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Retenciones en la cuerda floja: el Gobierno mide el costo fiscal antes de avanzar con otra baja

El presidente Javier Milei fue claro al señalar que la continuidad en la reducción de las retenciones dependerá de la evolución de las cuentas públicas. Voluntad política existe, pero la restricción fiscal sigue condicionando cualquier decisión.
La discusión sobre las retenciones volvió al centro de la escena política y económica. En la antesala del inicio de sesiones ordinarias circularon versiones sobre posibles anuncios para el agro, pero finalmente no hubo novedades concretas.
El motivo es claro: la restricción fiscal.
Los números más recientes de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) muestran que la recaudación por Derechos de Exportación atraviesa un período de debilidad sostenida. Se trata del quinto mes consecutivo de caída interanual en términos nominales, un dato que en el actual esquema de superávit fiscal no pasa desapercibido.
Un ingreso que perdió peso
Durante 2024, los DEx representaron en promedio el 4,6% de la recaudación total. En los últimos meses, esa participación cayó al 2%.
El retroceso responde a dos factores centrales:
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La baja de alícuotas, especialmente en soja, maíz y trigo.
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La estrategia oficial de establecer retenciones cero temporarias para acelerar liquidaciones y sumar divisas anticipadamente.
Esa combinación permitió oxígeno cambiario en el corto plazo, pero dejó un vacío en los ingresos fiscales posteriores.

El dilema del superávit
El Gobierno construyó su narrativa económica sobre la base del equilibrio fiscal como ancla central. En ese contexto, resignar ingresos sin una compensación equivalente implicaría profundizar el ajuste en otras áreas o arriesgar presiones inflacionarias.
Por eso, aunque desde la Casa Rosada insisten en que la reducción de retenciones forma parte del rumbo ideológico del Presidente, la decisión concreta depende de la evolución de las cuentas públicas.
Voluntad política existe; margen financiero, todavía no.
La soja como variable clave
La llegada de la nueva cosecha podría modificar parcialmente el escenario. Una mayor liquidación de divisas fortalecería reservas y mejoraría el flujo de ingresos por derechos de exportación.
Pero el comportamiento del productor será determinante. Si el precio internacional no resulta atractivo y la venta se retrasa, el impacto fiscal podría diluirse. Allí aparece otra incógnita: si el Ejecutivo evaluará mecanismos alternativos para incentivar la comercialización, sin comprometer los compromisos internacionales asumidos.
Cinco factores que marcarán el rumbo
De aquí en adelante, la ecuación del agro —y la decisión oficial— dependerán de cinco variables centrales:
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Tipo de cambio
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Precios internacionales de los granos
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Rinde de la cosecha
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Nivel de retenciones
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Situación macroeconómica general
El sector mira con atención lo que pueda ocurrir en Expoagro, donde tradicionalmente se anuncian señales al campo. Sin embargo, cualquier definición estructural dependerá menos del calendario político y más de la matemática fiscal.
En definitiva, el Gobierno enfrenta un dilema clásico: sostener la coherencia ideológica de bajar impuestos o preservar el superávit que sostiene su programa económico. Por ahora, la balanza se inclina hacia la prudencia.
Redacción | La Folk Argentina
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