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NOTICIAS DEL FOLKLORE

27 de marzo de 2021

Peteco Carabajal cumple 65 años, repasa su rica trayectoria y toca con su hijo Homero

La gira de los 100 pueblos pasa este fin de semana por Buenos Aires, con el proyecto Riendas Libres, que el compositor santiagueño comparte con sus hijos

Pasaron treinta años desde que publicó su primer disco. El primero como solista (Encuentro, 1991). Porque, en realidad, sus primeras grabaciones son de la primera mitad de la década del setenta, con Santiago Trío. Peteco Carabajal cumplirá 65 el 25 de mayo próximo y es un gran referente de la música de raíz folklórica, aunque a veces para muchos el término referente quede reservado para los de más de 80 o para los que ya no están entre los mortales. Como dice una de sus canciones, “Arde la vida”, le ha cantado a todo. O casi. “Quiero cantar palabras que expresen mundos, miradas inocentes, atardeceres. La soledad, el miedo y las esperanzas. Encuentros, emociones o despedidas”. Hace tres años dejó de ser solista y volvió a ser “compañero” de grupo, rol que él mismo define, en Riendas Libres, trío que formó con su hijo Homero Carabajal y con Martina Ulrich (media hermana de Homero). Y hace unos meses, pandemia mediante, volvió a salir a la ruta, para tocar con los protocolos vigentes, para no más de 200 personas, en una gira denominada de los 100 pueblos. Este sábado, es el turno de Buenos Aires, a las 21.30, en el Teatro El Nacional.

"Yo voy dejando notas sobre las piedras, entre las telas suaves por el camino. Solo algunas me las guardo, las que hice mías, las que llevan con ellas mis pensamientos. Lo demás va quedando en las horas, en las infinitas melancolías. Todo va transformándose a cada instante como un fuego chispeante, arde la vida"

 

Nació en 1956, en La Banda, Santiago del Estero, y forma parte de uno de los más destacados clanes del folklore argentino, Los Carabajal. “Cuando me piden una definición sobre mi mismo, digo que soy raíz y flor. En el medio está el cuerpo”. Y lo cierto es que Peteco llevó siempre la tradición consigo, la raíz, cada vez que experimentó con algo nuevo. Puede detenerse en los mojones que serán en su historial cada uno de los grupos en los que participo, hablar con mucho cariño de sus discos en solitario, y valorar el presente de Riendas Libres.

Conversar con él un 24 de marzo es un doble ejercicio que apela a la memoria, por la conmemoración nacional y por la proximidad a sus propios aniversarios. “Tenemos que ejercitar la memoria y las ganas de tener memoria. De conocer la historia y ser consecuentes con eso. Es un día que uno debe ir incorporando en el sentimiento, tomarlo como un día querido dentro de estas fechas.”

Riendas libres: Homero Carabajal, Peteco Carabajal y Martina Ulrich

Riendas libres: Homero Carabajal, Peteco Carabajal y Martina UlrichPrensa Peteco Carabajal

Y en cuanto a fechas, pasaron tres décadas de su primer álbum en solitario que, curiosamente, se llama Encuentro. Por otro lado, la gira que hace con Riendas Libres es como un volver a empezar, desde abajo, ante públicos reducidos. “Ha sido una decisión importante. No es solo una idea. Es un estado -asegura-. Yo vengo madurando cosas y haciendo balance de lo hecho y para mí era necesario volver a ser un compañero, hacer las cosas desde ese lugar y he tenido la suerte de coincidir con la maduración artística de Homero y de Martina. Y eso fue un regalo de la vida. Como jugar con los hijos y llevar ese juego al plano profesional y laboral. Por eso la satisfacción. Lo disfruto. En cuanto a mi comienzo como solista, al principio del año noventa, cuando el grupo Santiagueños [Peteco, Juan Saavedra y Jacinto Piedra] se separó, al poco tiempo Jacinto falleció en un accidente. Y León Gieco me venía preguntando ya desde el 83, más o menos, en qué momento yo iba a cantar lo mío. “Porque todos cantan tus canciones menos vos”, me dijo. A mi no me entusiasmaba la idea. Pero la asumí. Pienso que ahí ha venido tal vez el crecimiento personal más fuerte. Cada trabajo ha sido un mojón. Encuentro es un trabajo que le gusta a casi todo el mundo. Lo tienen como ‘el’ disco de mi carrera. Pero ¿Y Borrando fronterasHistorias popularesAndando y Arde la vida? Cada tanto aparecen personas que recuerdan todos estos. Cada trabajo tuvo un sonido. Incluso, hubo músicos que se destacaron. Andando es Juan Carlos Marín con su bandoneón; Arde la vida es Víctor Carrión con vientos; Borrando fronteras y Memoria de amor es el piano de Marina Abalos, y en cada uno de ellos las voces de Roxana y Graciela [Carabajal]. Hace algunos años pude haber seguido en una inercia de trabajo pero sentí que ya había hecho lo suficiente y di un paso importante al volver a ser integrante de un grupo [Riendas Libres]. Como solista ya estaba. El último disco, Los caminos santiagueños para mí es un disco maravilloso. Está el despertar con la guitarra eléctrica de Homero junto al aire de Jorge Cumbo. La genialidad de Jorge Cumbo. A partir de ahí tuve un tiempo de menos tocadas. Y todo lo que conocíamos del formato disco se empezó a terminar. Creo que uno no sabe cómo manejar un repertorio hoy, para que llegue a tiempo y sea escuchado.

