaje estético lo completaron una escenografía en dos pisos conformada por andamios sobre la que se repartió la banda; un potente juegos de luces y láser; y una pantalla de fondo que jugó más con efectos visuales que con imágenes concretas, por lo que renunció a replicar lo que ocurría en escena con la banda.

“Bienvenidos al Funky Latin Nation”, anunció una deforme voz como inicio del concierto con el excitante “Rebelión”, uno de los cortes más bailables del disco que originó esta gira que anoche hizo pie en Buenos Aires.

Prácticamente sin intervalos, el repaso por “Mesa dulce” continuó a puro funk, bailable y romántico, con “El lado oscuro del corazón”, “Cruzaremos” y “La movie”. El acercamiento a los ritmos urbanos se produjo con “Tango” y, más simbólico aún, con “Gambito”, en donde hizo su aparición Ca7riel, quien demostró que entre sus muchos talentos también se anotan el de ser un gran cantante.

En el siguiente bloque de canciones, Dante dejó de lado por un momento su última placa para traer algunas canciones de “El apagón”, su disco de 2002, con “Besos y joyas”, “En la mía” y “Olvídalo”, en donde su hija Vida asumió el rol vocal que en la versión original cumplía Julieta Venegas.

“Vamos a tocar un poco de funk. Recuerden que esta sala es legal bailar hasta desmayarse”, dijo –como si antes ya no hubiera habido un tremendo sacudón de este género-, antes de “Deja Boo” y “Humo digital”, un veloz viaje entre su última producción y su debut solista de 2002, con la carga sexual como factor común.

Pero el siguiente bloque de canciones transitó por un terreno diametralmente opuesto, al abordarlo en plan acústico solo con su guitarra. Y allí fue el único momento en donde la herencia musical coincidió con la biológica. En ese plan pasaron “Primer amor”, el hermoso homenaje a su madre Patricia Salazar; “El árbol bajo el agua” y la coreada “Soltar”, en donde hacia la mitad regresó la banda completa.

“Ridículos”, “Mi vida” Y “Supremacía” volvió a subir la intensidad, con la expresa orden al público de ponerse de pie; y preparó el terreno para el viaje retrospectivo hacia los `90 con un bloque conformado por canciones de IKV.

“No soy de esos músicos que renieguen de su pasado, que están enojados por lo que pasó antes. Para estar funkeando así hay que venir funkeando hace rato. Por eso voy a los `90”, anunció mientras, como otra pista más, se iba colgando una icónica guitarra modelo Flying V; a la vez que arrancaba una ovación, seguramente ante el presentimiento que se sucederían clásicos, en este caso, “Jugo”, “Latín Geisha” y “Funky futurista”

“Coolo” extendió el recuerdo de IKV para desembocar en la más reciente “Sudaka”, con Trueno como invitado estelar, en otra de las más elocuentes fotos a la hora de sintetizar el espíritu conceptual que atravesó la velada.

Para el cierre quedó “Mostro” y una descontracturada versión de “Funky Warrior”, con Dante marcando las partes a la banda en plan James Brown y jugando con un pitch para la voz, con la que llegaba a imposibles agudos y caía en graves que emulaban a Barry White, para proponer un contrapunto vocal con el público.

El “Funky Latin Nation Tour” seguirá viaje por otras latitudes pero regresará a Buenos Aires para cerrar el 14 de noviembre su año en el Gran Rex, el “vecino de enfrente” al Ópera, según palabras del propio Dante.

Habrá que prepararse porque ante una cachetada de funk como las que nos dio el exIKV, y será un placer volver a poner la otra mejilla.

(Télam)

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