La escena cultural de San Juan atraviesa horas de profunda conmoción tras la muerte de Ricardo “Chicato” Sánchez, uno de los músicos más influyentes de la provincia y un verdadero arquitecto del sonido cuyano contemporáneo.
El artista, de 65 años, falleció luego de complicaciones derivadas de una cirugía coronaria realizada en el Hospital Rawson. En los últimos meses había enfrentado distintos problemas de salud, situación que había movilizado a colegas, amigos y seguidores en una fuerte cadena de acompañamiento.
Más que un intérprete, “Chicato” fue un músico integral. Su formación junto al maestro Renato Ligutti le permitió desarrollar una mirada amplia y sin prejuicios estilísticos. Dominaba la flauta, los teclados y la guitarra, y supo moverse con naturalidad entre el folklore, el jazz y el rock, en una época donde esas fusiones no eran habituales en la región.
Integró y dejó su sello en proyectos fundamentales como Villicum, Aire Flamenco y Sauzal, aportando arreglos y una identidad sonora que elevó la vara artística local. También fue sostén musical de voces destacadas como Claudia Pirán y Susana Castro, acompañando procesos creativos que hoy forman parte del patrimonio cultural sanjuanino.
Quienes compartieron escenario con él lo recuerdan como un artista de sensibilidad única y una visión adelantada a su tiempo, siempre dispuesto a experimentar y a empujar los límites del folklore tradicional sin perder raíz.
Su fallecimiento generó un inmediato aluvión de mensajes en redes sociales, donde músicos de todo el país destacaron tanto su excelencia técnica como su calidez humana. Para muchos, Sánchez representaba el puente entre la tradición y la modernidad, un creador que entendía la música como un lenguaje sin fronteras.
Hoy, San Juan despide a uno de sus referentes más respetados. Pero su obra seguirá viva en cada escenario, en cada alumno que formó y en cada canción donde dejó su impronta.
La cultura pierde a un músico. El folklore pierde a un innovador. Y la provincia, a uno de sus nombres imprescindibles.