Los registros restaurados de los grandes del folclore argentino se verán por primera vez en el Festival Escenario, el ciclo de cine documental y musical.

Un engranaje audiovisual que comenzó en la mente de Julio Serbali con apenas un Winco a pilas, se terminó convirtiendo en uno de los registros más importantes de la historia cultural del folclore argentino. Pero eso es solo un pilar de lo que significa el archivo de Cine Press, que también cuenta con sucesos de la historia del cine, de la política y de la televisión del país. Un tesoro escondido en la Provincia de Córdoba que, de a poco y a lo largo de los años, se está recuperando.

La novedad, en este sentido, viene de la mano de la música popular argentina y la segunda edición del Festival Escenario, organizado por Gabriel Patrono e Iván Wolovik, con apoyo oficial. Allí se presentará por primera vez un material recientemente restaurado del archivo histórico de Serbali donde se podrá evidenciar la primera aparición audiovisual de Mercedes Sosa y la última actuación en Cosquín de Atahualpa Yupanqui. Y hay más: Jorge Cafrune, Jairo, Sandro, el Cuarteto Zupay.

Detrás del silencio hay videos

Nadie lo sabía pero la actuación de Atahualpa Yupanqui en la edición de 1990 del Festival Cosquín sería la última en ese escenario que, a esa altura, se llamaba igual que él. Si bien el trovador de corte zen falleció en mayo de 1992, no pudo asistir a las ediciones de 1991 (trasladándose de Córdoba a Cosquín se descompuso y se suspendió el show) ni a la de 1992 (aunque estaba anunciado en la grilla, se quedó en Europa porque sería premiado por el gobierno alemán). Se puede acceder a su set corto de 1989 a través de YouTube, pero hasta el momento no había registro de aquel último show de 1990 donde no superó los diez minutos de vivo.

Yupanqui en la edición del Festival Cosquín de 1990, con su traje azul y su pelo engominado a los 81 años.Yupanqui en la edición del Festival Cosquín de 1990, con su traje azul y su pelo engominado a los 81 años.

En el video inédito está Yupanqui vestido de estupendo traje azul y peinado a la gomina. Se escucha la respiración del cantor mientras arma un arpegio para encarar “Hermanito del mundo”. El registro cuenta con varias tomas –y planos– de Yupanqui. El más impresionante es el que lo toma de espaldas con una luz de frente, que parece la luna, y la plaza Próspero Molina colmada y callada. En la canción, Don Ata se preocupa por su “querido hermanito”, receptor de los versos, compañero sideral de los caminos, y luego asegura: “Detrás de las palabras hay un sentido”.

Así recuerdan los periodistas Santiago Giordano y Alejandro Mareco aquella actuación en su libro Había que cantar… (Una historia del Festival Nacional de Folclore de Cosquín, en 2010): “Atahualpa ya era un vocero del universo, que había trascendido más allá de todo lo que se incluía en el folclore y sus circunstancias de gritos y palmas”. Cuando termina el set, Atahualpa le da dos besos al traste de la guitarra. Algo sabía.

La redacción del diario digital cordobés Día a Día recuerda sobre el debut de Mercedes Sosa en Cosquín: “Con un vestido prestado, recién abandonada y con un crío chiquito. Solita con su tristeza y su bombo. Empujada por Cafrune, el galopiador contra el viento, La Marta cantó “Derrumbe indio” en 1965 y la Próspero Molina se vino abajo”. Dicen que dicen que alguien opinó: “Parece una sirvienta”.

Jorge Cafrune en su presentación de 1966, una de sus últimas imágenes en vivo.Jorge Cafrune en su presentación de 1966, una de sus últimas imágenes en vivo.

Gracias a la liberación de este archivo, se completa una parte de la historia del folclore: la imagen de aquella primera Mercedes Sosa. El video que saldrá a la luz forma parte de las intervenciones iniciales que hacían desde Cine Press. Clips promocionales de cada artista luego de su paso por el escenario mayor. Para la mayoría de los artistas representaba la primera imagen audiovisual de su carrera, así fue también para la cantora de Tucumán. Y de arranque se diluye ese prejuicio estético de “sirvienta”.

Sostenida por un frondoso árbol, se la ve a La Negra Sosa de piel intacta y un hermoso corte carré. Su pelo siempre negro y su timidez permanente, como la oscuridad del mundo antes de que el sol pegue una nueva vuelta. Canta “El cosechero” de Ramón Ayala envuelta en un chal y protegida por un leve pañuelo de seda.

El video inédito de Cafrune de 1966 es una de las últimas imágenes del trovador con vida. Mientras canta “El orejano” (unas de las canciones prohibidas durante la dictadura militar) arriba de su caballo, se ven de fondo las sierras de Cosquín. No se mueve su sombrero mientras cambia de tonos en su guitarra acústica. Un sombrero que se comió todo aquel sol y hoy descansa en la casa de su hija, Yamila. Al caballo lo mantienen quieto un grupo de adolescentes y niños que miran fascinados tanto al ejemplar como a Cafrune y al aparato que los está filmando.

