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Astor Piazzolla, el pulso eterno que vuelve a sacudir al Teatro Colón

El repertorio musical selecciona obras cumbres y menos conocidas de Piazzolla, Foto (Gentileza de Prensa)
El Teatro Colón se prepara para abrir sus puertas a una experiencia escénica y musical que no homenajea: interpela. Astor Piazzolla vuelve al centro de la escena con una obra que recorre su genio, su rebeldía y su legado.
El Colón como territorio de riesgo y memoria
El Teatro Colón se convierte en escenario de una propuesta artística que se anima a ir más allá del homenaje clásico. Astor, Piazzolla Eterno propone un recorrido vivo por la obra y el pensamiento de Astor Piazzolla, entendiendo que su música no fue un punto de llegada, sino una ruptura permanente.
Desde el inicio, la puesta plantea una atmósfera que dialoga con el presente. No hay reconstrucción museística: hay tensión, movimiento y búsqueda. El Colón late distinto, porque la obra no se limita a recordar, sino que reactiva el espíritu inconformista del compositor.
Un Piazzolla múltiple, contradictorio y vigente
La figura de Astor Piazzolla aparece desdoblada, fragmentada, reconstruida desde distintos lenguajes. Música, palabra, cuerpo y escena se entrelazan para mostrar a un creador complejo, apasionado y muchas veces incomprendido.
El relato no esquiva los conflictos: la resistencia que generó su obra, el choque con las tradiciones más rígidas del tango, el desarraigo y la obsesión creativa. Todo convive en una narración que avanza como su música: con quiebres, silencios y explosiones.
Dirección y creación: una mirada contemporánea
La puesta cuenta con la dirección de Emiliano Dionisi, la dirección musical de Nicolás Guerschberg y la dirección artística de Tato Fernández, un equipo que aborda el universo piazzolliano desde el respeto, pero también desde el riesgo.
La escena no ilustra la música: la discute, la expande, la resignifica. Cada decisión estética acompaña una idea central: Piazzolla no se explica, se siente. Y esa sensación atraviesa toda la obra.
La música como columna vertebral del relato
Con una selección que dialoga entre piezas emblemáticas y climas menos previsibles, la música funciona como el eje narrativo del espectáculo. El bandoneón, las cuerdas, el piano y las voces construyen paisajes sonoros que reflejan el espíritu de un artista que escribió más de dos mil obras y cambió para siempre la historia del tango.
No hay números aislados: todo forma parte de un mismo pulso. Cada acorde empuja la escena hacia adelante, construyendo un viaje emocional que conecta al público con la esencia de Piazzolla.
Cuerpo, escena y emoción
El movimiento y la presencia escénica ocupan un lugar central. La danza no acompaña: narra. Los cuerpos expresan lo que la palabra no dice, lo que la música insinúa, lo que la historia calla.
La obra trabaja con contrastes: quietud y explosión, armonía y disonancia, orden y caos. Como la vida misma de Astor Piazzolla, que nunca aceptó límites cuando se trató de crear.
Un legado que dialoga con el presente
Astor, Piazzolla Eterno no mira al pasado con nostalgia. Mira al presente con preguntas. La obra interpela al espectador actual y le propone pensar qué significa hoy romper estructuras, arriesgar, crear sin pedir permiso.
En ese sentido, el espectáculo se vuelve profundamente contemporáneo. Piazzolla no es recuerdo: es impulso. Y esa idea atraviesa cada escena.
El Colón y una deuda simbólica
Hay algo poderoso en que esta obra tenga lugar en el Teatro Colón. Durante años, la música de Piazzolla fue resistida por los espacios más tradicionales. Hoy, ese mismo escenario se abre para celebrar su obra en toda su complejidad.
No como una consagración tardía, sino como una afirmación: la música que se anima a incomodar es la que perdura.
Una experiencia que invita a quedarse
La propuesta se presenta como una experiencia integral, pensada para ser vivida con los sentidos abiertos. Astor, Piazzolla Eterno convoca a quienes conocen su obra y también a quienes llegan por primera vez, ofreciendo un recorrido intenso, sensible y profundamente humano.
En el corazón del Colón, el pulso de Astor Piazzolla vuelve a sonar. No como eco del pasado, sino como latido presente que sigue marcando el camino.
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