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CAMPO

5 de septiembre de 2022

Historia y pasión: el contratista rural que restaura Jeep Willys de guerra y ya tiene una colección

El reconocido prestador de servicios de Carlos Casares, en Buenos Aires, Patricio Aguirre Saravia empezó a revivir Willys desde su adolescencia. Hoy acumula más de una decena restaurados.

Muchos hobbys unen historia y pasión. Para los amantes de los autos antiguos, estas dos características encuentran confluencia.   Patricio Aguirre Saravia es un contratista rural referente, del oeste de la provincia de Buenos Aires, reconocido también por haber presidido la Cámara de Contratistas Forrajeros. Se inició en este rubro en el año 1982, con lo cual lleva 40 años en esta tarea de brindar servicios a terceros.

Su empresa, “Grupo Duckas”, radicada en Carlos Casares, actualmente, posee tractores, picadoras de forrajes, megaenfardadoras, esparcidoras de abono orgánico, camiones y una división de máquinas constructoras y viales.

Sin embargo, Aguirre Saravia tiene otra historia para contar, más allá de su experiencia y trayectoria de cuatro décadas como contratista. Esta historia también apoyada en el trabajo meticuloso, en la constancia y la dedicación.

“Mi trabajo son los fierros y mi hobby también son los fierros”, dice, quien es un apasionado por  la restauración de vehículos. Pero unos vehículos muy particulares: Jeep Willys de guerra.

Todo comenzó en su adolescencia. “De chico, viví en Buenos Aires y los últimos tres años del secundario los terminé en un colegio agrotécnico, en Uribelarrea. Para llegar al colegio recorría 40 kilómetros de tierra cada día. Esa zona no es muy amigable para transitar. Entonces, mi padre me compra el primer Jeep Willys, que era horrible”, recuerda porque “tenia ruedas anchas, era colorado, tenía volante deportivo”, resume.

Como, “fierrero fui siempre”, advierte, ese joven Aguirre Saravia empezó adaptando su Jeep de adolescente de acuerdo a sus necesidades en ese momento. Eso se convirtió en el desafío por querer rearmarlo lo más original posible.

“Terminé el colegio secundario con ese Jeep, luego me fui a vivir un año a Estados Unidos. Volví y empecé a trabajar en un campo familiar en Santiago del Estero, donde lo llevé para usarlo, lo terminé destinando a las tareas generales y lo perdí en el tiempo”, cuenta, como un pérdida de lo que hoy significa, para él, el Jeep: un activo emocional.

Ese mismo tiempo pasó, creciendo como profesional, formando una familia y, hace 25 años, Aguirre Saravia se encontró adquiriendo en un remate de la armada, nuevamente, otro Jeep: en este caso un IKA militarizado.

“Ese IKA está como lo compré. Con pintura original, bastante demacrado, pero no lo quiero tocar. Fue el auto familiar en los veranos o para que mi esposa se mueve con nuestros hijos”, rememora.

El contratista y restaurador intenta nunca olvidar. Por eso, Aguirre Saravia siempre brindará un dato histórico, personal o no, de cada uno de los Jeep Willys que posee. Actualmente, tiene más de una decena, al que debe agregarse un trabajo especial que hizo para Jeep Argentina por los 80 años de la marca en el país -y sin contar el de la adolescencia-.

LOS MODELOS

“Lo que busco son Jeep de guerra. Tengo algunos de la Segunda Guerra Mundial, otros de la guerra de Corea y también de Vietnam”, confiesa Aguirre Saravia, a lo que sostiene que, “miro cada Jeep como si no tuvieras ninguno”.

El contratista explica que tiene un lugar y un tiempo “muy personal” para esta pasión.

“La realidad es que tengo un lugar en el jardín de mi casa, muy por fuera de lo que son los talleres de la empresa, las maquinarias, etc. Ese es mi lugar sagrado donde me ocupo de mí. Tengo mis momentos en los que no hago nada y solo paso dos horas mirando un Jeep, y otras oportunidades en las que me quedo trabajando hasta la madrugada”, comenta.

