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Nicolás Olivari, el poeta que reflejó la vida porteña de inicios del siglo XX

Bohemio, periodista y figura clave de la cultura porteña, Nicolás Olivari retrató como pocos la vida de los inmigrantes y la noche de Buenos Aires. Autor del tango “La Violeta”, popularizado por Carlos Gardel, dejó una obra que reflejó el pulso social y cultural del país.
Nicolás Olivari fue uno de los escritores más singulares de la Buenos Aires de comienzos del siglo XX, un poeta que convirtió la vida cotidiana de los inmigrantes, los bares del arrabal y la bohemia nocturna en literatura. Su nombre quedó marcado en la cultura argentina por haber escrito la letra del tango “La Violeta”, una obra que luego popularizó Carlos Gardel y que terminó transformándose en un símbolo de la nostalgia de quienes llegaron al país buscando un nuevo destino.
La historia de esa canción nació en un ambiente tan porteño como el propio tango. En 1929, mientras compartía una comida con el compositor Cátulo Castillo en un bodegón de la ciudad, Olivari hizo una apuesta y escribió de un tirón la letra completa sobre una mesa de bar. Mientras comía pastas y bebía vino, plasmó un texto costumbrista que retrataba la melancolía de los inmigrantes italianos en Buenos Aires.
El tango narra la historia del “tano Domingo Polenta”, un personaje que recuerda su tierra natal mientras canta en una cantina. La pieza fue grabada inicialmente por Roberto Maida, pero alcanzó gran popularidad cuando Carlos Gardel la interpretó en 1930, transformándola en un clásico del repertorio tanguero.
Un porteño hijo de inmigrantes
Nicolás Olivari nació el 8 de septiembre de 1900 en Buenos Aires, hijo de inmigrantes italianos provenientes de Génova: Carmen Canale y Giovanni Battista Olivari. Su padre era capitán de ultramar y había llegado al país contratado por la Compañía Argentina de Navegación Mihanovich.
Esa historia familiar lo acercó desde muy joven a la experiencia de los inmigrantes que intentaban construir una nueva vida en el Río de la Plata, una temática que atravesaría gran parte de su obra.
Creció en los barrios Once y Villa Crespo y cursó sus estudios en el Colegio Nacional Nicolás Avellaneda, donde un profesor de literatura lo incentivó a comenzar a escribir. Así surgió su primera obra, “El matón de arrabal”, y poco después la pieza teatral “El mejor amor”, escrita junto a Victorio Noblia.
Entre Boedo y Florida
En la década de 1920, Olivari integró el histórico grupo literario Boedo, junto a escritores como Leónidas Barletta, Elías Castelnuovo y Lorenzo Stanchina, quienes se reunían en el célebre Café El Japonés del barrio de Boedo.
Ese movimiento impulsaba una literatura ligada a la realidad social y a los sectores populares, y en ese contexto surgieron obras como “Carne al sol”, “La carne humillada”, “Historia de una muchachita loca”, “La mala vida” y “Bésame en la boca”.
Al mismo tiempo, Olivari también mantuvo vínculos con el Grupo Florida, donde compartió proyectos con los hermanos Enrique y Raúl González Tuñón, lo que demuestra su capacidad para moverse entre distintas corrientes literarias de la época.
Un bohemio enamorado de la noche
Además de escritor, Olivari fue un auténtico bohemio. Disfrutaba de la vida nocturna porteña, frecuentaba cabarets y bares del centro y tenía la costumbre de pintar mujeres desnudas mientras fumaba sin parar.
Estuvo casado con Amelia De Marco, con quien tuvo a su único hijo, Juan Carlos. Durante muchos años vivió con su familia en un caserón frente al Parque Centenario, sobre la avenida Díaz Vélez, un lugar que con el tiempo se transformó en un punto simbólico ligado a su memoria.
Periodismo, radio y cine
La carrera de Olivari también incluyó un intenso trabajo periodístico. Escribió en medios como Crítica, La Nación, El Mundo, La Época, Noticias Gráficas y Reconquista, donde desarrolló un estilo marcado por la observación directa de la realidad social.
También creó radionovelas para Radio Belgrano y trabajó como guionista cinematográfico, llevando su mirada sobre la vida porteña a distintos formatos culturales.
Entre sus obras más conocidas se encuentran “La musa de la mala pata”, “El gato escaldado”, “Los poemas rezagados”, “La mosca verde”, “La noche es nuestra”, “Novela parroquial de Buenos Aires” y “El hombre de la baraja y la puñalada”.
Proscripción y censura
Durante los años cincuenta su obra atravesó un período de persecución política. Tras participar en el guion de “El morocho del Abasto”, una película inspirada en la vida de Carlos Gardel, Olivari manifestó públicamente su apoyo al gobierno de Juan Domingo Perón.
Luego del golpe de 1955, la Revolución Libertadora prohibió la circulación de algunos de sus libros e incluso ordenó destruir ejemplares, una situación que afectó también a otros escritores vinculados al peronismo.
Un legado que sigue vivo
A pesar de las críticas y la censura, Nicolás Olivari continuó escribiendo hasta el final de su vida. Murió en Buenos Aires el 22 de septiembre de 1966, a los 66 años, dejando una obra profundamente ligada a la identidad cultural de la ciudad.
Entre sus trabajos póstumos se encuentra “Mi Buenos Aires querido”, un libro que durante años fue utilizado como material escolar y que reflejaba su mirada sobre la ciudad.
Décadas después de su muerte, su legado sigue presente. En 2014 un centro cultural del barrio de Boedo fue bautizado con su nombre, como homenaje a uno de los escritores que mejor supo retratar la nostalgia inmigrante, la bohemia y la vida nocturna de Buenos Aires.
Redacción | La Folk Argentina

