La sana costumbre de Enero
Hubo un tiempo —no tan lejano— en que enero se anunciaba de una manera muy concreta: el televisor salía a la vereda. No era la casa, no era la familia sola frente a la pantalla. Era el vecino con su gente, el del lado, el de enfrente. Sillas prestadas, mate que circulaba sin pedir permiso y una calle que, por unas horas, se volvía platea popular.










