Eduardo Moreno :
Hola buenas tardes mis hermanos, hace un tiempo que no los escuchaba, que Dios les bendiga sobreabundantemente. Pido oración para que Dios haga una milagro de sanidad completa en mi prostata, en mi organismo en todo mi ser, que Dios normalice mi antigeno prostatico, mi nitrogeno ureico.
Federico Noriega :
Hermanos buenas tardes, excelente labor la de ustedes en estos dÃas en que debemos estar muy atento a las enseñanza del señor y nuestro manual en la Tierra que es La Biblia. El es la solución.
Alina Robledo:
Bendiciones, amados, Dios les guarde en todo tiempo, les ayude en todo...hoy es mi primer programa del año que me conecto
Roberto Mangieri :
Gracias y más gracias.....mà querida audiencia por tanto en cada programa los esperamos el jueves q viene para hacer el CAMINO SURERO N 357....... abrazo!!
Alfonso Nieto:
Ãngel “El Ruiseñor de las Calles Porteñas†Vargas tenÃa esa manera única de cantar, Ãntima y sincera, que hacÃa que cada tango pareciera un relato vivido, contado desde el corazón mismo del barrio. No era la voz más potente, pero sà la más auténtica, la que llega y te hace recordar cafés, esquinas, noches largas y emociones que solo el tango puede transmitir. Cada interpretación suya era escuela con respeto por la letra, por la melodÃa, por la historia del tango. “El Ruiseñor†supo darles vida a los tangos de amor, desengaño y vida cotidiana, y todavÃa hoy escuchar su voz es como viajar al Buenos Aires de antes, a esas épocas donde la música hablaba, enseñaba y emocionaba de verdad. Un lujo absoluto tenerlo sonando en su programa Roberto ahora, y recordándonos lo grande que fue y lo profundo que puede ser un tango bien cantado.
Edgardo Moyano:
El tango de antes tenÃa palabras que decÃan algo, historias que se entendÃan y sentimientos que quedaban. Hablaba del barrio, del amor, del desengaño, de la vida misma. Hoy, escuchando estos tangos, vuelven los recuerdos de cuando la música se escuchaba en serio, cuando la letra importaba y te dejaba pensando. Era otra forma de decir, más profunda, más respetuosa, que todavÃa hoy emociona y enseña.
Pucho:
Un compás de bandoneón y listo, vienen las esquinas, los cafés y las noches porteñas.
Edmundo Galvan:
El tango de antes no era solo música, era una forma de pararse en la vida. Los autores escribÃan con contenido, con historias claras, con palabras que enseñaban y quedaban. Y el que subÃa al escenario lo hacÃa con respeto: traje, vestido, presencia, porque cantar era un honor y el público se respetaba. Hombres y mujeres se preparaban para decir algo, para dejar algo. Hoy muchas veces pasa lo contrario: importa más el show que el mensaje, más la exposición que la palabra. Se canta desprolijo, se sale al escenario casi sin cuidado, como si todo diera lo mismo. Y no es cuestión de edades ni de estilos, es cuestión de respeto por la música y por lo que se dice. Por eso el tango sigue siendo distinto: porque recuerda una época donde la letra valÃa, la presencia importaba y la música tenÃa alma.
Rene Abel Carreno:
Escuchando este tango, uno no puede dejar de reconocer la voz de Oscar Larroca, una de esas voces claras, bien afinadas, que sabÃan decir el tango sin exagerar, con respeto por la letra y por la melodÃa. Larroca tenÃa ese decir prolijo, elegante, que encajaba perfecto con la orquesta de Alfredo De Angelis, tan ordenada, tan pareja, tan querida por la gente. De Angelis supo hacer un tango popular, bailable, pero sin perder nunca la calidad musical, y ahà la voz de Larroca brillaba. Este es el tango de escuela, el tango bien hecho, el que enseñó a escuchar, a bailar y a sentir. Tango del bueno, del que todavÃa hoy sigue diciendo cosas.
Ariel Monaco :
Me encanta el tango, loco. Basta de tanto pop, esto tiene historia y se siente de verdad.
Mauricio Lencina:
Gracias Roberto por traer estos tangos de ayer, esos que cuentan la historia de la Argentina en cada verso. El tango es barrio, es nostalgia, es palabra justa y corazón herido, y aunque muchas veces acá no le dimos la pelota que merece, afuera del paÃs el tango es bandera, es respeto y es admiración. Es una música que nos representa en el mundo y que sigue viva, recordándonos de dónde venimos.
Juan Manuel Fraiman:
Hay música que no se escuchan con los oÃdos, se escuchan con el alma, y cuando suena un chamamé, vuelven los recuerdos de la juventud, los tiempos lindos, las bailantas, las reuniones y las noches largas donde todo parecÃa más simple. Hoy el corazón se llena de nostalgia al recordar al gran y siempre recordado Conjunto Ivoti, que supo ponerle sentimiento y verdad a cada acorde, son recuerdos que no se van, porque viven en la música y en la memoria de quienes los escuchamos y los llevamos para siempre.
Paulo Becke:
Suena un chamamé y ya está… el mate se enfrÃa y el corazón se queda escuchando.
Damian Ackles:
El chamamé tiene eso lindo, que apenas suena y te devuelve al pago, vuelven la infancia descalza, los consejos del padre, la voz de la madre llamando a comer y los abuelos sentados cerca, escuchando en silencio, es una música que guarda historias, que nombra a los que ya no están y los vuelve a traer un ratito. El chamamé no apura, acompaña; camina despacio, como caminaban los viejos, dejando huella en el corazón.
Rafael Cuellar:
Pusieron chamamé y listo, no se habla más. Que suene nomás y haga lo suyo.
Mariano Careaga:
El chamamé nace en el patio de tierra, con el farol prendido y las alpargatas marcando el paso. Es mesa larga, familia reunida y acordeón sonando fuerte hasta que duelan las piernas. Asà eran los bailes de fin de año y los cumpleaños de antes, donde no hacÃa falta mucho para ser feliz, un conjunto chamamecero, una guitarra, un acordeón y ganas de bailar. El chamamé es sudor, abrazo, grito y recuerdo. Es música guarra, verdadera, hecha para quedarse en la memoria y volver cada vez que suena un acorde, como si el tiempo no hubiera pasado.
Cristian Pasten:
Escuchando chamamé uno entiende por qué es mucho más que música, es historia, es identidad y es memoria viva del Litoral. Por eso hoy el chamamé es Patrimonio Cultural de la Humanidad, porque lleva en cada acorde la voz del pueblo, del pago y de los que vinieron antes. Una música que nos representa, que nos abraza y que sigue sonando para que no se pierda lo nuestro.
