En su regreso a Salta, su provincia natal, la directora de cine encendió la polémica entre los seguidores del género con sus definiciones para un medio local

 una de las escenas trascendentales de La mujer sin cabeza, la última película de Lucrecia Martel, sonaba de fondo un tema de Jorge Cafrune, como un lamento constante, una zamba, que parecía funcionar más como una tortura psicológica para el personaje principal. En su regreso a la provincia la directora no habla de esa zamba, pero habla de las zambas, del folklore y del sentido "retrógrado" que tienen algunos conceptos folklóricos que despertó el debate exaltado de los seguidores del género en las redes sociales. "Hay demasiada 'mi tierra' en las zambas". dice en la entrevista, que realizó La Gaceta de Salta.

La cineasta que está en la etapa de post producción de su nueva película Zama, sobre un libro de Antonio Di Benedetto y está volviendo a vivir en su provincia, también tiene un proyecto en mente junto a la coplera salteña Mariana Carrizo. " Del proyecto sobre la copla, todavía no puedo decir nada. Es algo que está en proceso". Sin embargo, ese proyecto fue el disparador para que la artista, cuya película fue elegida entre las mejores cien películas del siglo por un grupo de periodistas, críticos y curadores en la BBC, aportara su mirada sobre el fenómeno folklórico: "El folklore me ha parecido siempre una categoría inútil cuando no peligrosa", disparó.

Y luego amplia su idea: "Lo que ahí se encuentra parece condenado a la repetición y la conservación malsana. Como si las expresiones de la humanidad para ser valiosas debieran tener antecedentes. Y, con una sustitución provocativa, diría que prefiero el trip al folk. El viaje, la aventura, antes que la afirmación de 'lo nuestro'", dijo la cineasta, como un acto provocador y una manera de posicionamiento estético frente al establishment cultural de la provincia.

"Quizás sea posible otra mirada sobre la música, la narración oral, el canto, la literatura, el cine, la televisión, la democracia, la política, el trabajo de funcionario público, el comercio, el amor, el desamor, en fin, quizás sea posible ver algo nuevo si nos alejamos un poco de las ideas de esencia, de identidad que tan rápidamente nos sumergen en el patriotismo barato, belicoso y corrupto en el que esté país parece empecinado. Barato, porque hay pocos esfuerzos de reflexión sobre lo que nos constituye como comunidad. Belicoso, porque fácilmente engendra intolerancia. Y corrupto, porque está siempre a tiro para encontrar justificaciones a los privilegios", reflexionó la directora, sobre su propia identidad como salteña..

Las repercusiones de sus declaraciones, hacia adentro del ambiente musical folklórico y en las redes tuvo su impacto. Tanto es así, que en un informe realizado por el portal Emepea, es Delfín Leguizamón, hijo del Cuchi Leguizamón (popular compositor salteño y autor de varios himnos folklóricos), quien le contesta a Lucrecia Martel. "¿Qué es el folklore? No me gustan ese tipo de preguntas abstractas, pero la entrevista realizada a Lucrecia Martel me provoca a responder a su afirmación provocadora: 'el folklore me ha parecido inútil, cuando no peligroso'. El poeta Manuel J. Castilla acuñó una frase que me orienta. Dice: "Mi sabiduría viene de esta tierra". La misma tierra de la que Martel es oriunda pero deniega", escribe el cuarto de los hijos del popular pianista, autor de temas como "Balderrama" y "Zamba del carnaval".

En la misma columna, Leguizamón sostiene: "Intuyo que el extravío se produce por suponer que el folklore es tradición, en su sentido más conservador. La tradición pertenece al universo del folklore, pero 'folklore' es un concepto que abarca un abanico de sentidos que se ven allanados cuando se los reduce a la sola idea de tradición. Según el diccionario de la Real Academia Española, el folklore es aquel 'conjunto de costumbres, creencias, artesanías, canciones, y otras cosas semejantes de carácter tradicional y popular'. Es decir que cuando se enuncia 'folklore' se habla de la 'sabiduría' del campo popular, que se produce dentro de un intrincado sistema de lazo social. Opongamos entonces 'sabiduría' a 'conocimiento'. El conocimiento es y ha sido un sistema de segregación del saber popular".

Al final le concede a la directora de cine: "Hay algo que me interesa rescatar de los dichos de Martel, y es lo referido a la rapidez con que uno puede caer en el 'patriotismo barato'. Para una sociedad tan conservadora como la salteña, la tradición es una brújula orientada a restaurar el orden de hierro, conservando ideales que supone propios y necesarios. Es allí donde Martel dice 'hay demasiada mi tierra en las zambas', critica el goce del propietario y su efecto de segregación. Ese riesgo es claro, pero hay que volver al poema de Castilla. El habla de la tierra como un saber y no como un conjunto de identificaciones morales. 'Mi sabiduría viene de esta tierra' es un saber sin propietario que no se vuelve mercancía, solo hay que saber usarlo".

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