La artista actuará el viernes y el sábado en la Peña de Los Alonsitos. Contó que todavía no está confirmada en la grilla de la Fiesta del Chamamé.

ENTREVISTA A LA DUEÑA DE UNA DE LAS GRANDES VOCES DEL CHAMAME Ella está enferma, los dolores la obligan a cantar sentada y aunque el panorama parece desalentador no está asustada. “Soy una sobreviviente, así que no le tengo miedo a nada”, asegura a El Litoral Ofelia Leiva, una de las voces más privilegiadas del chamamé. Sencilla y encantadora pero al mismo tiempo firme y categórica cautiva por la pasión con que interpreta cada una de las canciones de su repertorio. Más correntina que el yacaré, la artista decidió dejar su provincia hace muchos años con la pretensión de llevar el chamamé a oídos a donde nunca había llegado, pero entiende que la tarea todavía no está del todo cumplida, “Yo creo que el chamamé aun no está llegando como debería ser, falta presencia en los grandes festivales nacionales”, dice y al mismo tiempo reconoce: “Me equivoque cuando decidí dejar de ir a Cosquín, hoy entiendo que las luchas se hacen desde adentro”. Con el recuerdo intacto de Rosendo su eterno compañero de vida y de sueños, Ofelia llegó esta semana a Corrientes para participar el viernes y el sábado de la quinta edición de la Peña de Los Alonsitos. Lo que sigue es apenas un extracto de una charla de casi una hora en las oficinas de este matutino.   Usted es uno de los íconos del chamamé, ¿A qué atribuye eso? Yo creo que tiene que ver con mi vocación. El amor a la música y el deseo de dejarla en los mejores escenarios del país como se merece. Porque durante muchos años no fue bien escuchada, había cierto desprestigio a nuestra música y para mí eso siempre fue un gran dolor, porque es la cultura de un pueblo, una cultura que abrazan muchas provincias y entonces fue una fijación para mi dejarlo en los mejores escenarios del país como se lo merece. Por otra parte, esto de perdurar tiene que ver con la insistencia de cada uno, y también la gente hace que uno perdure, porque nosotros cantamos para la gente, cantamos el sentimiento del correntino traducido en canciones, entonces lo que produce la gente nosotros lo transformamos en música. Yo canto desde los 8 años y desde ahí supe que tenía una vocación inquebrantable y sin dudas es inquebrantable, porque tuve muchas cosas que me pudieron hacer de-sistir y no lo lograron. Aprendí también que la música es sanadora. Yo desde muy chica tuve muchos problemas de salud pero nunca me enojé, nunca protesté, puse la mejor cara, aprendí a vivir con mis problemas y aprendí a ir a diferentes lugares.   ¿Cree que hoy el chamamé dejó de ser resistido? Yo creo que el chamamé todavía no está llegando como debería ser. Falta presencia chamamecera en los grandes festivales nacionales. Yo estuve este año en los 40 años de Varadero (desde el año 1989 que vamos a Varadero) y yo era la única chamamecera en las 5 noches, eso contesta tu pregunta. Varadero es el festival de la música popular, ahí están todos los géneros, pero el chamamé es el que menos presencia tiene porque folkloristas van muchos, y chamameceros vamos pocos. Yo te pongo un ejemplo y después ustedes pueden ver lo que pasa en los festivales nacionales.   ¿Este es el caso de Cosquín por ejemplo? Bueno, yo dejé de ir por eso. Yo no voy a Cosquín por una decisión mía. Equivocada quizás, porque nosotros hicimos 20 Cosquines con Rosendo y no es poca cosa, pero me di cuenta de que el chamamé cada vez era menos, y a mí me ofendió y entonces dije “no vengo más, mientras ellos no respeten mi chamamé” así que la última vez que estuve fue en el 2000. Volvieron a llamar y yo no quise ir, pero hoy pienso que quizás fue un error, yo tendría que haber seguido con la presencia porque las cosas se pelean de adentro.  