“Solía prestarle atención a sus performances, sobre todo porque era chico y Cafrune representaba algo heroico para un pibe del interior. La vez que entró a caballo por el pueblo (Cosquín) armó un revuelo bárbaro. Se tuvo que bajar e irse en auto. Al caballo se lo llevó un asistente”, recuerda Guillermo Byrne, historiador y músico nacido en Córdoba y habitué de aquellas primeras ediciones del Festival de Cosquín.

Asegura, también, que con ese mismo caballo subió al escenario en otra edición. Lo recorrió arriba del animal de punta a punta, se bajó, se sentó en una silla y “se cantó todo”. Arriba de un caballo Cafrune también moriría luego de que una camioneta lo arrollara en el camino hacia Yapeyú, Corrientes.

El video de Jairo con apenas 15 años de edad a la orilla del lago de Parque Sarmiento juega con el aroma de la sintonía de El Club del Clan más que con el folclore que se vivía en esa región. Pasa lo mismo con la actuación de Sandro en el Interior de Córdoba, en Río Ceballos, en 1970. La diferencia allí radica en la mixtura del perfil de un Sandro masivo y muy reconocido en la cultura pop de esa época y el inicio de la carrera de un cantor como Jairo que, a priori, continuaría durante varios años en España y Francia. La unión, por supuesto, está dada por la intención del Festival Escenario: música popular argentina.

Por último, el video del Cuarteto Zupay filmado en 1974 es la clara demostración de que en los mayores apogeos de la tradición del folclore siempre hubo, también, modernidad. Ahí están los cuatro hombres muy cercanos a la onda beat, urbanos con cemento y bohemia, y un canto coral con la fuerza de un tronco centenario. Interpretan “Si Buenos Aires no fuera así” (Eladia Blazquez) apoyados en un piso de baldosas blancas y negras como si fueran Los Almendra del folclore argentino.

Kilómetros de cintas por descubrir

“A mi padre nunca le prestaron atención desde la institucionalidad” dice Viviana Serbali, hija de Julio, abogada y heredera del archivo. Asegura que si bien el equipo de Cine Press y la productora tenían un lugar construido para el archivo, aún hay mucho por hacer. Rodrigo Alabart trabaja desde hace años en el contexto de la herencia cultural de Serbali. Es el nexo de la producción artística, además, con los productores del Festival Escenario. Alabart asegura que, además de los cincos videos de música popular que se verán por primera vez en el Festival, hay más de 500 por restaurar, kilómetros de cinta por descubrir.

Los directores artísticos del Festival Escenario, Wolovik y Patrono son también cineastas. Ellos fueron los que decidieron ir al encuentro del archivo de Serbali y desarrollar una tarea activa en la reinserción del gigante dormido. “Siempre pensamos en el festival no solo como un espacio de muestra de lo nuevo, sino también como un espacio para el rescate y discusión sobre el valor del archivo, la falta de implementación de políticas acordes desde el Estado y la importancia que tienen los archivos privados en un contexto así”, cierran sin antes afirmar que el trabajo de restauración de archivo, tanto de Serbali como de otros que lleguen al festival, seguirán circulando por la vida del proyecto de manera activa.

No es fácil dimensionar lo que está por ocurrir pero el folclore –ese género con tantas falencias de datos y registros– ahora tiene una nueva voz capaz de reconstruir los momentos más importantes de su historia.

Homenajes

Además de ser el primer festival de cine documental y musical en el país, la búsqueda estética de sus organizadores es amplia y desprejuiciada. En esta segunda edición, que se llevará a cabo del 10 al 30 de octubre, se presentarán 19 películas de 5 países en la sección oficial, 4 rescates y 4 homenajes, además de entrevistas en vivo con los artistas. Y entre la grilla, la música popular tendrá un lugar protagonista.

Más allá de la gran producción de rockumentales que se desarrollaron en los últimos años, Escenario proyectará películas como Espíritu inquieto (biopic musical del montevideano Gustavo “Príncipe” Pena), Tambor o pelota (sobre la vida del fundador de La Orquesta de Tambores), El canto del tiempo (protagonizado por Tonolec), Madre baile (historia del Cuarteto y de su creadora Leonor Marzano), la película restaurada de Zuhair Jury, El piano mudo (sobre el pianista Miguel Ángel Estrella), y la versión recuperada de Balada para un Kaiser Carabela, de Fernando Spiner, con música y actuación de Luis Alberto Spinetta, junto a un archivo hitórico de Almendra, entre otras propuestas. 

La programación estará disponible en Cont.ar con acceso gratuito.

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