Aunque acaba de sacar un disco nuevo, en homenaje a Chabuca Granda, lo que mostrará esta noche y mañana en Café Vinilo será otra cosa: canciones de la guardia vieja, junto a su hermano Raúl, Majo Lanzón y Juan Avilano. “Es un repaso de mi vida”, señala.

Juanjo Domínguez acaba de sacar un disco, bellísimo, en honor a Chabuca Granda. Diez temas de la peruana de Cotabambas pasados a lenguaje instrumental, a través de su fina y versátil guitarra. Pero lo que va a mostrar esta noche y la de mañana a las 21 en el Café Vinilo (Gorriti 3780) no es eso. No es el primer disco de una saga que, bajo los mismos cánones estéticos, contempla también a Alfredo Zitarrosa y a Los Beatles, sino una rémora. Un conjunto de tangos que lo anuda afectiva y musicalmente a su hermano Raúl –también violero– y que incluye a Majo Lanzón, en voz, y a Juan Avilano, en guitarrón. Giro sorpresivo, entonces: Juanjo sacó un disco nuevo pero va a mostrar otra cosa. Algo que abrigó bajo un simple título: Recuerdos. “Es un repaso de mi vida... hace cuarenta o cincuenta años yo tocaba tangos con mi hermano, y le dije ‘loco, vamos a hacer algo de eso para despedir el año’. Yo creo que será por única vez”, arranca el guitarrista de los mil estilos, que esta vez enfocará sus cuerdas en joyas de la guardia vieja. En “La guitarrita”, “Unión Cívica” y “El Cencerro”, entre ellos.

–¿Van a tocar exclusivamente tangos viejos?

–Es probable que aparezca algo de jazz o algo de folklore, pero nos vamos a sumergir principalmente en esos tangos tan significativos para mí y para “La llave” (así le dice a su hermano) porque esto, más que nada, es una cuestión afectiva. No sólo es para gusto del público, sino también para gusto nuestro. Vamos a compartir las alegrías y las emociones entre todos, quiero decir.

Disco nuevo por un lado, y conciertos por otro, entonces. Fiel a su estilo “siento, luego hago”, Juanjo deja para otro momento el estreno en público de las diez piezas que conforman Juanjo interpreta a Chabuca, desde las clásicas e inevitables “Fina estampa”, “La flor de la canela” y “José Antonio” hasta “Pobre voz”, “Coplas a Fray Martín” y “Ese arar en el mar”. “El de Chabuca es un disco que tenía pensado hace rato, porque en los conciertos siempre toco algo de ella, pero nunca había tocado tanto junto, por eso me había prometido este disco. Siempre tuve un gran respeto y una gran admiración por la señora y sus temas, que para mí son apasionantes. No tienen golpes bajos, están creados con mucha musicalidad y las letras tienen un contenido real, porque ella casi siempre escribía pensando en personajes reales: ‘José Antonio’ o ‘La flor de la canela’ ¿no?... siempre me sentí identificado con esos temas. Cada vez que toco algo de ella siento como un bálsamo espiritual, una cosa inexplicable. Es como cuando toco algo de Gardel”, sostiene Juanjo, que ha llenado casi cincuenta años de música con veinte discos propios –el último fue Volver en guitarra–, ciento treinta como acompañante de otros, giras por el mundo y cruces en vivo con Andrés Calamaro, Rubén Juárez, Raúl Barboza o Luis Salinas, entre varios más.

–Debe ser muy intensa esa “necesidad espiritual”, ya que esas letras que usted menciona como claves en los temas de Chabuca no aparecen en las versiones que hace usted...

–Sí. Por eso le busqué la vuelta para musicalizarlos, sin que pierdan su esencia. Todos los temas tienen un concepto musical muy parecido en sus formas y especialmente me encanta la musicalidad que tienen “Quizás un día, así”, o “Fina estampa” ¿no?, que se maneja con tres notas y, sin embargo, tiene un movimiento impresionante, que no te cansa aunque lo toques 20 minutos seguidos.

–Esta austeridad musical que en ningún sentido niega la belleza, ¿también la encontró en Lennon-McCartney y en Zitarrosa, los homenajeados que siguen?

–Sí. Incluso grabé los tres discos juntos, en el mismo estudio y con la misma intención al momento de tocarlos. Cuando grabé el de Los Beatles se lo hice escuchar a mi viejo, un tanguero rabioso de 90 años que no sé si sabe quiénes fueron ellos. Se lo hice escuchar y me dijo: “Qué lindo es esto, qué musicalidad...” y bueno, todos los discos de la serie los hice con esa intención: que le guste al que no lo conoce, y al que sí, que le guste más (risas). Por eso los tres están tocados igual, con la misma intención, con la misma idea conceptual.

–¿Por qué Zitarrosa, puntualmente?

–Porque, igual que con Chabuca, en mis espectáculos siempre hacía una milonga o un candombe de él. Me gustaba su finura en el escenario. El tipo se paraba y alrededor se formaba un abanico con sus guitarristas que lo identificaba como cantor ¿no?, y los temas también. Fíjese que las milongas parecen todas iguales, sin embargo tienen un vuelo musical tremendo. “Milonga de ojos dorados”, “Truco, no”, en fin.

–¿Y qué significan Los Beatles, como para que también les dedique un disco entero?

–Marcaron una época. Una época impresionante. Hay temas como “Yesterday” o “Blackbird” que tienen un vuelo alucinante. No eran ningunos tontos para hacer eso y para marcar un momento como lo marcaron. Hice ese disco con todo respeto, y con toda admiración, por supuesto. De otra manera, al menos para mí, hubiese sido imposible.

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