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El grito eterno de un pueblo: a 101 años del nacimiento de Horacio Guarany, la voz que jamás se apagó
Foto: Daniel Forneri
El 15 de mayo de 1925 nacía una de las voces más inmensas y representativas de la cultura popular argentina. Cantor, poeta, actor y símbolo eterno del folklore nacional, Horacio Guarany transformó el dolor, las luchas y el sentimiento del pueblo trabajador en canciones inolvidables que siguen vivas en la memoria colectiva y en el corazón profundo de millones de argentinos.
El folklore argentino no podría entenderse jamás sin su voz. Sin esa manera ronca, profunda y visceral de cantar como quien viene de pelearle a la vida desde el monte, desde el barro y desde las entrañas mismas del pueblo trabajador. Hace 101 años nacía Horacio Guarany, el hombre que convirtió la música popular en una bandera de resistencia, identidad y memoria colectiva.
Nacido como Eraclio Catalín Rodríguez Cereijo el 15 de mayo de 1925 en el norte santafesino, cerca de Guasuncho e Intiyaco, Guarany llegó al mundo rodeado de hacheros, quebrachos y pobreza. Fue hijo de un trabajador correntino de raíces guaraníes y de una inmigrante española, creciendo en una familia numerosa donde el esfuerzo era parte de la vida cotidiana. Aquella infancia dura marcaría para siempre su manera de sentir y de cantar. Porque Guarany nunca cantó desde la comodidad: cantó desde las heridas del pueblo.
Durante su juventud llegó a Buenos Aires buscando abrirse camino mientras sobrevivía trabajando como foguista, cocinero y estibador. Por las noches, entre bares y pequeños escenarios de La Boca, comenzaba a aparecer esa voz inconfundible que con el tiempo se transformaría en una de las más importantes de la historia del folklore argentino. Su irrupción en la radio fue un impacto inmediato. No tenía una voz perfecta ni buscaba parecerse a nadie. Su canto sonaba a tierra, a pueblo y a verdad.
Con canciones inmortales como “Si se calla el cantor”, “Caballo que no galopa”, “Guitarra de medianoche”, “Puerto de Santa Cruz” y tantas otras obras fundamentales, Horacio Guarany logró convertirse en el cantor de los trabajadores, de los peones rurales, de los humildes y de todos aquellos que encontraban en sus letras una forma de sentirse representados. Su música no era solamente folklore: era identidad popular, memoria y resistencia.
Su figura quedó unida para siempre al Festival Nacional de Folklore de Cosquín, donde se transformó en uno de los artistas más ovacionados y queridos por el público. Cada vez que subía a un escenario parecía detener el tiempo. Tenía una presencia inmensa, una mezcla de fuerza, sensibilidad y verdad que atravesaba generaciones enteras.
Pero su vida también estuvo marcada por la persecución y el exilio. Durante los años más oscuros del país fue amenazado y censurado por el contenido social de sus canciones. Debió abandonar Argentina y vivir lejos de su tierra durante varios años, aunque jamás dejó de cantar ni de defender aquello en lo que creía. Porque para Guarany, el arte siempre fue una forma de luchar por los olvidados.
Además de cantor fue actor, escritor y poeta. Publicó libros, protagonizó películas emblemáticas y recibió innumerables reconocimientos que terminaron de confirmar lo que el pueblo ya sabía hacía décadas: que estaba frente a un artista irrepetible.
Horacio Guarany murió el 13 de enero de 2017, pero hay voces que no conocen el silencio. Porque siguen vivas en las guitarreadas, en los festivales, en las radios populares y en cada argentino que alguna vez sintió un estremecimiento escuchando una de sus canciones.
Porque como él mismo escribió alguna vez: “Si se calla el cantor, calla la vida”. Y la vida, gracias a Guarany, todavía sigue cantando.
Redacción: La Folk Argentina
