Cristina Perez:
Qué grande es nuestro folclore, una forma de decir y de sentir que no pasa de moda, que sigue teniendo esa fuerza de siempre para emocionar sin necesidad de nada más, y que cuando suena te recuerda que hay cosas que valen la pena sostener con el tiempo.
Francisco Gomez:
Hoy hacen falta más espacios como este, más radios y más programas como el suyo, Roberto, donde todavía se respira argentinidad y se le da lugar a nuestra música y a nuestras costumbres de verdad, porque la realidad es que muchas veces no hay el apoyo suficiente, ni de empresas ni de quienes deberían acompañar la cultura, y eso hace que cueste sostener propuestas así, tan nuestras, tan del pueblo, y sin embargo usted sigue firme, haciendo un programa que mantiene viva esa esencia que no se tendría que perder nunca, y por eso se valora tanto, porque en tiempos donde todo va tan rápido, estos espacios son los que nos recuerdan quiénes somos. Bueno Roberto, desde Amaicha del Valle, Tucumán, le mando un abrazo grande, hacía fácil dos años que no le escribo, pero siempre estoy firme cada vez que puedo escuchando la radio, así que le mando un abrazo grande a usted y a todos los que hacen posible que podamos tener este rinconcito criollo que nos acobija y nos acompaña todo el año.
Agustin Carleto:
Hola Roberto buenas noches hago una pregunta a usted como a los oyentes, qué pasa con el folclore de hoy, uno se pregunta, porque el folclore de antes, el de nuestros padres, el con el que crecimos, era otra cosa, era una guitarra, un bombo, tal vez un charango, y una voz que decía todo sin necesidad de más nada, era respeto, era identidad, era algo que nacía de adentro, y hoy parece que eso se fue perdiendo, se le fueron agregando cosas que no tienen nada que ver, baterías, sonidos electrónicos, hasta autotune, y ya no es lo mismo, ya no suena igual, ya no transmite igual, y es raro porque en otros géneros la esencia se mantuvo, pero en el folclore se cambió demasiado, y uno no termina de entender por qué, por qué tocar algo que ya era perfecto así como estaba, por qué cambiar lo que nos representaba de verdad.
Silvia Blanco:
¡Viva la tradición, viva la Argentina, vivan nuestras raíces, viva nuestra patria, viva nuestra música, y vivan todos los que como usted, Roberto, siguen luchando en silencio regando nuestras raíces y que no se sequen nunca!
Mauricio Pitton:
Qué lindo que lo traigan al recuerdo al gran Tino Albarracín, el “Lagunero de Melincué”, un cantor del interior que con su voz dejaba algo muy especial, muy de pueblo, muy de raíz, y que a muchos nos hacía acordar a esa fuerza interpretativa de Horacio Guarany, con ese decir tan directo, tan sentido, tan de verdad, y hablar de él es hablar de un folclore más humano, más cercano, el de antes, el que no necesitaba demasiada producción para llegar al alma, el que salía de la guitarra y la voz nomás, con historias simples pero profundas, de esas que te quedan dando vueltas, y hoy escuchar su nombre de nuevo es como volver a ese tiempo donde la música no era solo música, era identidad, era memoria, era pueblo.
Marcelo Costabile:
Al pueblo en general le está faltando volver un poco a lo que nos hizo grandes como país, a esas raíces del folclore que hablaban de nuestra tierra, de nuestra gente, de nuestras costumbres, de lo simple y verdadero, porque hoy parece que todo va más rápido y se va perdiendo un poco esa cultura que antes se vivía con más orgullo y más presencia, y no es que no haya nada nuevo, pero sí se siente que falta ese respeto y ese espacio para la música que nos representó toda la vida, la que nos enseñó quiénes somos y de dónde venimos, y ojalá no se pierda del todo esa esencia, porque es parte de lo que somos como pueblo.
Orlando Hernandez:
Qué lástima que se haya ido tan temprano, porque si hoy estuviera entre nosotros seguramente sería de esos nombres importantes en cada festival, al nivel de los grandes del folclore como Horacio Guarany, y su ausencia se siente porque hoy hace falta esa clase de voces con tanta identidad y verdad.
Dino Lentini:
Qué orgullo es tener este tipo de poetas que defienden lo nuestro, lo de raíz, lo que viene del campo, del pueblo y de la vida misma. Gente que con sus letras y su voz no se vende ni se olvida de dónde viene, sino que mantiene viva la identidad de todos nosotros. Y es así, antes la radio era clave para difundir todo eso, sobre todo en el interior, donde la música llegaba como un puente entre distancias largas y corazones parecidos, llevando historias, costumbres y emociones que hoy siguen vigentes en cada tema que suena con verdad.
Sergio Castro:
Escuchar a Lázaro Moreno, el pasador de Herrera, es meterse en un mundo donde la música no solo suena, sino que respira campo, memoria y verdad. Hay algo en su forma de interpretar que te agarra despacio, sin apuro, como si cada nota tuviera el peso de una historia vivida y cada silencio dijera lo que las palabras no alcanzan. Es de esos sonidos que te llevan directo a lo profundo de lo nuestro, a lo simple, a lo que duele y también a lo que sostiene cuando todo parece flaquear. En su música se siente la tierra, el mate compartido, el trabajo duro y esa nostalgia que no es tristeza sino identidad. Y uno lo escucha y no puede evitar pensar en todo lo que pasó, en los que están y en los que ya no, pero siguen apareciendo en cada estrofa. Es una emoción que no se explica del todo, se siente, te atraviesa, te acomoda el alma de una manera rara, como si por un rato el mundo bajara un cambio y todo volviera a tener sentido en lo más humano y lo más nuestro.
