El bonaerense apeló a la fórmulas conocidas para hacer delirar a una plaza que estuvo cerca del 80 por ciento. En la apertura, el santiagueño mostró su sensible homenaje al Chango Rodríguez. Qué fue lo destacado en una grilla bastante floja

que las comparaciones siempre son odiosas, la séptima luna de este Cosquín 2015 ofreció el claro contraste entre dos cantores populares y sus diferentes maneras de abordar un show en el codiciado escenario Atahualpa Yupanqui, además de un momento de luto por la muerte de "Lalo" Merquez, histórico integrante de Los 4 de Córdoba.

Mientras Luciano Pereyra apeló a las baladas que despiertan el delirio de la platea femenina (aunque parte de la masculina también) y algunos clásicos del repertorio folklórico, Raly Barrionuevo eligió un set intimista, sin ningún artificio. En definitiva, con el aporte de ambos artistas el festival apunta a ese famoso equilibrio en la grilla que cada vez le cuesta más redondear.

 

Luciano, otro elegido
Después de una introducción audiovisual para generar aún más expectativa y desatar un griterío ensordecedor, el arranque musical de Pereyra fue con Zamba para olvidarte, que volvió a sonar y termino de convertirse en el hit de la presente edicion . Como si fuera poco, más tarde lo hicieron los Guitarreros.

El cantante bonaerense salió a escena con un elegante traje negro y propuso un set que transitó por las coreadas Sin testigos, El elegido, Córdoba sin tí, Solo le pido a Dios. En el final puso a bailar a toda la plaza con Y así, así y la dejó suspirando conPorque aún te amo, uno de los hits que lo consagró como cantante melódico y lo comenzó a alejar de la música de raíz.

La gran convocatoria (cerca del 80 por ciento de ocupación) y la histeria de un importante grupo de fans en su salida de la Próspero Molina, lo ratifican como el número dos en el Olimpo de los dioses (detrás de Abel Pintos claro) pero de esos que también se humanizan, como cuando tuvo un duro cruce con un periodista que lo increpó en la conferencia posterior.

 

Lo destacado de la noche
Del resto de una programación de las más flojitas en lo que va del festival, hay que rescatar la necesaria presencia de Mariana Carrizo y sus invitados (se destacó el bandoneón de "Clavito" Riera, ex integrante de la banda de Jorge Rojas y con prometedor disco solista), el decir de Orlando Veracruz y la Delegación de Santa Fe, una de las presentaciones provinciales hasta aquí junto a la de Córdoba y a la de Santiago del Estero. Como yapa, tuvo la voz del reconocido cantautor Adrián Abonizio, de los legendarios Rosarinos.

 

Un chango en la plaza
La séptima luna arrancó con Raly y su cabal demostración de que para emocionar no hace falta más que un puñado de buenas canciones y un intérprete que se brinde entero por las mismas. Además, que el escenario de Cosquín es el ideal para mostrar la novedad. Solo con guitarra(s) en mano, el cantor nacido en Frías así lo hizo, repasando de principio a fin su reciente y logradísimo disco homenaje al Chango Rodríguez, la leyenda cordobesa tan merecidamente tributada en esta edición.

Raly abrió con Zamba de abril, conmovió con De mi madre (dedicada a la hija y a la madre del Chango, y a la propia), dignificó el Cordobazo con Marea del estudiante, innovó a partir de los aires folkies de la versión de Vidala de la copla e hizo cantar a toda la plaza con Luna cautiva, la única que no grabó en el CD. Antes del cierre conChacarera del exilio, reiteró una vez más el “Fuera Monsanto”, acompañado del pedido para que podamos hacer “nuestras propias huertas y así comer más sano” y la reivindicación de las luchas campesinas. Tras el show, se fue a recorrer la peñas en sintonía con una iniciativa que vienen llevando varios (pero no todos lamentablemente) de los artistas más convocantes. 

 

 

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