El chamamé debe ser la música folklórica con más diversidad porque tenés para escuchar conjuntos, dúos, trío, cuartetos, solistas, hay muchos estilos entonces en un festival de 9 noches podes tener tres o cuatro estilos cada noche. Sin embargo son tres o cuatro a lo largo de 9 noches. Pero realmente estoy convencida de que me equivoqué, me enoje porque me sentí ofendida, pero me equivoqué en no haberlo peleado desde adentro. Porque Rosendo era cordobés y fue revelación de ese festival, tenían mucho respeto por lo que hacíamos, entonces no fue por una cuestión contra nosotros. Igualmente yo sigo desde otro lugar pidiendo que esos grandes festivales tengan más presencia chamamecera. Nosotros estamos grandes, ya hicimos lo que hicimos, pero hay tanta gente joven que hace tan bien las cosas, tantos chicos que estudian, se preparan, son respetuosos y no tienen el espacio que deberían tener.  Sabemos que acá nuestro lugar lo tenemos, pero es como vender naranjas en Paraguay, sabemos que acá vamos a tener la aceptación porque es nuestro folklore, es nuestra música, nuestra historia nuestra idiosincrasia.   ¿Fue difícil el desarraigo? Yo realmente sufrí mucho el desarraigo, yo amo estar acá, ir y pararme frente al río que extraño tanto. Tan es así que traje a mi marido acá al río, en la Arazaty está Rosendo, se enojaron los cordobeses pero el amaba ese lugar. Así que en verano cuando veo que se llena de jóvenes y música pienso que el debe estar feliz porque le encantaba. Está en un lugar donde amaba. Es una cosa muy fuerte, porque cuando yo me desarraigo de acá fue con la pretensión de llevar mi música a oídos que no había llegado.   ¿Usted llevó a Rosendo al chamamé? Yo no digo eso porque él era un cantor de música folklórica, era un muy buen vendedor de discos, era una figura en la discográfica de ese momento porque él tuvo el espaldarazo de los Sábados Circulares de Mancera. Pero a él solito le empezó a gustar el chamamé, empezó a escuchar mucho chamamé, se hizo amigo de muchos chamameceros, no de músicos sino de chamameceros (porque no somos chamameceros solo los músicos sino todos los que gustan del chamamé). Yo no le dije que cante chamamé, porque él era una figura nacional, y no le iba a faltar el respeto a mi marido de ese modo. Pero un día él me dijo “no quiero cantar más solo”, él me propuso hacer el dúo y me dijo “cantemos chamamé” y le dije “¿pero vos vas a tirar todo lo que hiciste para empezar de cero?” Y me dijo “si, el chamamé vale la pena”.   ¿El fallecimiento de Rosendo marcó un quiebre en su vida? Si. Porque a mí no se me murió mi compañero el que me hacía la segunda voz, se me murió mi marido con quien yo formé una familia cuando tenía 18 años y el 22. Nos casamos acá en la Iglesia Nuestra Señora de la Merced, un sábado 26 de julio del año 69. Entonces a mí se me muere mi compañero de vida, y encima, el que soñaba igual que yo. Era verdaderamente mi otra mitad.   ¿Como fue subir a un escenario la primera vez después de eso? Resulta que Rosendo falle-Pasa  a la pagina 16 viene de la pagina 15 ce un 30 de abril y el 25 de mayo nosotros teníamos dos presentaciones en Buenos Aires. Una de esas presentaciones llevó otro grupo, pero para la otra que era en Pacheco me pidieron que yo fuese sola, y me sorprendió y dije: “No sé qué hacer” y realmente era algo que siempre hablábamos con Rose mientras tomábamos mate y decíamos que un día alguno iba a faltar, entonces nos preguntábamos que íbamos a hacer y siempre la respuesta era “nacimos cantores así que vamos a seguir cantando”, y pasó. Por suerte los músicos me dijeron que si, o sea que yo a los 25 días del fallecimiento de Rosendo me paré y canté. Ahí canté algunas bien, otras canté con llanto y así fue. Un grupo enorme de amigos y familiares me acompañó ese día y cuando empecé “todo el mundo a cantar, no dejen de zapatear…” que es el tema preferido de todos mis nietos todos lloraron y esa parte fue muy fuerte.   