Hugo Yanes:
Hay músicas que entretienen y otras que te marcan. La de Lázaro Moreno queda en el medio del pecho, como una huella tranquila pero firme. Te hace acordar de lo vivido, de lo que falta y de lo que todavía sostiene, sin necesidad de explicar demasiado.
Dardo:
Escuchar a Lázaro Moreno es como volver a lo esencial sin darse cuenta. Es cerrar los ojos y sentir que el tiempo se afloja un poco, que las cosas pesan menos y el alma encuentra un lugar donde descansar. Tiene esa forma de cantar que no empuja, que acompaña, como si te hablara despacio al oído.
Flavia Miranda:
Hola Roberto, buenas noches. Soy Flavia, una de las que la semana pasada también se sumó e insistió para que trajera a Don Luis Landriscina al programa, así que quería decirle que me gustó mucho escucharlo en el aire, porque son de esos momentos que hacen bien, acompañan y te sacan una sonrisa en la noche. Le mando un saludo grande desde mi pueblo, Dolavon, en el interior de Chubut, donde siempre lo seguimos con mucho cariño, y gracias por el espacio y por estar del otro lado con la gente.
Silvio Farias:
Quedan esos recuerdos lindos de sus cuentos, de sus personajes y de su manera tan cercana de contar, que todavía hoy siguen vivos en la memoria.
Juan Lovera:
Buenas noches Roberto que lindo recuerdo de cuando era chico y escuchaba a Don Luis Landriscina por radio o en cassettes que pasaban de mano en mano, y me vienen a la cabeza esos relatos llenos de vida con Don Verídico, Rosarito Bardoso, el paisano del campo, el gaucho criollo, el comisario del pueblo, el bolichero o almacenero de campaña y el vecino curioso que siempre aparecía metido en todo, y con cada uno de esos personajes uno sentía que estaba ahí mismo, en el pueblo, en el campo, entre la gente común y sus historias, con ese humor tan particular que tenía para contar las cosas simples de la vida y transformarlas en algo enorme, y hoy al recordarlo vuelve esa sensación de infancia, de radio encendida y cassettes gastados, de sentarse a escuchar sin apuro y reírse solo como si uno fuera parte de ese mundo.
José Alberto Vallejos-:
Hola Roberto, cómo anda espero que bien, hoy entre tarde a escucharlo, y le agradezco de verdad que haya tenido en cuenta lo que le pedí la semana pasada en un mensaje, para mí es un gesto muy valioso, que habla muy bien de usted y del espacio que conduce, y que hace bien, porque no siempre se da que uno pueda proponer algo desde el otro lado y sentir que hay escucha real, por eso lo valoro muchísimo, se nota cuando hay atención a la audiencia, y eso hace que uno se sienta parte de algo más cercano, más humano, más de todos los días, le agradezco también el respeto con el que se manejó todo, porque eso le da todavía más valor al programa y a la relación con quienes lo seguimos, de corazón, muchas gracias por el espacio, por la buena predisposición y por seguir construyendo este programa con la gente, le mando un abrazo grande y siga así, que se nota el compromiso y el cariño que le pone a todo esto, y ya que estamos, no quiero dejar de mencionar a don Luis Landrecina, ese humor que tenía era impresionante, de esos que te sacan una sonrisa incluso en los días más duros, con una forma tan única de contar y de llegarle a la gente, hoy quedan pocos así, con esa picardía y esa simpleza tan de antes, y por eso también se lo recuerda con tanto cariño y respeto.
Luciana Aimar:
Ese humor tan particular que tiene es increíble, de esos que te sacan una sonrisa sin darse cuenta, con una forma simple pero muy directa de contar las cosas, don Luis tiene esa picardía bien del llano, que llega fácil y te deja algo lindo en el oído, de los que no hace falta explicar mucho, porque con su manera de decir ya te está contando todo.
Carmen Muñoz:
Escucharlo otra vez es volver a esos tiempos de radio y casetes, donde uno se quedaba pegado a la voz y a cada relato lleno de humanidad.
Adriala Lopez:
Landricina es de esos artistas que dejan algo más que una risa, dejan una marca para siempre.
Pedro Funes:
La letra habla de la vida real, de lo que cuesta salir adelante y de las cosas que muchos viven en silencio. Los que pasamos hambre lo sabemos bien, porque esas palabras no son solo canciones, son historias que se parecen demasiado a la propia vida.
Raul Ojeda:
Escuchar esto me da una sensación de calma y de raíces, como si me conectara con el campo y la tradición, con mis padres. y también me provoca nostalgia, como recuerdos de historias antiguas y de la vida simple del interior, y al mismo tiempo me genera orgullo, porque refleja la identidad y la cultura de nuestra tierra.