  Peteco Carabajal y Riendas Sueltas | Flores y Chacareras

-¿Cómo surge la posibilidad de hacer estos shows con protocolo y recorrida por pueblos y ciudades?

-Porque los músicos, en diciembre del año pasado, estábamos en la lona, sin trabajar desde febrero ni posibilidad de hacer festivales en este último verano. Ningún festival. Y justo me llamó Martin Sueldo, representante de Raly Barrionuevo y amigo nuestro. Pensó que lo que hacíamos era ideal para su proyecto Volver al ritual y la gira por los pueblos. Y le dije que sí. A medida que fuimos tocando le empezamos a encontrar un sentido a la idea. Cada vez estamos más seguros y contentos de haber aceptado la propuesta. Porque no es fácil sumarte a la idea de otro. Lo bueno es estar abierto a lo nuevo, a lo que pasa rápido y uno puede aprovechar. Después de 22 actuaciones, creo que nos adecuamos a la realidad. Aunque antes cobráramos 10 y ahora 1. Aunque antes cantáramos para miles de personas y ahora para 80, 100 o 200 a lo sumo, y en condiciones diferentes: micros, camionetas, guitarra y bombo. Sin batería, bajos ni guitarras eléctricas. Y no por eso la propuesta deja de tener peso y jerarquía. La estrella es el repertorio.

-¿Cuál es el lugar que te toca dentro del trío? ¿El de la experiencia?

-Estamos viviendo intensamente todo. Hasta lo que nos depara este tiempo que nos tiene tan mal. No olvidemos el año de encierro, que recién estamos saliendo, que nos exponemos mucho. Y que no veo la hora que me llegue el turno de la vacuna. La vida paró para nosotros. Ya no somos los mismos. En el trío aporto la experiencia, aunque cuando tocamos con Homero siento que es una sola guitarra, pero de 80 cuerdas. Una vez, en México, un hombre hablando de nosotros, dijo: “Si uno está en el precipicio viene el otro y lo salva”. Y es un poco eso. No me ha pasado ni me va a pasar con otra persona. Me pasa con Homero. Creo que estamos tocando de una manera nueva en el género chacarera. En realidad, la chacarera es la de siempre, pero la tocamos como un juego entre los dos. Un rasguido que no lo ha hecho ni mi viejo. Es lo mío con la energía joven de ellos.

-¿Te impulsan a seguir buscando cosas?

-No sé si sigo buscando. Tal vez siga encontrando. Me gusta experimentar, pero desde la tranquilidad, desde otro conocimiento. Además, en este momento estoy repartiendo mi vida en otras cosas. A mi manera, como siempre, sin oficina, sin carpeta ni anotaciones. Con todo en la cabeza. Una de ellas es un vivero temático y museo virtual con la cultural asociada a mí, que es aquello que la música popular trae como información, desde Andrés Chazarreta hasta nuestros días.

-¿Podés hacer una síntesis de tu historia con la música popular, con esos mojones que comienzan en el trío que formaste a principios de los setenta con Shalo Leguizamón y Roberto Carabajal?

