Miércoles 29 de Junio de 2022

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CAMPO-

“Si no hacemos data science, no vamos a ir muy lejos en la ganadería nacional”

En una jornada a campo del IPCVA, el experto del INTA, Aníbal Pordomingo, habló sobre los beneficios de medir cada vez más y mejor los indicadores productivos. Un caso testigo de mejora de la eficiencia.

Mejorar la eficiencia fue uno de los ejes que atravesó de manera transversal la jornada a campo que realizó el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) en el establecimiento El Oratorio, de Villa Mercedes (San Luis), y de la que participó Infocampo.

Una de las disertaciones estuvo a cargo del coordinador nacional del Programa de Ganadería del INTA, Aníbal Pordomingo, quien enumeró algunos de los beneficios que se logran por ajustar los procesos de medición.

El Oratorio pertenece a la empresa La Tregua, del productor Daniel Bovetti, que según Pordomingo posee “la base de datos más grande del país en relación a la cantidad de toros y hembras evaluados”.


Allí, por ejemplo, midieron los beneficios de los acortamientos de los servicios de las vacas a 70 días y cómo eso ayuda a mejorar varios indicadores, como un elevamiento de las tasas de preñez, una mayor longevidad de las vacas y una mejor respuesta de las mismas a los procesos de inseminación.

Otros datos que mencionó Pordomingo fue, que de los estudios realizados, se determinó que el 79% de los novillos que ganaron peso más rápido eran hijos de las vacas que tuvieron servicios cortos, lo mismo que el 81% de los ejemplares que culminaron la terminación a corral 10 días antes que el resto.

Análisis de datos

“El efecto de las decisiones que se toman en la cría no se reflejan solo en generar más terneros, sino también en productividad futura”, subrayó Pordomingo.

Pero consideró que eso es imposible si no se hace ganadería de precisión en base al análisis de datos.

“Hay un nuevo paradigma en los modelos de crecimiento. Antes se hablaba de primero genética, después sanidad y por último manejo. Ya no, ahora hay que hacer todo junto, una integración de las disciplinas, cambiar los paradigmas y lo más importante es tener datos para convertirlos en información y conocimiento. Si no hacemos data science no vamos a ir muy lejos en la ganadería nacional”, enfatizó.

Mirando la eficiencia

Por detrás de Pordomingo, fue el turno de Leticia Yanson, una asesora privada de un establecimiento de producción de carne que hace un ciclo verdaderamente completo: no solo cría, recría, engorda y termina, sino que también faena y abrió su propia carnicería.

Según la experta, esto de llegar hasta el último eslabón de la cadena es lo que les sirvió para hacer cada vez más eficiente la producción y, por ende, el resultado económico.

“Abrir la carnicería nos ayudó a mirar el animal desde adentro, su composición desde la entrada al corral. Los productores tenemos que involucrarnos más en saber qué hay debajo del cuero”, expresó.

A tal fin, realizaron un trabajo de investigación que incluye una ecografía de la carcasa del animal y la identificación del Área de Ojo de Bife (AOB), que para Yanson es el indicador fundamental para conocer la calidad del ejemplar. “Es la predictora fundamental de los animales con mejor aptitud carnicera”, resumió.

Datos comparativos

En concreto, Yanson señaló que midieron los resultados de tres novillos que llegaron al proceso de faena con un peso vivo similar (unos 370 kilos), pero con un AOB diferente.

El primero tuvo un AOB de 75, con un peso carcasa de 218 kilos que se transformaron en 170 ya en cortes para el público. El segundo, un AOB de 55,8, 207 kilos y 147 kilos, respectivamente. El tercero, un AOB de 43, 192 kilos y 131 kilos.

Es decir, que los dos novillos con menos AOB rindieron 11% y 17% menos que el que alcanzó el máximo indicador.

El mismo estudio se hizo con ejemplares más pesados (entre 415 y 420 kilos “vivos). El primer bovino, con un AOB de 80, generó 256 kilos en peso carcasa y 199 kilos en carne para la venta. El segundo, con un AOB de 76, 244 kilos y 186 kilos. El tercero, con un AOB de 55, 226 kilos de peso carcasa, pero apenas 158 kilos de cortes minoristas, porque se tuvo que desechar mucha grasa.

“El último novillo rindió casi la mitad que el primero. Si lo calculamos en dinero, el novillo con mejor AOB dejó $ 205.820 en la carnicería, contra $ 190.253 del segundo y $ 164.276 del tercero”, remarcó Yanson.

Cuarto trasero

Pero desde su punto de vista, hay que adicionar un factor extra: los novillos con mejor AOB también generan una mayor producción de carne en los cuartos traseros, que son los que tienen mejor valor.

Del primer novillo se extrajeron 88,5 kilos del cuarto pistola, con un valor de venta de $ 102.036. Del segundo se obtuvieron 76,2 kilos ($ 87.801) y del tercero, 64,7 kilos ($ 75.062).

“En dos jaulas de 40 novillos, los que tienen un área de ojo de bife de 80 significan un valor de $ 8,24 millones; los que tienen un área de 55, $ 6,65 millones. Son $ 1,6 millones de diferencia”, explicó Yanson.

Desde su punto de vista, eso deja dos enseñanzas: primero, que la pérdida productiva de la cadena por engrasar de más es mucha. Segundo, que es un error apurar la faena de los novillitos, porque en el proceso de terminación es cuando más aumentan el AOB. (Infocampo)

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