Conoció a los grandes del género. Si tuviera que identificar al chamamé con uno de ellos ¿a quién elegiría? Don Tránsito Cocomarola. Fue un adelantado a todo su tiempo, a todos nosotros a todo. Fue mágico. Cocomarola fue lo más grande y tuvimos la suerte de tenerlo y yo no quiero que nadie se enoje porque hubo un Ernesto Montiel también maravilloso y tuve la suerte de compartir con don Isaco Abitbol y tenerlo en mi casa y escuchar sus anécdotas y fue tan querible, el se quería mucho con Rosendo. O sea compartir con toda esa gente es un orgullo, por ejemplo con Salvador Miqueri a quien yo le canté desde mi más tierna infancia igual que a Osvaldo Sosa Cordero. Canté también con Salvador hace dos años, eso fue para mí tocar el cielo con las manos. Hubo muchos, pero Cocomarola se adelantó a él mismo. Los más grades dúos tuvo Cocomarola y cuando se le daba la gana hacía tríos, el era un innovador permanente. La otra gran abanderada del chamamé es Ramona Galarza, así como te nombre a don Tránsito Cocomarola, tengo que decir que la mujer más grande que tuvimos en el chamamé es Ramona Galarza. Nos representó en los lugares más importantes de nuestro país y de otros países. Ramona llevó el chamamé a Estados Unidos, a Francia, Japón, fue grandiosa de verdad. El chamamé tiene una gran calidad de compositores, ellos dieron tanto a nuestra música, tanto a nuestra cultura, tenemos que ser agradecidos. Yo no compongo y entonces me pregunto que hubiera sido de mí si no encontraba a esa gente para seguir cantándoles. Yo canto mucho de Teresa porque me encanta me siento identificada, yo lloro con “Elvira Yeho”, “La que regresa”, “Cielo de Mantilla”, “El cielo del Albañil”, yo creo que Teresa es otro momento del chamamé y bueno después con Mario muero.   Justamente con Mario Bofill está preparando un show para la Peña de Los Alonsitos ¿no? A mí me invitaron Los Alonsitos, Arielito Báez me llamó cuando hicieron “Estudiante del Interior” en La Trastienda, ensayaron en mi casa de Bernal allá en Buenos Aires y fue para mí hermoso y cuando se dio la posibilidad de la peña, Arielito otra vez me llamó y me dijo que quería que venga para hacer lo mismo que en La Trastienda donde tuvimos un lleno total. Es un show hermoso porque Mario despliega todo lo suyo. Mario es otro groso, con Bofill haces las dos cosas, te reís y lloras. A mí no me falta mientras tomo mate a la tarde Bofill en el aparato de música. Y el sábado canto yo sola con parte de mi grupo.   ¿Por qué está actuando menos que antes? Porque empecé con mis problemas de salud. Yo tuve como una negación a irme a diferentes lugares porque estaba con bastantes problemas. Entonces en este tiempo aprendí a que mi salud está primera. Si mi salud me lo permite, yo hago el esfuerzo. Tuve propuestas durante el año de todos lados. Ahora a la peña no le pude decir que no porque yo a Corrientes vengo por otra cuestión, yo acá vengo a cargar las pilas, vengo a la casa de mis amigos Pilo y Camencha que es como estar en mi propia casa, eso ya es una cosa emocional muy importante.   ¿Para la fiesta del chamamé tiene algo especial preparado? Estoy en conversaciones por la fiesta todavía. No me confirmaron, estoy en una pequeña discusión por ese tema.   Hoy hablamos de los históricos del chamamé. ¿Y si tuviera que hablar de los jóvenes, a quienes nombraría? Hay chicos que hacen bien las cosas. Pero por ahí hay grupos que los escucho y cuando los quiero volver a escuchar medio que se dispersaron, no tienen quizás la constancia, no se cual es el motivo, no sé si será falta de trabajo. Alan Guillén me parece que es un buen valor. Después hay una generación linda de escuchar. Además, acá hay un valor en el acordeón que se llama Agustín Monzón, yo el día que escuche por primera vez a Agustín quise hablarle y no pude porque se me caían las lagrimas. Lo cobija mucho Niní Flores, por algo será. Esto no se tiene que terminar y la única manera de que esto no se termine es darle espacio a estos nuevos valores. Esta cantando muy lindo Jorgelina Espíndola, si ella tiene la vocación va a ser imparable. Si ella está contenida va a llegar lejos porque ahí hay materia prima. Y lo mismo digo de Franco Perroni, otro de los valores que promete.

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