-Sí, Santiago Trío, una total inconsciencia de mi parte [se ríe]

Según pasaron los años

Santiago Trío. Estaba muy condicionado por la situación socioeconómica y en ese tiempo no tenía muchas luces [larga una carcajada]. El único patrimonio mío era que el sonido del conjunto lo producía yo. En la manera de cantar, los arreglos. Nunca lo había hecho. Así empecé a armar tres voces sin disonancias, con acordes naturales. Pero, a la vez, ese sonido creo que era novedoso. Creo que eso, y el repertorio, es lo que se puede rescatar del Santiago Trío. Fue un grupo que lo pondría de ejemplo de cómo éramos los jóvenes de ese momento. Que fue distinto al de Soledad, Abel Pintos o Luciano Pereyra. Antes ser joven no significaba nada. Nosotros por ser jóvenes no andábamos perdidos en no saber que cantar. Lo teníamos a Yupanqui, a mi papá ¨[Carlos Carabajal], a Daniel Toro, a Víctor Heredia, Los Hermanos Diaz, a Trullenque, a Cacho Valles, a Agustín [Carabajal], a Jaime Dávalos y Falú, con “Las golondrinas”. Era lindo que no te tuvieras que adjudicar tonteras para cantar porque eras joven. Había que cantar en serio, no hacerte el chiquito.

Los Carabajal. Entramos al grupo con Roberto. Nunca sentí que tuviera que hacerme cargo de una herencia. Al contrario, éramos felices de andar juntos los cuatro –Cuti, Kali, Roberto y yo- en el primer auto que compramos, llegar a los festivales, cosa que no me había pasado con Santiago Trío. Con Los Carabajal hicimos cinco giras por todos los festivales del país. Y ahí se forjó mi experiencia como compositor. Tenía 22 o 23 cuando escribí las primeras melodías. Se las hice escuchar a mi papá. A él le gustaron las de “Mi abuela bailó la zamba”, “El embrujo de mi tierra”, “Puente carretero”, “El campo te está esperando”, “A don Ponciano Luna”. Todas esas las hice con mi viejo. Él la letra, yo la música. O a veces él me mandaba un pedacito de las estrofas y yo las terminaba. Y en esos años pusimos a Los Carabajal en un lindo lugar, que marcó una tendencia en los repertorios. Nosotros grabamos. [”Como pájaros en el aire”] Las manos de mi madre, en 1984, o “Digo la mazamorra”, “Perfume de carnaval”, que eran todas nuevas. A los meses ya iban apareciendo otras grabaciones. De Alfredo Ábalos, de Los Tucu Tucu, de Mercedes Sosa, de Chango Nieto. Eso fue lo mejor para mí como autor.

Los Carabajal

Los Carabajal

MPA. “Fuimos Verónica [Condomí], el Mono [Izarrualde], Jacinto [Piedra], el Chango Farías Gómez y yo. Pero creo que era mi juntada con el Chango lo que se tenía que producir. En 1982 conocí a Úrsula, una chica austríaca con quien me relacioné y tuve a mi hijo Juan, que vive en Austria. Era una mujer muy culta, muy europea, pero interesada por la cultura americana, la poesía, la música y la historia. En su casa conocí el mundo de la música clásica pero también un disco de Chango Farías Gómez, con Manolo Juárez y Marián Farías Gómez, Contraflor al resto. Y Úrsula me dijo que yo me tenía que juntar con ese hombre. Pero Chango todavía no estaba en la Argentina [vivía en Europa]. No sé qué tanta atención le presté en ese momento. Pero nos conocimos en el 83 y al año siguiente lo invité a grabar con Los Carabajal. Después me invitó a su casa, un día que estaba el Mono. Creo que fue la primera vez que toqué de una manera completamente distinta de lo que conocía en el ambiente folklórico. En ese ambiente las zapadas se hacían de otra manera. Esta era una dimensión especial. Tocamos hasta la madrugada. Y al tiempo Chango me citó para encontrarnos una tarde. Fui con Jacinto Piedra. Resulta que el lugar era una sala de ensayo donde estaban Chango, el Mono y Verónica Condomí. Ninguno de los tres conocía a Jacinto. Ni siquiera de nombre. Pero a los diez minutos Jacinto estaba cantando “Te voy a contar un sueño”. A la media hora teníamos cinco o seis temas casi armados. Chango nos invitó a una actuación que él tenía en Córdoba. En el Teatro San Martín fue la primera vez que tocamos juntos, sin ser todavía MPA. Al regreso, Chango nos puso como ejemplo la MPB y dijo que podríamos llamarnos Músicos Populares Argentinos, MPA. A todos nos gustó.”

