Inolvidable. El 31 de enero de 1908 nacía en Buenos Aires uno de los músicos más importantes de la historia del folclore y del país.

La figura de Atahualpa Yupanqui fundó una narrativa “tradicionalista” de la música argentina, aunque, aún en vida, el artista ya se levantaba contra esa interpretación unidimensional de su música: a 110 años de su nacimiento, su música ha superado aquella visión y ofrece un espesor y una complejidad contrarios a aquel enunciado que lo ubicaba como la esencia de “lo nacional”.

Atahualpa nació el 31 de enero de 1908 en un paraje del partido bonaerense de Pergamino, pero su música abrazó acentos regionales que desbordaron a la zona pampeana. Su nombre real fue Héctor Roberto Chavero Haram, pero desde la infancia se bautizó como Atahualpa en referencia al cacique inca; el apellido Yupanqui se incorporó luego y su sonoridad remite, en quechua, al que viene de tierras lejanas para decir algo.

Hijo de padre ferroviario, Atahualpa estudió violín y guitarra desde los seis años con el profesor Bautista Almirón, que le presentó un horizonte distante del mundo rural que lo circundaba. Los preludios de Fernando Sor y las transcripciones de Schubert, Liszt, Beethoven, Bach, Schumann lo encandilaron de inmediato.

En 1949 buscaría un aire nuevo en tierras europeas, donde logró el cobijo artístico de Edith Piaf y encontró el éxito internacional. La obra de Atahualpa se popularizó a nivel local en los años 60 con el impulso de Jorge Cafrune y Mercedes Sosa, quienes grabaron sus composiciones. Con el aporte clave como co-compositora de varias de sus canciones su última esposa, la pianista y música francesa Antonietta Paule Pepin-Fitzpatrick (Nennete), registró 325 canciones entre las que sobresalen “La alabanza”, “El arriero”, “Basta ya” y “Los ejes de mi carreta”, entre tantos.

Compartir

Notas Relacionadas

Comentarios

Aun no hay comentarios, sé el primero en escribir uno!

Escribir un comentario »