En detalle, posee (todos Willys).

  • Jeep M38 (1932): vehículo civil militarizado para la Guerra de Corea.
  • Jeep Slat Grill (1941): Hay dos o tres en la Argentina.
  • Jeep Ford GPW (1942): se expondrá en “Autoclásica 2022”.
  • Jeep 6×6 (con tres ejes y seis ruedas): Con chasis alargado que en la guerra terminó siendo vehículo-ambulancia, que se expondrá en “Autoclásica 2022”.
  • Jeep M38 A1 (1956).
  • 2 unidades de Jeep M606 (1956, motor Hurricane).
  • Jeep M101 (1976).
  • Jeep Mutt (1967): destinado a la Guerra Vietnan
  • Jeep M170 ambulancia (en proyecto de restauración).
  • Unimog (en proceso de restauración).
  • Jeep MA, restaurado para los 80 años de Jeep en Argentina.

MUCHAS HISTORIAS

“Estos Jeeps para mí no tienen valor económico. Tienen el valor de las historias que tienen para contar. Eso en lo más rico que tiene todo esto. Desde donde te enganchas para seguir y te vas conectando”, explica.

A la vez, subraya que, en esta pasión que une a muchos como él, “no se trata de sobrestimar o subestimar la restauración que hace otro. Si la adaptación que hiciste, te gusta, es útil, cómodo…Bueno, listo. Ya está”, destaca.

Entre las historias que el restaurador empieza a traer comienza por una cercana.

“Tenía un amigo que hice a partir del amor por los Willys. Vivía cerca de Rosario. A él le compré cuatro jeeps. Después de este traspaso, me dijo que al Mutt no lo vendo nunca más. Pienso que habrán pasado cinco años y un día me llama para decirme que quería venderme el Mutt. Unos diez días después de esa venta, falleció. Ahí me enteré que estaba enfermo y entiendo que su decisión era que todos esos vehículos, que eran de él, estuvieran juntos”, admite.

Asimismo, añade que uno mismo, en este proceso, va haciendo su propia historia con estos autos de colección.

“El primero que compré y lo hice en un remate de la armada fue el segundo auto de la casa para toda la infancia de mis hijos. También el modelo M38-A1 lo restauré casi obsesivamente. Estaba en buena condición, pero me di cuenta que lo podía dejar mejor. Para esta restauración, compré otro jeep para contar con la bulonería original. Esto también hace la historia. A otro vendedor, lo perseguí durante 15 años para comprarlo. En otro caso, insistí porque no contaba con el dinero para comprarlo y lo fui pagando como pude”, afirma, sobre que cada una de estas piezas de colección tiene un momento propio o de su familia.

Para un restaurador-coleccionista, siempre falta algo en la colección.

Aguirre Saravia, que integra la “Asociación Argentina de Coleccionistas de Vehículo Militares”, se encarga de las restauraciones completas de estos vehículo, desde la parte mecánica hasta la chapa y pintura, y reconoce que con cada uno de estos jeeps se circular.

Además, aclara que, “porque son militares no todos son verdes, como el común de la gente piensa. Hay unos con los colores de la marina, celestes-grisaseos, hay distintos tonos de verde o camuflaje o también hay otros color arena, porque eran para el desierto”.

Asimismo, explica que cada restauración lleva su tiempo. Algunos de estos jeeps lo revivió el tres meses y otros en un año “ya que en plena campaña de trabajo no me puedo dedicar nada a las restauraciones”.

“Cuando termine lo que tengo -se ríe-, lo más probable es que busque una línea que ingresó a la Argentina como implemento agrícola ya que yo tengo toda las líneas que entraron como rezago militar. Me gustaría contar con jeep Willys “CJ” -Civilian Jeep- que fue de uso para el campo y ya tengo algunas piezas que eran de ese modelo. Igualmente, ya tengo bastante para entretenerme con los tres que tengo para terminar”, se condiciona.

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