Miguel Moreno:
yo tambien me aleje del pago ya hace unos 10 años, y me radique acá en Comodoro Rivadavia donde el viento sopla muy fuerte, pero cuando escucho un chamamé se calma todo, y es como volver por un ratito al lugar donde uno fue feliz y nunca dejó de pertenecer.
Jose Raul Sola:
Qué lindo escuchar al gran Ernesto Montiel ese bandoneón tenia perfume a campo y a baile de antes, no era solo un músico, era un genio era de los que hacÃan latir el chamamé como si fuera el corazón mismo de Corrientes.
Julio Tejada:
Hola Buenas noches, escuchando esta radio desde RÃo Gallegos, y hace más de 40 años que me vine del pago, pero cada vez que suena un chamamé cierro los ojos y vuelvo derechito a Corrientes, al patio de tierra, al mate y a los recuerdos que nunca se fueron.
Alicia Rivero:
Mira que en esta Argentina hay músicas y ritmos que son hermosos, pero el chamamé no es solo música, es nostalgia, es familia, es el corazón tironeando para el mismo lugar de siempre.
Flavia Sesto:
El chamamé tiene eso que estoy sintiendo en este momento, que no importa dónde estés, siempre te encuentra, y cuando te encuentra, te hace acordar quién sos y de dónde venÃs, gracias por difundirlo.
Raul Zapata:
Cuando suena el bandoneón del gran Antonio Tarragó Ros se me hace un nudo en la garganta, porque no es solo música, es como si hablara el Litoral entero, El Rey era de esos artistas que no tocaban para lucirse, tocaban para abrazar al pueblo, por que su sonido no mandaba desde un escenario, mandaba desde el corazón de la gente, y eso no lo logra cualquiera.
Marcelo Miceli:
Del viejo Tarragó Ros no se puede hablar sin que se apriete un poco el pecho, porque no fue solo un músico, fue uno de los que le dio identidad al chamamé, no por nada lo llamaban el Rey del Chamamé, un tÃtulo que no se impone, se lo gana el pueblo. Su legado no está solo en sus obras, sino en el respeto que dejó sembrado. Cada acorde suyo suena a tierra colorada, a tradición viva de esas que no se olvidan nunca.
Emiliano Videla:
Escuchar un chamame siempre te alegra el alma y te da una tristeza linda, de esas que huelen a pago.
Fernando Romagnoli:
LPM, cada acorde de chamamé es como un puente derechito a Corrientes… cierro los ojos y ya estoy otra vez en casa de los viejos.
Adrian Benicio Diaz:
— Cuando suena un chamamé del gran Tránsito Cocomarola, no es solo música, es Corrientes latiendo despacito en el fuelle. Es el rÃo, el monte y la memoria de un pueblo entero hablando sin palabras.
Julia Echepare:
El Carnaval es una fiesta muy antigua que comenzó en celebraciones de pueblos como los del Imperio romano, donde las personas se disfrazaban y festejaban con música y comida. Con el tiempo, la Iglesia lo ubicó antes de la Cuaresma, como un periodo de alegrÃa antes del tiempo de reflexión. La palabra “carnaval†viene del latÃn carnem levare, que significa “quitar la carneâ€. Hoy se celebra en muchas partes del mundo, como en RÃo de Janeiro, donde hay desfiles llenos de color, baile y tradición.
Marcela Parra:
Vallan a ver el carnaval de Gualeguaychú que es un espectáculo increÃble, no parece hecho acá, no lo vas a poder creer y un Lujo 😊
Maria Angelica:
Cada improvisación suya era un acto de creatividad y memoria popular. Es un privilegio escuchar su obra hoy
Alfredo Lopez:
Buenas noches, escuchar a Gustavo Guichón es escuchar la esencia misma de la payada. Fue de esos artistas que no necesitaban escenario gigante, con una guitarra y su palabra alcanzaba. Representó durante años la tradición en Jesús MarÃa y dejó una huella enorme. No está fÃsicamente, pero su voz sigue marcando el camino.
Eduardo Miguel Daghero:
Gustavo Guichón fue de esos artistas que dignificaron el arte del payador, y no cualquiera sostiene esa responsabilidad durante tantos años frente al público, hoy recordarlo es valorar la tradición, la palabra criolla y el compromiso con nuestra cultura.
Julio Contreras:
Es verdad lo que dice, y yo le voy a decir algo que capaz a muchos no les gusta escuchar, antes el folclore no era un espectáculo, era una forma de vivir, no se pensaba en pegar un hit ni en llenar pantallas, se pensaba en contar lo que le pasaba a la gente, lo que dolÃa, lo que alegraba, lo que se trabajaba en el campo, hoy usted prende la tele y pone un festival y parece una feria de cualquier cosa, mucho ruido, mucha moda, pero poca verdad, y el folclore sin verdad no es folclore es disfraz nomás, por eso yo me pregunto, medio con tristeza ¿en qué momento dejamos que lo nuestro se vuelva algo decorativo? ¿Cuándo pasamos de sentir orgullo por nuestras raÃces a tener que defenderlas como si fueran cosa vieja? Porque el folclore no envejece… lo que envejece es el olvido.
Victor Pacheco:
Yo me pregunto en qué momento se torció el camino… porque antes uno iba a un festival y sabÃa lo que iba a encontrar: guitarras, bombos, voces que te erizaban la piel y canciones que hablaban de la tierra, de la vida, de la gente. Era folclore de verdad, sin mezclas raras ni disfraces. Hoy vas a esos mismos escenarios y ya no sabés qué estás escuchando. Te meten de todo, menos aquello que le dio origen a esos festivales. Entonces uno se queda pensando… ¿en qué momento se decidió dejar de cuidar lo nuestro? ¿Quién fue el que dijo que el folclore tenÃa que correrse para hacer lugar a cualquier otra cosa?Porque el folclore no se murió solo… a alguien se le ocurrió ir dejándolo de lado. Y eso, a los que lo vivimos de verdad, todavÃa nos duele.
Daniel Sanchez:
Buenas noches, querida radio… habla un viejo folclorista de esos que ya peinan más recuerdos que canas. Yo crecà escuchando guitarras criollas de verdad, esas que sonaban en los patios, con tierra en las alpargatas y sentimiento en la voz. Hoy, perdón que lo diga asÃ, pero el folclore se ha ido desdibujando… mucho ruido, mucha pose, y poca alma. Se perdió ese respeto por la raÃz, por la palabra bien dicha, por la emoción que te hacÃa erizar la piel. Por eso da tanta alegrÃa saber que todavÃa hay gente como usted que quiere rescatar lo nuestro, lo auténtico, lo que nació del pueblo y para el pueblo. Porque mientras quede aunque sea uno cantando con verdad, el folclore verdadero nunca va a morir.