 

MPA. Rubén "Mono" Izarrualde, Jacinto Piedra, Peteco Carabajal, Chango Farías Gómez y Verónica Condomí

Santiagueños. “Ha sido un gesto para con nuestro lugar, y para con su historia, además de una inyección que, creo, hasta el día de hoy se sienten los efectos. Nosotros [Jacinto Piedra y Peteco] que estábamos en Buenos Aires con MPA, no digo triunfando, pero sí haciendo bien las cosas, volvimos a la provincia, a empezar desde allá. Eso tuvo muchos reconocimientos, sobre todo de los jóvenes. Incluso en las escuelas y los barrios. Y tenía algo integral con la danza. Juan Saavedra volvió de Europa, con toda una mística que ha contagiado con el baile a todo el país. La voz de Jacinto llegaba a un punto muy fuerte. Si MPA fue su despegue, Santiagueños su consolidación. Éramos muy simples, casi básicos en nuestro sonido. No había más que guitarras, bombo y, a veces, violín. Dos voces y un repertorio fuerte con cosas nuevas. Nos dimos el gusto de hacerlo bien santiagueño”.

La Juntada [Peteco y Raly Barrionuevo junto a Roberto Cantos y Julio Paz del Dúo Coplanacu]. “Para mí fue un proyecto superador. Incluso de MPA, aunque era otra cosa. De vivir las dos experiencias, fue superadora porque no había un líder, aunque pude haberlo sido naturalmente. Casi siempre pasa en un grupo que uno tira una idea, otro trae otra distinta y después hay que ver con cuál nos quedamos. En La Juntada pasaba que Roberto decía que le gustaba como nombre La Juntada y ese quedaba. Listo. Ningún conflicto. En eso digo que fue superador. Y musicalmente, muy grosso. Porque además de nosotros cuatro, también se juntaba por primera vez la base de Demi [Carabajal] en la batería y el Mono Banegas en el bajo. Te partían la cabeza. Muy fuerte musicalmente”.

La Juntada: Raly Barrionuevo, Roberto Cantos, Peteco Carabajal y Julio Paz

La Juntada: Raly Barrionuevo, Roberto Cantos, Peteco Carabajal y Julio Paz

Carabajales. (Musha, Kali, Cuti, Roberto y Peteco Carabajal) Es la felicidad completa. Para mi es lo mejor. Y ni te digo el disco sobre el Martín Fierro [Carabajales cantan el Martín Fierro]. Aunque el destino la puso difícil. Es una joya única, lástima que no fuimos amigos de los curas, como Ariel Ramirez [se refiere al éxito de La Misa Criolla y luego se ríe de su propio comentario]. Cuti musicalizó el Martín Fierro de una manera gloriosa. Fue importante grabarlo porque surgió de la familia. Estábamos los cinco en óptimas condiciones cuando lo grabamos. Hicimos un gran disco. Pero durante el gobierno de Macri, ¿a quién le íbamos a pedir algo? Y el año pasado hablamos para ver si lo podíamos presentar a lo grande, que es lo que la obra se merece, en algún lugar como el CCK, pero vino la cuarentena. Ojalá que lleguemos a presentarlo en algún momento. El Tributo a Carlos Carabajal también lo considero un gran trabajo donde se junta repertorio, voces, instrumentos, arreglos novedosos fuera de los cánones de los grupos vocales. El repertorio de mi viejo que está en ese disco es de lo mejor.

Carabajales: Musha, Peteco, Cuti, Kali y Roberto Carabajal

Carabajales: Musha, Peteco, Cuti, Kali y Roberto Carabajal

-¿Qué te queda a vos como intérprete? ¿Sentís que le cantaste a todo lo escrito en “Arde la vida”?

- Siento que sí y que hay que seguir cantándole a esas cosas. Uno debe encontrar un punto de vista a partir de la motivación. Hace poco hice una canción que habla, justamente, de la canción. ¿Cuántas veces se le habló a la canción? Yo encontré una posibilidad más. Una vez me pidieron una definición sobre mi, sobre mi música y mi vida. (La Nacion)

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