El girasol atraviesa un momento excepcional. No solo por el avance de una campaña que se perfila entre las mejores de la historia, sino porque el mercado global juega a favor y genera una combinación poco frecuente de alta producción y precios sostenidos.
En términos productivos, las estimaciones privadas y bursátiles coinciden en un volumen cercano a las 6,2 millones de toneladas, con rindes promedio que se mantienen por encima de los registros históricos en varias regiones clave. El dato no es menor: cuando el rinde acompaña y el precio también, la ecuación cambia radicalmente.
Precio internacional en alza y oferta global ajustada
El contexto externo es uno de los principales motores del entusiasmo. La relación stocks/consumo mundial de girasol se mantiene en niveles bajos, reflejando una oferta internacional más ajustada, en parte por la menor participación de competidores tradicionales en el comercio global.
Ese escenario se traduce en valores firmes para el aceite y el grano. En el mercado local, las referencias para posiciones junio-agosto se ubican cerca de U$S 400 por tonelada, mientras que el aceite mostró subas relevantes en los últimos meses.
El impacto ya se percibe en la comercialización: los productores aceleraron ventas y el ritmo supera ampliamente al del año pasado a esta misma altura del calendario.

Más exportaciones y mayor protagonismo argentino
El complejo girasolero viene de cerrar un ciclo exportador histórico. Con fuerte crecimiento en aceite, harina y semilla, la cadena consolidó su presencia en mercados estratégicos y amplió su participación en destinos clave de Asia y Medio Oriente.
Hoy Argentina gana espacio en el comercio mundial, impulsada por volúmenes competitivos y precios alineados con la demanda internacional. En particular, el aceite concentra la mayor parte del valor exportado y explica buena parte del dinamismo del sector.
El girasol dejó de ser un cultivo complementario para transformarse en una pieza estratégica dentro del esquema agrícola.

El caso Córdoba y el cambio de mapa productivo
Uno de los ejemplos más claros del boom es Córdoba. La expansión del área sembrada y los mejores márgenes relativos frente a otros cultivos impulsaron un crecimiento que multiplica varias veces el promedio histórico provincial.
La combinación de mejor precio, menor riesgo climático en ciertas zonas y cambios en la rotación agrícola derivó en un salto productivo sin precedentes recientes.
Con rindes proyectados en torno a los 24 qq/ha y precios atractivos, las estimaciones de rentabilidad mejoran respecto al ciclo previo y fortalecen el atractivo del cultivo.

La gran pregunta: ¿momento irrepetible o nuevo piso estructural?
El interrogante que sobrevuela el mercado es si esta coyuntura representa un pico circunstancial o el inicio de una etapa más sólida para el girasol argentino.
Lo cierto es que hoy confluyen tres factores difíciles de alinear simultáneamente:
volumen alto, precios firmes y demanda externa activa.

Si el clima acompaña en el tramo final de la campaña y el escenario internacional no cambia abruptamente, el girasol podría cerrar otro año para el recuerdo y consolidarse como uno de los grandes protagonistas del agro 2026.

Para el productor, la ventana está abierta. Y no siempre el mercado ofrece una oportunidad tan clara.
Redacción | La Folk Argentina